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Toninho Cerezo, un líder silencioso y eficaz

La historia del legendario Toninho Cerezo

Cuando tratamos de definir las particularidades de un futbolista, se hace necesario contextualizar el entorno en el que ha desarrollado su trabajo como jugador. Es fundamental conocer las características de los equipos que ha defendido, los compañeros con los que ha interactuado, la realidad social, competitiva y deportiva que le ha tocado vivir a lo largo de su trayectoria futbolística, en definitiva, dotar al jugador de entorno y definir el hábitat que mejor refleja sus particularidades como persona y como profesional.

TONINHO CEREZO

Evidentemente, Toninho Cerezo no sería una excepción, si no fuese porque él como jugador de fútbol contextualizaba por si mismo su propio hábitat. Haber visto jugar a Toninho Cerezo permite dimensionar su figura y sobre todo, su influencia en los equipos y compañeros con los que ha competido. Jugador de una personalidad muy marcada a nivel deportivo, uno se da cuenta de inmediato que tiene esas cosas para el fútbol que otros no tienen. Su estilo, medias bajadas, sin protección, tranco largo, rodillas imperceptiblemente semiflexionadas y la cabeza alta, orgulloso de dominar el espacio que ocupa e incidir con la consecuencia de su juego en el resto de espacios que su figura condiciona con un fútbol de quilates.

Foto: Meristation

Foto: Meristation

Su valor como jugador de fútbol se asienta en dos preceptos fundamentales, el primero, dominar la pelota en toda su extensión, con una técnica individual que le permite dar solución inmediata a cualquier propuesta del juego, una técnica colectiva que le facilita la asociación en cualquier situación y circunstancia para dar sentido al lema indiscutible que “el todo es superior a la suma de las partes”, segundo, dominar el espacio, saber llegar en el momento oportuno al lugar adecuado. Esta segunda faceta le permitirá gestionar el contexto global del juego desde su posición de centrocampista, influenciando a todos aquellos que junto a él participan en los diferentes momentos en los que se evoluciona a través del juego.

Dominar el elemento irresponsable, que solo actúa bajo la sutileza implacable de quien lo gestiona desde la seguridad y el rigor, la pelota obedece a quien la manipula con la prestancia y el empaque debido, sin dudas, sin floreos, con la franqueza de quien sabe gestar desde la artesanía del gesto, todo un desarrollo de consecuencias impensadas. Dominar el espacio de juego, influir con tu propia presencia, gerenciando espacios propios y ajenos, voluntades manipuladas desde el simple gesto de moverse en tiempo y forma al sitio indicado y ejercer la acción correcta o la pausa adecuada a la propia ejecución de la armonía colectiva.

Toninho Cerezo era el dueño de la batuta y el solista encomendado a participar en la sinfonía colectiva desde la humildad de quien puede adaptarse al papel secundario a pesar de saberse estrella. Toninho Cerezo, uno de los grandes del fútbol brasileño, con brillo interior y una coraza de futbolista que permite el reflejo de otros gracias al juego sutil y cuidado de quien entiende la labor.

Sus orígenes

Antonio Carlos Cerezo nació el 21 de abril de 1955 en Belo Horizonte, Brasil. Sus inicios futbolísticos a nivel profesional datan del año 1972 en el club Atlético Mineiro con quien compitió hasta el ejercicio de 1983, salvo un mínimo impass en el que fue cedido al Nacional de Manaus en la temporada 1973-74. Con el equipo de O Galo alcanzó los máximos honores competitivos y logros personales a lo largo del tiempo que defendió los colores blanquinegros. Campeón repetidas veces del Campeonato de Minas Gerais, fue galardonado como el mejor jugador de Brasil en las temporadas de 1977 y 1980. Su identidad con el equipo fue tal que Toninho Cerezo ha sido imagen corporativa de la institución durante largos períodos.

Allí inició su fútbol particular y característico, en el equipo del barrio de Lourdes, sacó a relucir todo su talento para la ejecución del fútbol y su característica manera de entender el juego. Siempre dispuesto a recibir, siempre con la pelota pegada al pie, la cabeza levantada y la vista puesta en el objetivo siguiente, supo organizarse dentro del once para realizar las tareas creativas sin despreciar en ningún momento su trabajo defensivo. Característico en él era sacrificar su protagonismo personal en contraste con el rendimiento global del equipo, su grado de compromiso con el juego superaba ampliamente el ejercicio de un ego absolutamente educado para servir al fin máximo del fútbol, potenciar la labor del equipo.

