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Liam Brady, más que una segunda estrella

El triunfo de un británico en el calcio

“Oye mira, van a llegar otros jugadores y te tienes que marchar”. Frase desesperanzadora, que debe de encoger el corazón, al menos por la simbiosis que había con la entidad, con los tifosi…con todo. No hay cabida para cuestionarse la valía porque no hay margen de maniobra. La situación es la que es y asumirlo es el primer paso. Al menos, Liam Brady se tuvo que topar con esta situación cuando tuvo que salir de la Juventus.

El Arsenal dio la alternativa a un chico dublinés con buena tradición familiar. Su padre trabajaba en un astillero pero dedicó parte de su tiempo al fútbol gaélico, un deporte de buena fama en Irlanda como también lo es el hurling. Era el pequeño de siete hermanos y varios de ellos ya habían tomado senda en el fútbol profesional. Pat y Raymond llegaron a hacer carrera en el Millwall, aunque el primero marchó después al Queen’s Park Rangers. Todo venía por su tío Frank Brady, que llegó a ser internacional en los años 20.

Liam Brady era un fino zurdo con muy buena conducción de pelota, una excelente visión de juego y una distribución bastante sobresaliente. Llegó a Londres con dificultades para abandonar su nido, como le sucedió a otros grandes jugadores. Aún así, estaba destinado a llegar al primer equipo, incentivado por la hornada que tenía por aquel entonces el Arsenal. Junto a él, otros como David O’Leary o Frank Stapleton, irlandeses como él, empezarían desde abajo para consagrarse poco después. Bertie Mee le dio la alternativa, pero su éxito con los londinenses llegaría con Terry Neill, sobre todo con aquella FA Cup de 1979 ante el Manchester United, venciendo in extremis en un partido de idas y venidas donde Brady fue actor protagonista.

Una temporada después, en la 79/80, sucede un punto de inflexión que servirá de precedente para su posterior futuro. El Arsenal llegaba a semifinales de la Recopa de Europa ante la Juventus de Trapattoni. