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La generación desintegrada de Yugoslavia

La potencia de Yugoslavia quedo dividida tras la guerra

Después de la desaparición de la Unión Soviética como nación (y por ende de su selección nacional), la FIFA consideró primero a la CEI y posteriormente a Rusia como sucesoras de los registros de la URSS. Decisión controvertida, pues muchos de los futbolistas que representaban al “Ejército rojo” no eran rusos.

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Sin ir más lejos, su máximo goleador y el jugador con más participaciones, Oleg Blokhin, es de nacimiento ucraniano como muchos de los integrantes históricos de la selección soviética. Debido a esta decisión muchos de los últimos futbolistas en vestir la camiseta roja dieron la espalda a sus selecciones natales y defendieron a Rusia en posteriores eventos. Onopko y Nikiforov escogieron el blanco ruso antes que el amarillo ucraniano, Karpin se decidió por Rusia y no por Estonia…

Sin embargo, encontramos un antagonismo curioso si detenemos el tiempo en 1987 en el Mundial juvenil de Chile. Entonces aún existían la Unión Soviética y otro país políticamente similar que a la postre también se desgajaría, Yugoslavia. Los primeros no participaron en el Mundial pero sí los segundos.

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La prometedora Yugoslavia entrenada por Mirko Jozic se presentaba en Chile con el ánimo de dar mucha guerra en un Mundial donde Alemania Federal partía como favorita. La primera fase fue fácil gracias a haber quedado encuadrada en el Grupo A junto a Chile, Australia y Togo. Paseo militar, valga la expresión, de un equipo plagado de futbolistas croatas y montenegrinos, donde los serbios eran minoría. Entonces, los nombres de Suker o Mijatovic eran totalmente desconocidos fuera de la República Federal Socialista. De hecho, bajo el liderazgo de los dos ex del Real Madrid, lograron la clasificación para cuartos de final como invictos y primeros de grupo.

En cuartos, ante Brasil, y pese a adelantarse la canarinha, los Plavi (azules) consiguieron darle la vuelta al marcador y clasificarse para semifinales gracias a los goles de Mijatovic y Prosinecki. A las puertas de la final, ante la República Democrática Alemana, Suker y Stimac se encargaron de hacer estéril el gol de Matthias Sammer.

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El partido de sus vidas, de la mejor generación de futbolistas yugoslavos de la historia fue el 25 de octubre de 1987 en la final contra Alemania Federal. Con el encuentro empatado a cero goles y con la prórroga a la vuelta de la esquina, una jugada majestuosa de Branko Brnovic (hoy seleccionador de Montenegro) acabó en gol gracias a una volea no menos magistral de Boban. Yugoslavia era campeona del mundo ante la siempre todopoderosa Alemania; pero un penalti tonto de Petric dos minutos después fue transformado por Marcel Witeczec que no falló ante Lekovic.

La prórroga terminó sin goles y ambas selecciones llegaron a los penalties. Pavlicic, Suker, Brnovic, Zirojevic y Boban. Tres croatas, un montenegrino y un serbio hacían pleno en aciertos y daban a Yugoslavia su único título intercontinental de la historia, dejando pequeña la Eurocopa sub-21 de 1978. Lekovic fue uno de los porteros menos goleados y Suker el segundo máximo goleador.

Pavlicic, Suker, Brnovic, Zirojevic y Boban marcaron los goles que dieron el título a Yugoslavia en la tanda de penaltis

Tres años después, los yugoslavos se las prometían felices en el Mundial de Italia ’90. La historia quiso juntarles en el mismo grupo que Alemania Federal, pero esta vez los teutones se imponían con severidad por cuatro goles a uno. Pese a todo, los Plavi se clasificaron para octavos, fase en la que eliminaron a España en la prórroga. En cuartos, la historia del Mundial juvenil de Chile pudo repetirse pero la campeona del Mundo en 1986, Argentina, sí logró imponerse en los penaltis.

Años más tarde, tras la Guerra de los Balcanes, surgieron de la desfragmentación yugoslava un nuevo ramillete de selecciones nacionales: tantas como nuevos países se formaron. Hasta la fecha, solamente tres han debutado en un Mundial en categoría absoluta. La primera en hacerlo fue Croacia en 1998.

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Boban, Suker, Prosinecki, Jarni y Stimac, entre otros, habían decidido vestir los colores de su patria natal y se presentaron en el Mundial de Francia como una de las cenicientas del torneo. Acabaron terceros y Suker fue, esta vez sí, máximo goleador de la competición. Yugoslavia (que para entonces ya era solamente Serbia, Kosovo y Montenegro), que aún conservaba algún futbolista de la hazaña de 1987 en sus filas como Mijatovic o Brnovic (que no podían jugar con su país puesto que Montenegro no era independiente) solamente logró llegar a octavos de final.

Es curioso cómo la FIFA tomó la misma decisión que con la URSS en 1991 y otorgó todos resultados a la Selección de la República Federal de Yugoslavia primero, luego a Serbia y Montenegro y posteriormente a Serbia. Reconociendo a éstas como sucesoras de la original.

La historia es la que es. Si Rusia le debe parte de sus éxitos futbolísticos a sus hermanos ucranianos, Yugoslavia le debe prácticamente todo a los croatas y montenegrinos, estandartes durante mucho tiempo de una de las grandes hazañas de la historia del fútbol juvenil.

Por Hugo Astudillo

Redacción Kaiser

La revista digital Kaiser Football está compuesta por periodistas apasionados por el fútbol. Tratamos de acercar la mejor información con los mejores colaboradores.

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