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Schalke 04, una final de la UEFA que marcó el comienzo

Primer título europeo del equipo alemán

Ciento ochenta minutos no fueron suficientes. En el año de despedida de las finales a dos partidos, la Copa UEFA del 1997 terminó por decidirse en la agonía de las grandes penalidades. En una final digna de una tarde histórica en la década de los 30, el todopoderoso Inter de Milán acabó contra las cuerdas, noqueado por los mineros de Gelsenkirchen que devolvían, así, al Schalke 04 en la historia.

Foto: http://bundesligafanatic.com/

Hasta 1996, el Schalke 04 tenía apenas cinco participaciones en competiciones europeas. Para la última, había que remontarse a 1978, donde el conjunto minero no fue lo suficientemente fuerte para eliminar al FC Madgburg de la Alemania Oriental. Ese era el escenario de un club que, no obstante, había sido uno de los primeros gigantes del fútbol alemán. En la década de los ’30, el conjunto de Gelsenkirchen era el equipo más potente de Alemania, uno de los mejores de Europa. El juego asociativo, un enigma para la época, de Ernest Kuzorra y Franz Szepan, llevó el club a lo más alto, pero la II Guerra Mundial supuso también el fin de una gesta heroica para los jugadores de la Cuenca del Rühr.

El camino del Schalke 04 por Europa tuvo un comienzo claro: La Copa de la UEFA 96/97. Desde ahí, pocas veces faltarían a una cita en el Viejo Continente.

Pasaron los años y el equipo se vio superado por la mayoría de sus vecinos, sobre todo por el Borussia Dortmund, el primer club alemán en conquistar una competición europea en 1966. En la Bundesliga, el Schalke 04 era un equipo menor, de mitad de tabla, y a muchos le supuso una sorpresa el tercer puesto logrado en 1996, que permitía a los mineros volver a las competiciones europeas. Nadie daba nada por los hombres de Jorg Berger y, a principio de temporada, la sospecha no iba mal encaminada.

El equipo se desplomó en la Bundesliga y Berger fue relevado en octubre por el holandés Huub Stevens. Solo un heroico gol de Martin Max contra el Club Brugge, en octavos de final, permitía al club alemán seguir vivo en la Copa de la UEFA más allá de la llegada del invierno y del periodo vacacional. Estar entre los ocho mejores de la UEFA ya parecía un auténtico premio para una temporada que estaba siendo un fiel reflejo de la historia reciente del club. No obstante, el Schalke iba a más y pocos podían imaginarlo.

Foto: http://www.uefa.com/ | Huub Stevens cogió las riendas del Schalke

Foto: uefa.com | Huub Stevens cogió las riendas del Schalke

Steveens tenía a su disposición un equipo con jugadores de nivel pero con poco fondo de armario. Con Jens Lehmann en portería, Thomas Linke en defensa y el neerlandés Mulder en ataque, era en la medular donde se encontraban las principales armas de los mineros. Veteranos como Olaf Thon, Marc Wilmots y el checo Jiri Nemec daban al equipo talento y experiencia internacional, buenos condimentos para una buena receta en las complejas noches europeas. Mucho más si, por delante, el club alemán tenía dos viajes a España, de los más complicados.

La primera eliminatoria fue ante el Valencia, equipo al que habían derrotado por 2-0 ante 58.000 personas en el viejo Parkestadion. El Schalke obró un partido memorable y el gol tempranero de Mulder en Mestalla dejó sentenciada la eliminatoria, aunque Poyatos terminara empatando el partido para el conjunto che. Superado el escollo valencianista, los del Rühr tenían por delante a uno de los equipos con mayor sensación en el fútbol español, el mítico Tenerife. Para el conjunto insular, llegar a una final europea era algo memorable y el club voló hacia Alemania con la ilusión de marcar un gol de penalti, obra de Miñambres, que dejaba todo de cara para los españoles. No fue suficiente. Empujados por los suyos, los jugadores del Schalke lograron otro partido para enmarcar y, después del gol de Linke para empatar la eliminatoria, le tocó al belga Wilmots, ya en el segundo tiempo de la prórroga, para poner punto y final al sueño canario. El Schalke 04, ese equipo que desde entonces se ha convertido en un club familiar, se estrenaba en una final de la UEFA y contra un gigante europeo, el Inter.

Wilmots fue vital en el campeonato europeo

Wilmots fue vital en el campeonato europeo

La Copa de la  UEFA había sido coto privado de los equipos italianos, que ganaron en casi totalidad las ediciones del torneo desde la segunda mitad de los años 80. Eran más que favoritos. Los neroazurri tenían todo a su favor. El inglés Roy Hogdson manejaba un vestuario de estrellas, donde cabían Pagliuca, Bergomi, Zanetti, Sforza, Winter, Ince, Zamorano o Djorkaef. La superioridad sobre el papel era tremenda y, después de los triunfos del Napoli sobre el Stuttgart o de la Juventus sobre el Dortmund en ediciones previas del torneo, los alemanes se tomaron los duelos como una revancha.

Wilmots marcaría seis goles en la competición europea. Se quedaría a dos tantos de Maurizio Ganz. En Bundesliga, marcaría la misma cantidad…

En la ida, en Gelsenkirchen, el partido fue un ejercicio de cinismo. Ambos equipos no querían arriesgar. Alinearon dos onces muy defensivos con diez defensas en total sobre el terreno de juego, y solo un gol de Wilmots a los 70 minutos impidió un empate a todo. Para la prensa italiana, la derrota no tenía demasiada importancia. San Siro parecía ser un arma lo suficientemente útil para remontar el partido por sí solo, aunque fuera a medias. El Schalke no logró marcar para solucionar la eliminatoria final pero sí el Inter, gracias a un gol desesperado de Zamorano. Después del tanto, vino la prórroga y el amargor de la misma.

Foto: Pagliuca intentando evitar el gol de Wilmots

Foto: Pagliuca intentando evitar el gol de Wilmots

Después de una prórroga insustancial, llegaron las penas máximas. Milán no estaba preparada para vivir un final de ese calado. Zamorano quiso ser el primero a marcar y falló. Jamás se olvidaron de aquello bajo la noche del Meazza, pero no fue el único. El flojo lanzamiento de Aaron Winter sentenció la final. Ninguno de los cuatro tiradores del Schalke 04 falló su oportunidad. El último, el mágico Wilmots, se convirtió en el merecido héroe de una campaña memorable.

Aquel 21 de mayo, hizo que el Schalke volviera a ser un grande de Europa por derecho propio. Desde ese momento, en raras ocasiones volvió a fallar con su presencia en competiciones europeas. Días después, y para quitar algo de protagonismo a sus vecinos, el Dortmund ganó la final de la Champions a la Juventus en Múnich. La revancha de los alemanes quedaba saldada y la edad dorada del Calcio en las noches europeas estaba a punto de terminar. En Gelsenkirchen, la oscuridad había abandonado la ciudad, cambiada por una luz plena, por los petardos de la celebración y las sonrisas de felicidad.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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