Novedades

Los hijos de Stalin y el asalto del Dinamo a Londres

La gira de un equipo soviético midió el nivel de los mejores equipos de Inglaterra

El otoño de 1945 no fue uno más en la historia del fútbol inglés. Con la II Guerra Mundial recién terminada, la Guerra Fría incubándose aunque aún sin la tensión de décadas posteriores y Londres -entre otras muchas ciudades- lamiéndose las heridas que aún no cerraban del conflicto más salvaje que haya conocido el mundo occidental, la Football Association buscaba poco a poco retomar el pulso del fútbol oficial, suspendido desde 1939.

Foto: www.worldsoccer.com

Inglaterra, la cuna del fútbol, estaba considerada la principal potencia de este deporte. Los tres Mundiales disputados hasta ese momento (1930, 1934 y 1938) no habían contado con la presencia de los pross, por lo que su corona y su aura de pioneros, más teóricas que prácticas, seguían intactas, hasta que llegó un representante del Este para comenzar a cuestionar esta primacía. Sobre el papel, Reino Unido y la Unión Soviética seguían siendo aliados, aunque su relación comenzaría a enfriarse y basarse en la desconfianza poco a poco, al igual que sucedió con gran parte de Occidente en las décadas siguientes hasta su descomposición en 1991. Aprovechando esta relación aún cordial, el Dinamo de Moscú fue el primer equipo soviético en realizar una gira por territorio británico.

Aprovechando la cordial relación entre Inglaterra y la Unión Soviética, el Dinamo de Moscú se convirtió en el primer club soviético que realizaba una gira por suelo británico

Un equipo de las Fuerzas Armadas soviéticas ya había dado buena cuenta de los ejércitos inglés y francés con un balón de fútbol de por medio. En el mes de octubre, el once de militares soviéticos venció ambos partidos por 2-0. La pasión por el fútbol existía en una Unión Soviética siempre revestida por un halo de misterio en territorio occidental, y estos dos resultados convencieron aún más a las élites gobernantes para que el Dinamo de Moscú hiciera historia y comprobara el verdadero nivel de los ingleses, aquellos que inventaron el fútbol pero aún no se habían batido el cobre en un Mundial contra otros países.

El escaso conocimiento del fútbol soviético por parte de la prensa inglesa provocó una lluvia de titulares condescendientes. El conocido complejo de superioridad inglés quedó reflejado en todo su esplendor en diversos rotativos. El periodista del Sunday Express enviado a cubrir la información del Dinamo fue bastante contundente en su análisis tras verlos entrenar: “No son suficientemente buenos para jugar con nuestra generación de equipos profesionales. […] Son tan lentos que casi los puedes oír pensar”. De los refuerzos del Dinamo para afrontar la gira (Vsevolod Bobrov, máximo goleador del campeonato soviético con veiniticuatro goles; Yevgeniy Arkhangelskiy o Boris Oreshkin, ambos del Dinamo de Leningrado) no había referencia alguna. De que la presunta lentitud del Dinamo se debía a su gusto por un fútbol de combinación -algo que rara vez ha calado en las islas Británicas-, tampoco había rastro en estos primeros análisis.

Foto: www.etovidel.net | Monumento a Vsevolod Bobrov

Monumento a Vsevolod Bobrov | Foto: www.etovidel.net

Las primeras declaraciones del entrenador del Dinamo, Mikhail Yakushin, en territorio inglés, ya tendrían que haber despertado algún recelo: “No hay duda de que los mejores jugadores del mundo fueron ingleses”. ¿Fue una provocación velada ese pensamiento en pasado? Las competiciones internacionales entre clubes aún no estaban a la orden del día, por lo que la gira del equipo soviético sería un buen termómetro para ver cuál era el futuro que le esperaba al fútbol británico, que hizo frente al equipo de Mikhail Yakushin con Chelsea, Cardiff City, Arsenal y Rangers.

