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La historia del hombre que hizo grande al Oporto

Una persona polémica que consiguió engrandecer al club

Hasta los años '70, el Oporto era un club importante en Portugal pero apenas conocido en el fútbol europeo. Sus casi dos décadas sin títulos nacionales y sus decepcionantes prestaciones en las noches europeas tampoco ayudaban a cambiar esa percepción. Hasta que llegó su añorado profeta para cambiar el destino de un club que fue, probablemente, el mayor dominador en los últimos treinta años de las grandes ligas europeas. Un profeta llamado José Maria Pedroto, el hombre que desató a los dragones.

Foto: Maisfutebol

Hoy en día hay un nombre que toda Europa conoce cuando se habla del Oporto. El de su presidente, Jorge Nuno Pinto da Costa, un negociador astuto que despierta el pánico de las secretarias técnicas de los clubes europeos. Cuando alguien se interesa por un jugador del club luso sabe que Pinto da Costa les llevará al límite para sacar el mejor negocio posible. Su largo mandato presidencial de más de tres décadas ha vivido los años de oro de un club que hasta su llegada había ganado mucho menos títulos de lo que su rol como principal símbolo de oposición a los grandes clubes de Lisboa, parecía suponer. Pinto da Costa cosechó el éxito internacional –dos Copas de Europa, dos Copas de la UEFA, dos Intercontinentales y una Supercopa europea- y nacional a partir de un trabajo que vino detrás y que fue clave en sentar los mimbres del éxito de los “portistas”. Un trabajo donde ejerció un papel fundamental como coadyuvante del hombre que verdaderamente cambió la cara al club.

Con José Maria Pedroto el Oporto consiguió romper con 19 años sin ganar la Liga

Pedroto fue probablemente el entrenador luso más importante hasta la llegada de José Mourinho. Lo fue todo como jugador, al contrario del de Setúbal. Capitán del combinado nacional, ganador de dos ligas con el Oporto como hábil centrocampista, fue protagonista del primer record en una transferencia del fútbol portugués. Era un jugador carismático e inteligente en el manejo del balón y tuvo la mala suerte de llegar justo en la generación anterior a la que iba a encumbrar Portugal a nivel internacional con Eusébio y compañía. En 1961 empezó su trayectoria en el banquillo. Se graduó en París como el mejor de uno de los más exigentes cursos de Europa para luego rechazar un puesto en los cuadros de la selección gala y tomar las riendas de lo que era, entonces, la selección Sub21 de Portugal. Con un grupo de jóvenes inexpertos ganó el primer título internacional de Portugal, una especie de pre-Eurocopa Sub21 organizada por la UEFA. Pero sería a nivel de clubes como su leyenda se forjaría con -letras de oro. Cogió a modestos equipos de la liga portuguesa para empezar a hacerse notar y a mediados de los sesenta llegó a su destino, el banquillo del Oporto.

pedroto 2El club pasaba por una mala racha y muchos miraban a su antigua estrella como una salvación. Con todo en contra –empezando por sus propios jugadores, poco aficionados a sus métodos profesionales de entrenamiento y vida tranquila fuera del terreno de juego que contradecía con una cultura casi semi-profesional que dominaba entonces el fútbol portugués– estuvo a punto de batir en dos ocasiones el Benfica de Eusébio por el título liguero. No lo logró y salió en medio de una polémica tan grande que la directiva incluso le expulsó como socio y le vetó la entrada en las instalaciones del club. Pedroto juró volver. Pasó diez años penando en el desierto pero perfeccionando su mística. Con el Setúbal –donde entrenó al padre de Mou– y el Boavista, dos equipos pequeños, estuvo a punto de ganar la liga y obró verdaderos milagros en las competiciones europeas. Siempre terminando por delante del Oporto. Estaba claro que él era el hombre inteligente y solo necesita de la coyuntura perfecta para volver. Pinto da Costa, el actual presidente, fue clave en ello.

El que por entonces solo era director deportivo –un puesto que aceptó con la promesa de poder fichar a Pedroto y manejar con carta blanca los destinos del equipo– tomó las riendas del club y logró que la suspensión al que llamaban de “Zé do Boné” –por siempre ir a los partidos con la cabeza cubierta por una gorra– fuese anulada. Pedroto fichó de inmediato y con él llegó la modernidad al club. Entrenamientos a puerta cerrada donde se ensayaban jugadas de pizarra, inclusión de análisis estadística y rigurosos informes de jugadores a fichar y de los rivales, todo contribuyó para llevar el club a la cima. En su primer año ganaron la Copa –que ya había conquistado en su primera etapa– y al siguiente la liga, rompiendo con diecinueve años sin títulos ligueros. El equipo volvió a conquistar la liga lusa al año siguiente y empezó a deslumbrar en Europa con victorias sobre equipos del nivel del Manchester United, Colonia y AC Milan.

Foto: UEFA

Foto: UEFA

Con Pedroto se creó una cultura de club fiel a una filosofía de juego, una apuesta en la cantera y fichajes de extranjeros desconocidos pero que siempre daban la talla. Con ese cambio de mentalidad, llegaron los títulos pero también los inevitables conflictos dentro del club contra los que se oponían al cambio. Pedroto fue víctima de esa “guerra civil” que costó también el puesto a Pinto da Costa. Pasaron dos años en el exilio deportivo hasta que da Costa ganó su primera elección como presidente y Pedroto volvió de entrenador. Por entonces ya un cáncer empezaba a llevarse su vida, aunque no lo sabía. No volvió a ganar un título pero empezó la campaña que terminó en la primera final europea de la historia del club, en la Recopa del 84, contra la Juventus de Platini. El hombre que desató a los dragones del olvido murió pocos meses después sin poder ser testigo del culminar de su propia obra. Siguiendo sus enseñanzas, fichando a su pupilo más aventajado, Artur Jorge, Pinto da Costa logró llevar el proyecto a buen puerto. Tres años después el Oporto era campeón de Europa y su larga hegemonía a nivel nacional empezaba a hacerse realidad.

Todo había empezado, no obstante, con un hombre que llevaba largas décadas de ventaja sobre sus contemporáneos. Un Mourinho con tiradas tan o más polémicas, un carácter tan o más conflictivo y una legión de admiradores y detractores tan o más grande. Un Mourinho de los años setenta que cambió para siempre la historia del fútbol en Portugal.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

2 Comments en La historia del hombre que hizo grande al Oporto

  1. É totalmente verdade esta história,conheço porque a vivi ao pormenor é tudo como diz este jornalista.
    José Maria Pedroto foi o mentor e Mestre do actual FCPorto, com a extraordinária visão do actual Presidente.
    Ambos construiram um clube Regional, numa instituição de dimensão Planetária, obrigado a ambos e uma vénia ao trabalho rigoroso deste profissional Espanhol !! Bem haja.

  2. Henrique Dantas // octubre 2, 2015 en 10:24 pm // Responder

    “…Só a vitória final é objectivo! Pedroto 1978

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