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Claude Makélélé, un galáctico criado en Vigo

En el Celta forjó su camino

Los 90 fueron tiempos de cambio. En el ocaso de esa década el fútbol comenzó a girar su foco hacia un rincón de España, donde los frutos brotaban del césped. El Euro-Celta y el SuperDepor eran las sensaciones de un tierra que siempre ha exportado talento. No obstante, Florentino Pérez se fijó en un peón para completar su galaxia. Makélélé era el pulmón deseado para dar aire a su primer proyecto faraónico.

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Claude Makélélé (Zaire, 1973) llegó a Vigo sin hacer ruido. Precedido de otros fichajes de mayor renombre como Luboslav Penev o el central Fernando Cáceres que venían a apuntalar un muy buen equipo comandado por Víctor Fernández. Sobre el campo destacaba el liderazgo y la calidad del Zar, Aleksandr Mostovoi, la guía de Mazinho y el descaro y velocidad de Valery Karpin. Junto a ellos aparecieron otros nombres de segunda fila que aquel Celta catapultó a metas mayores. Ahí están los Dutruel o Pinto, canteranos como Míchel Salgado, o delanteros revulsivo como Juan Sánchez. La apuesta por el protagonismo del balón, la posesión del esférico y un excelente posicionamiento táctico pronto dieron resultado en la ría.

En ese paisaje, Claude encajó como anillo al dedo. El jugador francés que venía procedente del Olympique de Marsella, aportó la cuota necesaria de rigor táctico y colocación para que el resto del mediocampo vigués volara sin aranceles. Su despliegue físico le ayuda también a ganarse un puesto en el once inicial en una temporada en la que resulta fundamental para Víctor Fernández. El galo lo jugará casi todo, 36 de 38 partidos, siendo titular en 34 de ellos. Para el recuerdo quedará aquella goleada en Balaídos, 5-1, al Madrid guadianesco de Toshack, el último campeón de Europa. La Rianxeira retumbó como nunca. Su buen hacer se reafirma con otro dato excelente si tenemos en cuenta su posición de mediocentro defensivo. En todos esos partidos tan solo vio 4 tarjetas amarillas.

Más allá de la Liga las grandes exhibiciones de Makélélé se producen en la antigua Copa de la UEFA donde el Celta de Vigo desplegó su gran juego en algunos de los mejores escenarios europeos. Villa Park o Anfield fueron testigos de ese mediocentro incansable y disciplinado, que despejaba con suficiencia el escaso peligro que tanto Aston Villa como Liverpool pudieron crear. Los vigueses ganaron tres de los cuatro partidos, imponiéndose en ambas salidas. Su omnipresencia se dejó notar en el Vélodrome, en su antigua casa, cuando los gallegos visitaron el estadio del Olympique de Marsella en los cuartos de final. La baja de Makélélé fue una de las principales razones para explicar la derrota por 2-1 frente a los galos. En la vuelta el 0-0 terminó eliminando a los de Víctor Fernández.

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La siguiente temporada Makélélé ya no es ningún desconocido y su peso aumenta tanto en el vestuario como dentro del campo ante la baja de hombres importantes. La marcha de Penev, Míchel Salgado o Juan Sánchez y el precipitado adiós de un símbolo celtiña como Mazinho por una lesión de rodilla obligan al mediocentro galo a cubrir más espacio en la medular y asumir más galones a la hora de crear juego. Junto a él en el medio campo se sitúan el recién llegado Giovanella y el ruso Karpin, ya que Víctor Fernández opta en esta temporada por un 4-3-3.

El técnico intenta suplir la baja de Mazinho con la incorporación de Giovanella. Brasileño por brasileño pero de características diferentes. Makélélé es el encargado de mantener el entramado defensivo y el orden táctico del equipo sin el diapasón del padre de Thiago y Rafinha al lado. En esa temporada, el galo se muestra más agresivo y se convierte en uno de los mejores recuperadores de balones de la liga. Las exhibiciones continúan por Europa. Campeones continentales como Benfica o Juventus vuelven a hincar la rodilla en Balaídos. Los portugueses serán caricaturizados en Vigo de donde salieron goleados por 7-0. La Juventus sufrirá la oleada viguesa tras remontar el 1-0 de la ida. De nuevo, sería otro equipo francés el Lens el encargado de poner punto y final a su aventura europea.

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Al equipo de Víctor Fernández se le haría muy larga la temporada y concluirían séptimos en Liga. Makélélé no volvería a jugar con los celestes tras concluir el campeonato doméstico. El Real Madrid y su recién estrenado presidente, Florentino Pérez, tenía algún que otro as bajo la manga. Después de Luis Figo, el siguiente fichaje fue el del mediocentro francés. Aunque las negociaciones no fueron sencillas.

El Presidente del Celta, Horacio Gómez se cerró en banda exigiendo el pago de la cláusula de rescisión de Claude Makélélé al equipo de Chamartín. Los 3000 millones de pesetas (18 millones de euros) sonaban excesivos entonces a gran parte de la opinión pública y Gómez no tuvo ningún problema en hacer público el interés del Valencia como medida de presión para que el Madrid terminara rascándose el bolsillo. La estrategia de los blancos respondió entonces a un canon con el que crearían escuela: Makélélé se negó a entrenarse hasta que no se resolviera la situación. Finalmente, tras varios tiras y aflojas, el Celta aceptó negociar con el Real Madrid y finalmente el acuerdo se alcanzó por 14 millones de euros.

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El francés se convertiría durante tres años en la escoba que alejaba los peligros y el equilibrista que sujetaba la sofisticada arquitectura de cristal de Swarovski que era el Madrid de los Galácticos. Pulmón y ancla para el lucimiento ajeno en el Paseo de la Castellana conseguiría por fin engrosar su palmarés y dar el salto definitivo en su carrera, tras crecer al abrigo de la ría de Vigo.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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