La directiva del Dinamo, eso sí, puso sus condiciones a los miembros de la FA para esta serie de partidos. Entre la lista de catorce peticiones de los soviéticos se encontraban algunas frivolidades, como la de comer exclusivamente en la embajada soviética, pero también requerimientos que aludían a la propia naturaleza del juego. Las sustituciones -inexistentes en el fútbol británico- y la delimitación de lo que era o no una carga legal también estaban entre los puntos a aprobar por Stanley Rous, entonces presidente de la federación inglesa. No menos importante fue la solicitud de enfrentarse al Arsenal, considerado el gran referente futbolístico mundial en la década de los treinta, cuando Herbert Chapman revolucionó los sistemas tácticos del momento con su célebre WM.

Los jugadores de Mikhail Yakushin hicieron gira en las Islas Británicas para resquebrajar la hegemonía futbolística de los pioneros ingleses. 

Una vez fijada la hoja de ruta de la gira del Dinamo, el primero en hacer frente a los desconocidos soviéticos fue el Chelsea, que vio cómo Stamford Bridge se llenaba con más de ochenta mil almas, lejos de su actual aforo de poco más de cuarenta mil, para disfrutar de un acontecimiento nunca visto antes. El diario ruso Izvestia denunció que los blues se reforzaron adrede para este partido con estrellas de otros clubes, entre las que destacaba Tommy Lawton, del Everton. Dado que el Dinamo también había echado sus redes en otros clubes antes de salir de Moscú, esta polémica tuvo poco recorrido en la práctica.

La guerra psicológica comenzó poco antes de comenzar el partido, cuando cada jugador del once titular del Dinamo ofreció a su par inglés un ramo de flores en un gesto diplomático que desconcertó a los jugadores del Chelsea dentro del ambiente de extrema frialdad que había rodeado las relaciones entre ingleses y soviéticos. Para hacer más extraña la estampa, el Chelsea tuvo que jugar de rojo, ya que los de Yakushin llegaron de Moscú con su tradicional equipación azul con una gigantesca D blanca en el pecho.

Foto: www.ruslandinwoordenbeeld.com

Lleno absoluto en Stamford Bridge | Foto: www.ruslandinwoordenbeeld.com

Parecía que los londinenses se sobrepusieron rápido al factor sorpresa, pues se pusieron con 2-0 en el marcador y el Dinamo falló un penalti en la primera mitad. No obstante, en los segundos cuarenta y cinco minutos todo cambió. Los soviéticos empataron y el gol de Lawton que parecía que daría la victoria definitiva por 3-2 fue enjugado por un gol a última hora de Bobrov, varios metros en fuera de juego, pero concedido por razones diplomáticas, según le confesaría el árbitro a Lawton tiempo después. A la afición de Stamford Bridge le agradó el fútbol desarrollado por el Dinamo en aquel vistoso 3-3, y las crónicas periodísticas comenzaron a loar la propuesta futbolística de Mikhail Yakushin, lejos ya del desprecio que despertaba en los días previos.

Tras el Chelsea fue el turno del Cardiff City, por aquel entonces sumido en Third Division, lo que no supuso ningún esfuerzo extra para los visitantes. La estadía del Dinamo en Gales se resume en un contundente “fueron, vieron y vencieron”, con un 1-10 inapelable ante un equipo de semiprofesionales que fue el aperitivo del plato fuerte del tour británico. La siguiente fecha en el calendario estaba marcada en rojo: 21 de noviembre; el rival, el Arsenal, la joya de la corona del fútbol inglés.

El escenario no fue Highbury, como hubiera sido habitual y deseable para las filas gunners, sino White Hart Lane, el feudo del Tottenham, su eterno rival. Los bombardeos durante la II Guerra Mundial habían afectado notablemente la estructura del estadio del Arsenal, por lo que se estableció que la casa de los Spurs albergaría el partido. Que Wembley no fuera tomado en cuenta para la disputa del partido fue una ofensa para la delegación del Dinamo de Moscú, aunque el deseo por enfrentarse al equipo entrenado por George Allison era mucho mayor que cualquier contratiempo que les surgiera.