Foto: Welfussball

Foto: Welfussball

Su trayectoria personal en At.Mineiro y su valor como futbolista de amplio recorrido, poco usual en la competición brasileña de la época, le permitió acceder a la Canarinha a una temprana edad, en concreto en 1977 período transitorio entre el ejercicio como seleccionador de Osvaldo Brandao y Claudio Coutinho, quien lo confirmó como miembro de pleno derecho del cuadro Verde Amarelo convoncándolo para jugar el Mundial de Argentina de 1978.

Su papel en el cuadro brasileño durante el Mundial argentino fue de protagonista principal, formando parte de un colectivo en período de reorganización, en el que se encontraban viejas leyendas del fútbol nacional como Rivelinho junto a jóvenes valores que venían pisando fuerte, tal eran los casos de Zico o el mismo Cerezo. Junto a ellos, jugadores míticos como el portero Leao o el tristemente fallecido Dirceu, jugador referente en la consecución del tercer puesto en un mundial discutido por las formas, por el contexto político e incluso por la climatología. Brasil luchó hasta el final, pero el abultado resultado obtenido por Argentina ante Perú, privó a la selección de luchar por metas mayores. Su equipo, con un fútbol alejado del preciosismo de antaño y adaptándose aún a la debacle sufrida cuatro años antes en Alemania, estaba germinando hacia una tendencia clásica que tomaría cuerpo tiempo después de la mano de un seleccionador más ducho en la gestión de futbolistas y respetuoso con los valores propios del fútbol brasileño, Telé Santana.

Durante la Copa del Mundo de Argentina 1978, Brasil luchó hasta el final, pero el abultado resultado de Argentina ante Perú, privó a la selección de luchar por metas mayores.

Mientras tanto, Toninho Cerezo continuaba ampliando su palmarés y dotando a su juego de mayor dinamismo y contenido. El campeonato brasileño empezaba a ser observado muy de cerca por el fútbol europeo, dada la calidad innata de tantos futbolistas geniales en edad de aportar su máximo valor. Brasil configuraba equipos que competían en Sudamérica por los más altos galardones y el At. Mineiro era uno de los destacados. A finales de los años 70 y principios de los 80 jugaban en el equipo de Belo Horizonte jugadores del calado de Eder, Reinaldo, Luisinho, Paulo Isidoro junto al mismo Cerezo, con este grupo de estrellas Toninho Cerezo pudo disputar los campeonatos estatales de Brasil y llegar al subcampeonato en el ejercicios de 1977 y 1980, ambos con final polémico y con decisiones de dudoso calado que impidieron confirmar al At. Mineiro todo su potencial. Muchos de estos futbolistas estarían llamados a formar parte del equipo que llevaría Telé Santana al Mundial de España de 1982.

La legendaria Brasil de España 82

Gracias a su destacado papel dentro del club de Minas Gerais, Toninho Cerezo pasó a formar parte relevante del combinado nacional que desembarcaría en España en 1982 con la vitola de favorito. Su fútbol espectáculo, samba pura hecha fútbol había enamorado a propios y extraños no solo al juntar a un elenco de estrellas extraordinario, sino de permitirles desarrollar toda su fantasía y magia dentro de un terreno de juego. Aquel Brasil liderado por Telé Santana y comandado desde la sala de máquinas por Toninho Cerezo se convertiría en el gran animador de un campeonato mundial lleno de contrastes.

Toninho Cerezo formaba parte de la línea más extraordinaria de centrocampistas que se podría encontrar en cualquiera de las selecciones clasificadas para el Mundial español. Falcao, Zico, Sócrates y el propio Cerezo, completados por un Eder en estado de gracia y un Junior que desde el lateral izquierdo ocupaba el espacio que creía conveniente independientemente de la posición y jugaba con el concepto de azar y libre albedrío con la maestría de un mago irresponsable.

Toninho Cerezo formaba junto a Falcao, Zico y Sócrates, una de las más extraordinarias líneas de centrocampistas del mundo.

Ante tanta calidad y tanto talento, Cerezo asumió el role de organizador comprometido con el orden y el criterio solidario a nivel defensivo, tomando un papel más conservador en su juego del que habitualmente demostraba. Tener a su lado a jugadores tan creativos como Sócrates y Zico, junto a llegadores como Falcao y el espíritu libre de Junior, obligaba a Cerezo a ocupar posiciones de control que impedía su absoluta soltura dentro del lienzo de creatividad total que representaba ese equipo en el terreno de juego.

Aún así, su interacción con Falcao, Sócrates y Zico y su entendimiento con Eder, compañero de equipo, hizo que Toninho Cerezo fuese de los jugadores más destacados del combinado brasileño. Su primera fase, vivida en el calor de una Andalucía entregada al cuadro amarelo, fue un espectáculo de fútbol y colorido, acompañados de una torçida extraordinaria que hacía de la grada una prolongación de Copacabana.

Toninho Cerezo se afianzó en el once de Telé Santana, regalando las sutilezas propias de un box-to-box entregado al fútbol ofensivo con el juicio de quien tiene que conducir a la vuelta, sabedor de que también hay que defender la portería propia, marco, en manos de un titubeante (vamos a ser buenos), Valdir Peres. A pesar de sus restricciones tácticas, asumidas y compartidas por la argumentación irreprochable del maestro Santana, Cerezo participaría activamente del juego vibrante de la canarinha y ayudaría a constatar su magia con su fútbol pausado y pensante a la vez que brillante en ejecución y maneras.

Aquella amarga noche de Sarriá

La resolución del campeonato se jugaría en el mítico estadio de la Carretera de Sarriá, ya desaparecido, propiedad en su momento del RCD Espanyol de Barcelona. Allí esperarían a los brasileños un grupo de argentinos comandados por Diego Armando Maradona y liderados por un campeón del mundo confirmado en el Olimpo de los entrenadores célebres como era César Luis Menotti, quien vivía la época dorada de un técnico que había confirmado sus presagios cuatro años antes, pero que a pesar de disponer del mejor de los equipos, carecía de la mayor de las virtudes, la necesidad de ganar y el grupo se completaba con unos inoperantes italianos que ni marcaban ni dejaban marcar.

La ecuación se presentaba clara, Brasil era favorita para imponerse en esta fase previa a las semifinales del campeonato. Y así parecía desde un principio. El duelo con Argentina, un clásico a todas luces se definiría del lado brasileño, en un partido extraordinario de toda la plana mayor del conjunto canarinho, con un Toninho Cerezo en pleno ejercicio de una arquitectura futbolística que apuntalaba desde la severidad disciplinaria el juego arquetípico de un colectivo dado a la disipación posicional y al azar estratégico. Un Falcao señorial, un Sócrates aristotélico y un Zico tratando de confirmar su alternativa al nombre de ‘O Rei’ hicieron del trabajo de Cerezo un cuadro de orden y talento propio de un general romano, aderezado de las pinceladas propias de un genio renacentista. Cerezo brilló con luz propia en su papel de “estrella” secundaria de cara al espectador pero de “prima dona” de cara a la organización específica del juego establecida por su entrenador.

Brasil caminaba con paso firme al encuentro con una Italia que había despertado a tiempo, pero a la que no se la esperaba para la cita de semifinales. El partido, en pleno verano barcelonés se jugó en un atestado Sarriá, con un césped diseñado para que la pelota corriese del lado brasileño y se dibujase el círculo de la victoria en la hierba recién cortada. Pero la realidad, como siempre, supera a la ficción, y ese día Paolo Rossi, redimiéndose de culpas pasadas, ejerció de maestro de ceremonias y abrió el tarro de las esencias para volver a ser considerado el Bambino de Oro.

Curiosamente, el ponderado Cerezo, mariscal medidor del riesgo estimado del juego de iniciación brasileño, sufrió el escarnio del error y propició con la inducción hacia el acierto ajeno, el pase mortal que provocó que Italia marcase el gol definitivo. Ese error lo perseguiría largo tiempo, escondiendo bajo su culpa, los hilos que sostenían la fragilidad defensiva de un equipo con un portero discutido, un lateral izquierdo romántico y un lateral derecho pensante en crear y no en destruir. Oscar y Luisinho conformaban una pareja de centrales que Paolo Rosi y compañía pondrían en evidencia en la cancha perica, sin ningún tipo de rubor. Bruno Conti, zurdo en la diestra supo aprovechar que por allí había un acueducto hacia la gloria para confirmar a una Italia que del frío de Balaídos pasaba a soñar con la corona de laurel que esperaba en el Bernabeu.

Telé Santana había entregado al mundo del fútbol un equipo que el tiempo hizo mítico y en él a un Cerezo que confirmaba todos los argumentos que sobre él se cernían, un centrocampista con mayúsculas. El drama sufrido tras la derrota derivó en una reorganización de los parámetros de selección de jugadores a la canarinha, pero no privó a la misma de su criterio ofensivo ni de su máximo regidor, Telé Santana, eso hizo que Cerezo siguiese estando entre los potenciales elegidos para defender su estandarte.

