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Tévez y Mascherano, dos suertes bien distintas en Upton Park

Hubo un tiempo en el que los dos argentinos deslumbraron en el West Ham

Llegaba el moderado verano de 2006 a Londres. El sol, casi por primera vez en todo el año, ganaba en su lucha a las nubes y, aunque tímidamente, calentaba con sus rayos las frías aguas del Támesis. Los gruesos abrigos de plumas dejaban paso a las finas chaquetas, suficientes para plantar cara a la suave brisa estival de la capital inglesa. Sonreír era más fácil para todos los londinenses, pero en Upton Park ya llevaban tiempo haciéndolo. El West Ham acababa de cuajar una gran temporada y los fichajes que estaban llegando no podían ser más esperanzadores.

Su novena posición en liga, sumada al fútbol alegre que habían cuajado los hammers, hacía que el nuevo curso se afrontase con una dosis de ilusión entre los aficionados del centenario club inglés. Alan Pardew había conseguido formar un bloque sólido atrás y resolutivo en ataque gracias a un 1-3-5-2 que estaba dando muy buenos resultados. La buena posición de la temporada 2005/06 hizo que la entidad del noreste de Londres invirtiera, sin ningún pudor, en fichajes. Así llegaron, procedentes del Corinthians, dos de las perlas más cotizadas y con más futuro del fútbol argentino. Una pareja que acababa de empezar a escribir la que sería una exitosa trayectoria en el mundo del fútbol. Los jóvenes Tévez y Mascherano aterrizaban en Upton Park. Cada uno viviría dos suertes bien distintas durante su etapa con los londinenses.

Lo que se presentaba como una ilusionante temporada se convirtió en una pesadilla continua para el West Ham. Todos los rivales de los hammers parecían tener una llave maestra capaz de abrir lo que antaño era un cerrojo inescrutable. Konchesky o Gabbidon estuvieron a años luz de su nivel pasado. Incluso Anton Ferdinand, estandarte de la zaga y hermano de Rio, que también salió de Upton Park, así como Joe Cole, Lampard o Carrick, entre otros, se mostró irreconocible. Los experimentos en la zaga de Alan Pardew eran constantes, pero parecía imposible frenar la sangría goleadora. Tampoco respondían a las exigencias en las líneas más adelantadas. Benayoun hacía gala de esa irregularidad que siempre le caracterizó, mientras que Bobby Zamora era el único que estaba ofreciendo lo que de él se esperaba.

“Su novena posición en liga, sumada al fútbol alegre que habían cuajado los hammers, hacía que el nuevo curso se afrontase con una dosis de ilusión”

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Foto: taringa

El equipo, ante la inoperancia ofensiva, se aferró al acierto del ariete inglés. Harewood, que había hecho 14 tantos la temporada anterior, se desquiciaba partido tras partido ante su falta de acierto. Tévez, el flamante fichaje hammer, no terminaba de arrancar. El resultado de este cúmulo de desgracias fue la destitución, en la jornada 17, de Alan Pardew. El entrenador dejó al equipo penúltimo y con solo cuatro victorias hasta el momento. De Mascherano, por cierto, apenas se tenían noticias. El pésimo momento del equipo no fue motivo para que el mediocentro gozara de la confianza del técnico. Curbishley, convertido a mito en el Charlton Athletic, se hacía cargo del banquillo. Con él tampoco cambiaría la situación del futuro jugador del FC Barcelona, que en invierno manifestó públicamente sus deseos de abandonar la entidad londinense. Su insistencia, junto con el interés público que el Liverpool había mostrado por hacerse con sus servicios, precipitó la salida del jefecito. En Anfield se convertiría en leyenda, mientras que en Upton Park apenas jugó, en total, dos partidos y medio en liga.

La inesperada victoria frente al Manchester United, el día del debut de Curbishley, fue un espejismo. Once nuevas jornadas consecutivas sin conocer la victoria esperaban a los londinenses. Entonces, y con los de Boleyn Ground hundidos en la clasificación como colistas, emergió una figura que apenas había hablado hasta la fecha, pero que tenía mucho que decir. Carlos Tévez había gozado de la confianza de sus dos entrenadores, pero llegó al último tramo de la temporada sin ni siquiera haber visto la portería rival. Las dudas afloraban en torno a su titularidad.

“Mascherano manifestó en invierno sus deseos de abandonar el club londinense. Su insistencia y el interés del Liverpool precipitaron su salida”

Sin embargo, el apache se desquitó con un sprint final apoteósico. Siete goles en nueve partidos ayudaron a que los hammers, sin que nadie ya apostase por ellos, salvaran la categoría con una heroicidad de la que pocos han hecho gala a lo largo de la historia. 18 puntos de 24 posibles permitieron a los londinenses llegar a la última jornada dependiendo de sí mismos. Solo había una pequeña traba: enfrente estaba el Manchester United, campeón matemático. Los red devils, ya con el título en el bolsillo, no se jugaban nada, pero Old Trafford no iba a ser más tolerante con el equipo rival por ello. Era, con diferencia, el partido más importante que Tévez afrontaba en su nueva etapa europea.

Foto: The Guardian

Foto: The Guardian

El encuentro dio comienzo en medio de la incertidumbre. El respeto visitante se palpaba. La falta de mordiente local, también. Se acercaba el descanso cuando un balón en profundidad era cabeceado, gracias a un descomunal salto cargado de fe, por Zamora. Heinze solo pudo mirar cómo el esférico le llegaba a Tévez que, tras controlar de pecho y hacer una nueva pared con Bobby, parecía perderla ante el elevado número de defensores rivales que le rodeaban. Sin embargo, con esa furia que siempre le ha acompañado, con ese empuje que se gana en las canchas argentinas y con su impagable juventud, el 32 hammer luchó un rechace de Brown que, en condiciones normales, pertenecía a Van der Sar. El delantero se anticipó a todos y, con un toque cargado de magia, la alojó en la red por debajo del portero holandés. Sin detenerse a mirar si ese balón entraba, Tévez corrió a celebrarlo con los suyos. Sabía lo que acababa de conseguir. Un gol que valía una salvación. El broche a un final de campeonato apoteósico.

Siete goles de Carlos Tévez en nueve partidos ayudaron a que los hammers salvaran milagrosamente la categoría

Fue el último servicio que realizó el apache para los de Upton Park. Su último rival en liga, precisamente, fue su siguiente destino. En Manchester es sobradamente conocido lo que consiguió, pero nada habría sido posible sin su paso por el noreste de Londres. Fue lo más positivo de una temporada en la que llegaron a Europa, entre otros, dos jugadores que no han pasado desapercibidos para ningún amante del deporte rey. Las dos caras de una misma moneda entre dos jugadores que vieron separarse sus caminos. Ambos recordarán, por diferentes motivos, su etapa en Londres. Los aficionados también. Por un lado, a ese delantero al que, con paciencia, vieron brillar. Por otro, a ese mediocentro del que desconocían su talento. Pero, sobre todo, a ese equipo que logró salvarse con un tramo final propio de cualquier campeón. Sufrir así merece la pena.

César Vargas Cámara

El periodismo que me gusta está plasmado aquí. Solo hay una cosa que prefiera antes que el mar Mediterráneo: el estadio que lleva su nombre.
Twitter: @_CesarVargas

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