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Tito Vilanova; humildad, esfuerzo y otra vez humildad

Repasamos su carrera de futbolista

Ahí estaba él, mirando a sus futbolistas. Agazapado en una butaca de cuero en el banquillo del Camp Nou. Hacía frio y el grandioso anorak del Barça dejaba al descubierto la mirada fija de Tito Vilanova. Poca gente se fijaba en él. Estaba ahí, de segundo entrenador, pero los focos iban hacia Pep Guardiola y su traje irrompible.

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Y ahí estaba, mirando a sus compañeros. Pasando frío en el maltrecho banquillo de Balaídos. Los focos pocas veces iban hacia él. Estaba ahí, siempre cumplía y daba todo de sí, pero no tenía el protagonismo que tendría muchos años después. Tampoco lo tuvo en el filial del Barça. Vilanova defendió la elástica blaugrana un par de temporadas hasta darse cuenta de que tenía poco futuro allí pese a debutar con el primer equipo. El Figueres quería un jugador regular al que pudieran exprimir al máximo en la Segunda División. Tito Vilanova encajaba en el perfil que quería el conjunto gerundense y para allí que se fue.

En el norte de Catalunya ayudó al Figueres a conseguir la tercera plaza, la mejor clasificación en Segunda División en toda su historia. El surrealismo azotaba al conjunto ampurdanés. Las expectativas saltaron por los aires al luchar por ascender a la Primera División. Dentro de lo que cabe, no importó mucho que el Figueres quedara eliminado por el Cádiz en la promoción de ascenso ya que no había una palabra mejor que éxito para calificar la temporada.

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Vilanova hizo un gran papel y el Celta casi le imploró que cruzara España para vestir de celeste. A sus 22 años, Tito ya jugaba en la máxima categoría del fútbol español defendiendo los colores de un histórico. El derbi gallego fue el escenario perfecto para que Vilanova se estrenara en primera clase.

Con solo 22 años, Tito Vilanova fichó por el Celta de Vigo. Sería su estreno en la primera categoría del fútbol español

Todo lo bien que empezó poco a poco se fue torciendo. El catalán pasó a tener cada vez menos minutos hasta que se hizo el mejor amigo del banquillo. Tito todavía era muy joven como para estancarse y, como ya hicieron otros muchos, dio un paso atrás para intentar dar dos hacia adelante. Lamentablemente, la carrera futbolística de Vilanova fue como los cangrejos: todo pasos hacia atrás. El Badajoz fue su destino. Se reencontró consigo mismo y con el fútbol. Era ese tipo de jugadores que suplen su calidad con coraje y testiculina. Vilanova se adueñó del centro del campo del equipo extremeño y de ahí no lo quitó nadie.

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El buen hacer del futuro entrenador del Barça propició que el Mallorca llamara a su puerta. Jugó más bien poco, pero los bermellones subieron a Primera División, territorio comanche para Vilanova. Como se olía que en Primera no iba a ver una pelota se volvió a Catalunya para formar parte del Lleida. Formando parte de la ‘terra ferma’ continuó siendo un jugador más, común, más bien de rotación.

El asunto tampoco funcionó y se marchó al Elche. De franjiverde al menos aguantó dos temporadas; sin embargo, se fue a disputar la Segunda B con la Gramanet. En este modesto equipo siguió siendo el perfecto ejemplo de la profesionalidad. Si jugaba bien y si no también. No iba de estrella por haber jugado en Primera, quÉ va. Humildad, esfuerzo y después otra vez humildad. La receta de Tito para calar hondo en cada equipo al que iba. En la Grama se lesionó y no pudo seguir jugando al fútbol pero Vilanova no quiso chupar del bote. Cogió al presidente Antonio Morales por banda y le comunicó que quería finalizar su contrato sin cobrar.

Héctor Farrés

Me tropiezo con historias peculiares que piden a gritos ser contadas. Vi a Coutinho de periquito. Pertenezco a la "Meravellosa Minoria". También colaboro en VAVEL. Twitter: @hectorfg35

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