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Mario Corso, el pie izquierdo de Dios

El extremo italiano marcó una época en La Grande Inter

En la década de los 60, el Inter de Milán alcanzó el periodo más grandioso de toda su historia. De la mano de Angelo Moratti y capitaneados por el gran líbero Armando Picchi, surgió La Grande Inter, equipo que ganó la Serie A en 1963, 1965 y 1966, además de las Copas de Europa de 1964 y 1965.

Aquel extraordinario plantel contaba con figuras de la talla de Giacinto Facchetti, uno de los mejores defensas laterales de la historia del fútbol, Luis Suárez, para muchos el mejor jugador español de todos los tiempos, y Sandro Mazzola, uno de los más legendarios futbolistas del club nerazzurri, todos ellos al mando de ‘El Mago’ Helenio Herrera. Por supuesto, también figuraron el gran arquero Giuliano Sarti, el fornido defensor Tarcisio Burgnich, el muy buen stopper Aristide Guarneri, el potente extremo derecho brasileño Jair y los delanteros Angelo Domenghini y Joaquín Peiró, pero quien realmente robó el corazón del hincha interista de a pie no fue su jugador más trascendente en la historia, pero sí uno de los más virtuosos con el balón en los pies: el extremo izquierdo Mario Corso.

Mario Corso llegó al primer equipo del Inter para reemplazar al sueco Lennart Skoglund, uno de los grandes mitos de la historia del club nerazzurro.

La historia de Mario Corso con el Inter de Milán es de alto nivel. Debutó en la Serie A el 23 de noviembre de 1958 en un partido contra la Sampdoria, reemplazando ni más ni menos que al sueco LennartNacka’ Skoglund, uno de los grandes pilares del club por entonces. Su rostro, sin embargo, no delataba que aquel joven jugador tuviera apenas 17 años, ya que notorias entradas de su cabellera resaltaban a la vista en su amplia frente, y su semblante maduro convencía a los espectadores de que aquella nueva figura ya poseía algún recorrido previo sobre los campos de juego al más alto nivel, más aún cuando su fútbol no mostraba la timidez característica de un debutante, sino que resaltaban inmediatamente la forma en la que tocaba rápida y precisamente el balón y su gran calidad técnica. En 1959, Skoglund fue vendido justamente a la Sampdoria y de esta forma se inició su rol protagónico con las sedas interistas, que se extendió durante 15 temporadas.

Sarti, Facchetti, Guarneri, Tagnin, Burgnich y Picchi; Jair, Bruno Petroni, Luis Suárez, Sandro Mazzola y Mario Corso

Sarti, Facchetti, Guarneri, Tagnin, Burgnich y Picchi; Jair, Bruno Petroni, Luis Suárez, Sandro Mazzola y Mario Corso

Pronto, Corso cobró una gran notoriedad en el fútbol italiano; la habilidad que poseía en su pierna izquierda fue descrita magníficamente cuando se le acuñó el apelativo Il piede sinistro di Dio (El pie izquierdo de Dios), su zurda fue venerada y representada como un don divino, tanto es así que, en contraste, su diestra fue desprestigiada al punto de tildársele de “muleta”, una extremidad solo útil para tomar el tranvía. Ese fue el común escenario con el que se familiarizó el también llamado Mariolino: o la magnificencia o la mediocridad.

La Foglia Morta de Mariolino

CORSO INTER 1970-71Unos años antes, en Brasil, el mediocampista Valdir Pereira -más conocido como Didí- había deslumbrado al mundo con el perfeccionamiento de un tiro bautizado como Folha Seca, un disparo flotante que se colaba gentilmente entre el arquero y el travesaño. Pues bien, en Italia fue Mario Corso quien impuso su perfeccionamiento denominándosele allí Foglia Morta, una habilidad que él siempre explicó como algo innato. Su gol más recordado anotado de esta forma lo hizo en la Copa de Europa de 1965 ante el Liverpool. Una famosa foto retrata el momento en que el arquero Tommy Lawrence observa paralizado cómo el balón ingresa suavemente en su arco, una escena que ya era muy común para Mariolino.