Una aventura en el Calcio de los ’80

En 1983, Toninho Cerezo abandona el club de toda su vida y emprende la aventura europea. Diez millones de dólares tienen la culpa y es la Roma quien se hace con sus servicios. Su traspaso se convierte, junto con el de Zico al Udinese, en uno de los más importantes de la historia del Brasil hasta ese momento.

Su lugar, una Roma comandada por míticos laureados como campeones del mundo tal que Conti o Graziani, guardaría un lugar de honor a Toninho Cerezo, que formaría pareja de foráneos con su compatriota Falcao. Su primer año culminaría con el sueño que todo romanista podría tener, jugar la final de la Copa de Europa en el Olímpico de Roma y ante un equipo inglés para ver cual rojo impondría su hegemonía, los reds de Liverpool o los giallorosso de la ciudad eterna.

Toninho-Cerezo-Roma

Cerezo fue testigo de excepción de uno de los momentos más auténticos de la Copa de Europa, al ver cómo un portero particularmente extraño lograba bailar el miedo, dispersando el acierto a medida que sus piernas flojeaban al son de una improvisación magistral de no saber qué hacer ante el peligro. Mientras Graziani mandaba el balón a las nubes, previo roce con el travesaño y disipaba toda esperanza de convertir a la Roma en la reina de Europa. El Liverpool del mítico Paisley se llevaba la Copa para Merseyside gracias, entre otros hechos destacables, al baile peculiar de Bruce Grobbelaar. La estancia de Cerezo en la Roma se prolongaría hasta el ejercicio 1986, momento en el que fue traspasado a la Sampdoria de Génova.

La Era Dorada de la Samp

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Su papel en el equipo romano había sido estelar, jugando un fútbol propio de un centrocampista completo, adaptado al difícil fútbol italiano de la época y ampliando su bagaje futbolístico con un aporte de criterio y rigor táctico que lo convertiría en un jugador de amplísimos recursos estratégicos, lo que unido a su tremenda calidad individual, convertían a Toninho Cerezo en uno de los jugadores más importantes del Calcio en la década de los 80.

Su papel con la Canarinha durante su etapa romana, fue exiguo, prácticamente no participó en nada con la selección pero a pesar de eso iba a ser uno de los elegidos para representar a Brasil en el mundial de México 86. Una lesión muscular en fechas previas a la cita mundialista le impediría formar parte del elenco elegido. Tras su no participación en el mundial azteca, Toninho Cerezo se incorpora a las filas de la Sampdoria de Génova. En el equipo genovés desarrollaría una prolongada trayectoria que culminaría con los momentos más relevantes de la institución en toda su historia.

La disposición monetaria de la gran mayoría de los equipos del Calcio posibilitaba estructurar equipos con lo más granado del panorama internacional, si a ello se le unía una secretaría técnica con talento y capacidad para descubrir nuevos valores, nos encontrábamos con un equipo que aspiraba a competirlo todo a pesar de no tenerlo por costumbre. Esta era la Sampdoria de la época. Junto Toninho Cerezo se unieron figuras como Gianluca Pagliuca, Atillio Lombardo, Gianluca Vialli y Roberto Mancini. La dirección estratégica en manos de un balcánico único, Vujadin Boskov, quien incorporaría a su compatriota Katanec para completar un equipo de un valor extraordinario. La culminación de la obra sería la consecución del Scudetto del ejercicio 1991 y la guinda llegaría con la final de la Copa de Europa del 20 de mayo de 1992 en el estadio de Wembley. Enfrente, las urgencias de un FC Barcelona que tenía prisa en ajustar sus cuentas con la historia y necesitaba, como nunca antes, refrendar con la vitola de campeón, las genialidades reales y ficticias de un entrenador que manejaba un colectivo de lujo que buscaba etiquetarse para siempre.

Toninho Cerezo fue parte importante de una Samp que puso contra las cuerdas a un FC Barcelona extraordinario que necesitó de una prórroga y la bendita pierna derecha de un Ronald Koeman que sacó su cañón en el momento más necesario. La Samp sucumbía ante un FC Barcelona que pasaría a llamarse Dream Team. A partir de aquí, el principio del fin de la historia de la Samp con la élite del fútbol europeo y la partida de Toninho Cerezo a su país de origen, para jugar, junto a su principal gestor, Telé Santana en el tricolor del Sao Paulo.

