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El remate final de Telê Santana

El entrenador brasileño marcó una época en el fútbol mundial

Ganar siempre ha sido lo más importante, desde la profundidad del tiempo. Algunos lo llevaron al extremo. En el 'Juego de Pelota' de mayas y aztecas rodaban las cabezas de los perdedores –eso sí que era presión, y no una tanda de penaltis–. Sin embargo, nada de esto demuestra que, ni entonces ni ahora, sea cual sea el deporte, siempre gane el mejor. A Telê Santana le tocó vivir agazapado dentro de esta teoría hasta que de pronto un día el golpe sobre la mesa fue tan soberbio que saltaron por los aires todos los apuntes de los entendidos y todas las copas de whisky.

Foto: www.saopaulofc.in

Estandarte del Fluminense en sus años de jugador, enseñó a los brasileños que un delantero centro también podía bajar a defender, y presionar en el centro del campo. En aquella época, en el Campeonato Carioca, eso era como ver un ovni. Llevaba dentro el fútbol total veinte años antes de que se acuñara el término en Europa. Se multiplicaba por mil. Estaba completamente enamorado de su propia idea, por lo cual no tuvo más remedio que caer rendido ante la belleza de la Naranja Mecánica del 74. Intentó imitarla hasta el dolor. La obra de arte de Rinus Michels, con con sus ondas circulares y cuatro o cinco tipos dominando la pelota al mismo tiempo, fue un perfecto espejo donde mirarse en una década en la que la selección brasileña no jugaba, desfilaba con botas militares, y él ya impartía clases magistrales de equipo en equipo.

Telê Santana cayó rendido ante la belleza futbolística de la Naranja Mecánica de Rinus Michels, a la que intentó imitar hasta la extenuación.

Le gustaba, como a casi todos, Johan Cruyff. Pero con una diferencia. Tan estudioso y tan fan era del eterno líder de la Naranja Mecánica que, casi dos décadas después, en un hotel japonés, decía conocer a la perfección el agujero negro del Barça. Nadie se lo creía, y subestimaban a su São Paulo con aquella fanfarronería Made in UE que aún perdura en nuestros días. No sabían que, desde el otro lado del Mundo, Telê diseccionaba a cualquier equipo de ensueño.

Foto: www.taringa.net

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“Tardas una año en construir una casa y un segundo en destruirla; está claro que es más fácil destruir que construir”, comentó una vez ante los mordaces periodistas brasileños. Las explicaciones le asaltaban de madrugada porque a su selección brasileña también la habían diseccionado en los ochenta, y muchas lágrimas habían llovido apostando todo por un estilo al que le colgaron todas las etiquetas que se merecía.

Sin embargo, la más dañina de las etiquetas se la colgaron a él. Le decían gafe, y había sentido en su cuello el rigor de mayas y aztecas, cuando repitió en México ’86 los pasos dados en Brasil´82. La selección jugaba bonito pero no había conseguido hacer campeón a una generación comandada por Zico, Sócrates, Falcao, Junior, Careca y Muller.

Las derrotas en los Mundiales de España ’82 y en México ’86 contribuyeron a crear en Telê Santana la etiqueta de gafe.

Las explicaciones volvían a interrumpirle el sueño, y Telê iba construyendo su coraza: “A quien le gusta el fútbol le gusta el Brasil del 82. Yo no puedo pedirle a un jugador que juegue feo. No puedo pedirle a Zico que se quede atrás y juegue al patadón”.

Telê persiguió estas razones desde sus comienzos en el fútbol base. Quería jugadores perfectos técnicamente, que disfrutaran con el balón en los pies, y que pensaran. Les quería diplomados y licenciados en fútbol. Durante toda su carrera gritó a los cuatro vientos que faltaba entrenamiento en categorías inferiores. Para él era obligatorio que un jugador, cuando saltaba al primer equipo de cualquier club, dirigiera bien la bola, ejecutara buenos pases, disparara a puerta correctamente y rematara de cabeza sin miedo. Sin estos fundamentos técnicos, no valía de nada entrenar la táctica; esa táctica en la que los delanteros bajaban a defender con el cuchillo y los defensas galopaban desaforados hacia la línea de fondo del equipo rival.