El Arsenal contaba con bajas sensibles, por lo que tuvo que reforzarse con seis nuevos jugadores, entre los que se encontraba el futuro Balón de Oro Stanley Matthews, que cambió las franjas rojas y blancas del Stoke por el rojo gunner. La niebla deslució considerablemente lo que estaba llamado a ser -y terminó siendo- un partido histórico en el fútbol del siglo XX, sobre todo para los más de cincuenta mil aficionados que se dieron cita en White Hart Lane.

A pesar de las artimañas que realizaron en la gira, el público inglés se maravilló con la propuesta de juego que planteó el Dinamo de Moscú. 

No hizo falta que se cumpliera el primer minuto de partido para que el Dinamo de Moscú se adelantara en el marcador por medio del romperredes Bobrov. A pesar de este mazazo, los gunners se rehicieron y llegaron a ponerse 3-1, pero todo cambió en la segunda parte, cuando el partido derivó en una farsa en la que la niebla fue la excusa perfecta para que todos los implicados sacaran a relucir su lado más artero. Los dos goles que supusieron la remontada del Dinamo hasta llegar al 3-4 definitivo se produjeron en claros fueras de juego. Los jugadores del Arsenal denunciaban que los soviéticos estaban jugando con doce jugadores aprovechando la falta de visibilidad sobre el césped, pero los gunners tampoco quedaron libres de pecado, ya que Reg Drury siguió jugando a pesar de haber sido expulsado. En lugar de abandonar el campo, como muchos otros, se escondió entre las brumas para no ser localizado por el colegiado soviético, renuente a suspender el partido en todo momento. Con menos lucimiento que en Stamford Bridge, el Dinamo consiguió el gran objetivo que era batir al Arsenal, lo que les garantizaba un retorno triunfante a Moscú.

Por delante ya sólo quedaba el partido frente al Rangers en el emblemático Ibrox. Los escoceses se tomaron el choque como una oportunidad histórica para vengar el orgullo británico y hacer aquello de lo que ningún inglés había sido capaz, pero tampoco fueron capaces de doblegar al gigante soviético, teniendo que conformarse con un empate a dos que garantizó la imbatibilidad del exitoso equipo de Mikhail Yakushin. El Aston Villa tenía previsto enfrentarse también a los moscovitas, pero éstos regresaron de Glasgow a Londres directamente para dar por finalizada su gira y regresar a la Unión Soviética. El emblemático Dinamo de 1945 nunca pisó Birmingham, dejando su registro en dos victorias y dos empates y un apabullante a la par que engañoso balance goleador de 19-9, marcado por la exhibición de Cardiff.

El regreso a Moscú fue tan esperado como celebrado por las autoridades soviéticas, que consiguieron cumplir su objetivo propagandístico de enviar a un rival a la cuna del fútbol para asaltarla con un estilo totalmente opuesto al habitual en Gran Bretaña y obtener reconocimiento internacional. A los Yakushin, Bobrov y compañía les llegó el reconocimiento de ser considerados de ahí en adelante Maestros del Deporte en la Unión Soviética. Mientras tanto, en Inglaterra, el fútbol inglés recibió una seria advertencia de la competitividad que había fuera de las islas. No fue la primera, ya que en la historia reciente había otros tropiezos dignos de ser tenidos en cuenta, como la eliminación en cuartos de final en los Juegos Olímpicos de 1936 a manos de Polonia o el empate a dos frente a Italia en un amistoso en el Civico de Milán, que desató las chanzas de Benito Mussolini hacia los pross.

La gira triunfante del Dinamo de Moscú en el otoño de 1945 supuso un cuestionamiento importante de la hegemonía del fútbol inglés, pero no pareció haber propósito de enmienda, ya que ocho años después la selección de Hungría también salió triunfante de Inglaterra después de (ellos sí pudieron) asaltar Wembley con un 3-6 que encumbró a la generación de Ferenc Puskas y Nandor Hidegkuti. Los Magyares Mágicos sí tomaron buena nota de la gesta del equipo favorito de Stalin.

Agustín Galán

Periodista | Analista Premier League y MLS | Colaborador en Perarnau Magazine | Editor de Deportes en La Huella Digital.

Latest posts by Agustín Galán (see all)

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.