Tiempos de gloria en Sao Paulo

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En la ciudad paulista, un Cerezo entrado en una edad que no se adecúa a los requerimientos habituales de un deportista de élite, viviría una segunda juventud al lado del hermano pequeño de su antiguo compañero de andanzas mundialistas, el doctor Sócrates. Junto a Raí y de la mano de un elenco de futbolistas ideales para jugar un fútbol avanzado en lo táctico y preciosista en lo estético, Cerezo pondrá la impronta de un veterano curtido y con experiencia, pero con un pie sutil y delicado capaz de enseñar a los irreverentes chicos que al fútbol se juega, a pesar de la edad, con la cabeza dirigiendo los pies.

Muller, Palhinha, Cafú, Raí y compañía se empaparían de la sabiduría y la pausa de un Cerezo que buscaba coronar su carrera con un título de alcurnia, después de haber estado tan cerca con su selección, con la Roma y con la Samp. En Sao Paulo se desquitaría de la necesidad de encumbrarse a lo más alto, dado que en dos ejercicios, los paulistas ejercieron un dominio apabullante que incluso eclipsó la brillante andadura de los pupilos del Profeta del Gol, Johan Cruyff.

En sus campañas con el Sao Paulo, Cerezo ganaría la Copa Libertadores y dominaría la Copa Intercontinental al vencer en la final tanto al FC Barcelona como al Milan italiano. Al final de su carrera, los caminos del Cerezo y el FC Barcelona se cruzaron de manera continua, curioso detalle, teniendo en cuenta que antes de marcharse a Roma, aprovechando un viaje a Argelia con la selección, Cerezo fue tentado a defender los colores blaugranas por el entonces presidente Núñez y su lugarteniente Gaspart. Finalmente sus caminos se alejaron para encontrarse en el verde con la suerte dispar ya conocida.

En Sao Paulo, Cerezo demostró que el fútbol requiere de conocimiento del medio, saber estar y sobre todo, manejar el aspecto físico adaptando las exigencias del juego a las particularidades del cuerpo. Toninho Cerezo supo aunar fuerza y calidad suficiente para mantenerse en la élite y sacar el máximo partido a su condición de jugador inteligente. Su carrera duró hasta el ejercicio 1998, cuando a los 43 años decidió poner punto y final a una amplísima y exitosa trayectoria, para afrontar una nueva vida como exfutbolista que se pasa al banquillo para seguir manifestando su gusto por el fútbol y su mundo.

Toninho, entrenador

Como entrenador, desarrolla una carrera que dura hasta nuestros días, con un amplio bagaje y experiencia tanto en el fútbol brasileño como en el japonés, en donde actualmente trabaja. Su enorme proyección como futbolista le ha permitido granjearse el respeto y la consideración del mundo del fútbol. Su reconocimiento se hace extensivo al papel de líder silencioso que desarrolló a lo largo de toda su carrera, adaptándose a todas las circunstancias posibles alrededor de egos futbolísticos enormemente influyentes.

Su carácter y su control emocional le llevaría a gestionar, no sin dificultad, una circunstancia que lo ha marcado actualmente, al punto que Toninho Cerezo empieza a ser reconocido fuera de los estrictos ámbitos futbolísticos para darse notoriedad, por voluntad ajena, en los ámbitos del papel cuché y de la alta costura internacional.

Foto: Pelejas

Foto: Pelejas

El motivo no es otro que el papel jugado por uno de sus hijos, Leandro que decidió manifestar abiertamente su condición personal, mostrándose tal cual se sentía y alejando su masculinidad para revelarse como una de las mejores modelos que actualmente cruzan las más importantes pasarelas del sector de la moda. Lea T, referencia de la marca Givenchy es hij@ de Toninho Cerezo, quien supo, con el tiempo y la experiencia asumir su papel de padre a pesar de la difíciles circunstancias en las que tuvo que gestionar emociones que superaron con creces las vividas en el entorno del fútbol.

Actualmente, Toninho Cerezo, referencia del fútbol brasileño y miembro de honor del inmenso equipo brasileño que nos deslumbró a todos en el Mundial 82, es además el padre orgulloso de la primera modelo transexual que consigue ganar el galardón de top model internacional. Para hacerse una idea de la importancia y valor que como futbolista de élite tuvo Toninho Cerezo, les invito a revisar su trayectoria a través de esta relación de links que reflejan lo mejor y más destacado de su trayectoria deportiva.

Alex Couto Lago

Entrenador Nivel 3 Fútbol, Máster Profesional en Fútbol y autor del libro 'Las grandes escuelas del fútbol moderno' (Ed. FutbolDLibro).
Twitter: @AlexCoutoLago

1 Comentario en Toninho Cerezo, un líder silencioso y eficaz

  1. Extraordinario trabajo. Excelente interpretación del fútbol y de los factores que permiten comprender y entender la grandeza de un jugador. Felicitaciones

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