Foto: www.footballtribute.com

Foto: www.footballtribute.com || La Brasil del ’82, uno de los equipos que mejor fútbol ha practicado en la historia de los Mundiales

Telê Santana luchaba por la posición de la pelota igual que peleaba contra aquellos que preferían ganar con un gol en el último minuto con la mano y en fuera de juego. No le importaba jugarse la cabeza. Y la lucha por fin trajo títulos cuando se le acababan las explicaciones y la saliva. Dos Copas Libertadores –perdió la tercera en los penaltis–, dos Copas Intercontinentales, un Campeonato Brasileño, dos Campeonatos Paulistas, una supercopa Libertadores y dos Recopas Sudamericanas. Cosecha de tres años con Såo Paulo, guiando a Raí, Cafú, Juninho, Vítor, Muller, Palinha, Cerezo y compañía.

Él y el fútbol durmieron sudados, como siempre, y tranquilos, como nunca, despúes de que la pelota lanzada por Raí en un golpe franco atemporal decidiera caer tras diecisiete horas de vuelo y arrebataran al Barcelona de Cruyff la corona de Mundial. Tuvo que suceder este milagro, y tuvieron que llevarse por delante también en Tokio al mismísimo Milan de Capello en el remate final, para que le convalidaran todo lo que llevaba detrás.

Víctor David López

Periodista, editor y traductor. Fútbol latinoamericano en Tablero Deportivo (Radio Nacional de España). Autor de 'Maracanã, territorio sagrado'. Director de Ediciones Ambulantes.

Twitter: @VictorDavLopez

3 Comments en El remate final de Telê Santana

  1. José Manuel Vergara prieto // mayo 1, 2017 en 10:19 pm // Responder

    Era apenas un chamaco de 14 seguía las transmisiones de Brasil en el mundial del 82, embelesado x ese alegre fútbol que venia demostrando y seguro estaba que esa selección iba a ser la campeona de dicho torneo, pero ni fue así, para mi seguirá siendo el campeón sin corona de ese mundial, gracias

  2. Yo creo que en todos los países ha habido o hay un Tele Santana. Es decir, un entrenador preocupado por ver que, en lugar de la inteligencia y la técnica, se fomenta la lucha y el esfuerzo mal entendido. En España tenemos a Laureano Ruiz, formador de canteranos.

    Aunque se puede ganar con cualquier estilo de juego y cualquier esquema, quizá el problema de aquella selección brasileña fue que sus futbolistas jugaban poco por los lados al hacerlos formar Santana en lo que, después, Maturana llamó el “sistema en torre”: el 1-4-2-2-2. Debido a ello, a los rivales les resultaba más fácil defender, porque tenían que cubrir zonas muy reducidas.

    Sin embargo, el Sao Paulo que ganó la Copa Intercontinental al Barcelona de Cruyff formó con dos extremos: Santana puso a Müller en el lado izquierdo y a Cafú, que en aquella ocasión jugó de “siete”, en el derecho. Gracias a ello, el Barcelona tuvo que defender una zona más amplia y, además, se abrieron espacios por el centro que aprovecharon Pahlinha y, sobre todo, Raí.

    El Brasil de Santana habría sido más peligroso con futbolistas en los lados. Precisamente, Saldanha reprochó a Santana que no alinease extremos.

  3. Se me olvidaba…

    Es verdad que con el 1-4-2-2-2 los laterales se convierten con frecuencia en extremos. Pero el problema radica en que en demasiadas ocasiones las incursiones de los laterales no llegan a tiempo, y esta circunstancia se añade a que no siempre los enganches aparecen por los lados. El resultado es un embotellamiento por el centro.

    Saludos cordiales.

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