Así, la década de los 60 fue una etapa brillante con los colores interistas. Con La Grande Inter Corso ganó la Serie A en 1963, 1965, 1966 y una vez más en la década de los 70, en 1971, ya con la participación de Roberto Boninsegna. También ganó la Copa de Europa dos veces consecutivas, en 1964 venciendo al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskás, y en 1965 imponiéndose al Benfica de Mário Coluna y Eusébio, además de obtener las Copas Intercontinentales de ambos años superando al Independiente de Miguel Ángel Santoro, un joven Ricardo Pavoni y Raúl Bernao.

Mario Corso no pasó desapercibido, sus magníficas cualidades técnicas lo habían convertido ya en una gran figura de uno de los mejores equipos de todos los tiempos, y en este punto es cuando surge la duda, ¿por qué su nombre no es habitual entre los más grandes futbolistas italianos? De hecho, Italia ha producido extremos de gran calidad; Bruno Conti es el abanderado entre todos, Franco Causio el de los 70’s, Roberto Donadoni el del AC Milan de Arrigo Sacchi, también ‘Gigi’ Meroni y Gino Colaussi entre otros, y Corso definitivamente pertenece a este grupo, pero es la irregularidad la que marcó y mermó su condición histórica.

Mario Corso, uno de los más talentosos futbolistas italianos, destacó por su irregularidad. Era capaz de lo mejor en algunos partidos y desaparecer completamente en otros.

Mariolino era tan capaz de mostrar el fútbol más sublime como de desaparecer absolutamente sobre el terreno de juego. Intercalaba actuaciones brillantes con presentaciones inadvertidas y esto, a pesar del enorme cariño que los hinchas le tenían, desesperaba a Helenio Herrera, quien buscaba venderlo tras finalizar cada temporada. En una liga como la italiana mostrar pura habilidad sin regularidad es casi un pecado capital. Se originó la leyenda urbana de un Corso escondiéndose en posiciones irregulares del campo, ya que podía no ser parte del juego durante casi todo un partido y, de pronto, aparecer con una jugada extraordinaria, un pase largo, un tiro libre, una Foglia Morta o un regate producido por su generosa zurda que cambiaba el curso del encuentro.

Si bien su irregularidad no le costaba su posición en el Inter de Milán, con Italia otro era el cantar. Entre 1961 y 1971 Mario Corso jugó 23 partidos y anotó 4 goles con La Nazionale, pero ningún director técnico resolvió el cómo usarlo y al igual que otros grandes talentos nunca asistió a una Copa Mundial. En mayo de 1962, luego de un brillante gol anotado para Italia en el San Siro, él solo anuló sus posibilidades de asistir al torneo en Chile luego del recordado gesto dell’ombrello realizado hacia las gradas. Para 1966, Edmondo Fabbri ni siquiera lo tuvo en cuenta. Tampoco Ferruccio Valcareggi en 1970. Nunca pudo brillar con su selección nacional de igual forma con la que lo hizo con la camiseta nerazzurri.

Foto: wikipedia || Corso en su paso por el Genoa, ya en la recta final de su carrera

Foto: wikipedia || Corso en su paso por el Genoa, ya en la recta final de su carrera

Otro triste recuerdo de Mariolino fue el de la Copa de Europa de 1972. Inter de Milán llegó a la final para enfrentar al extraordinario Ajax de Johan Cruyff, pero Corso no pudo jugarla debido a una larga suspensión. Poco después dijo adiós al club interista tras jugar 414 partidos en la Serie A y 502 partidos en todas las competiciones, anotando 94 goles. Pasó al Genoa, que buscaba armar una competente escuadra. Había adquirido también al destacado defensor Roberto Rosato del AC Milan y se esperanzaba en el juvenil delantero Roberto Pruzzo, pero falló estrepitosamente en el intento y descendió a la Serie B aquella temporada. Corso solo jugó unos partidos más con el club genovés antes de que una grave lesión le obligara a abandonar el fútbol, tal vez en un muy oportuno momento del inicio de su declive.

El Inter de Milán vio en sus filas extraordinarios futbolistas, pero si nos centramos en extremos izquierdos, solo el sueco Lennart Skoglund es comparable a él, justamente a quien debió reemplazar a finales de los 50. Hasta hoy es una de las figuras clásicas más destacadas del universo interista brillando junto a los nombres de sus compañeros de La Grande Inter, además de a otros plenamente identificados con los colores negro y azul como los de Walter Zenga, Giuseppe Bergomi, Javier Zanetti y Giuseppe Meazza. Genio y figura.

José Miguel Zapata

Twitter: @Glavisted

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Redacción Kaiser

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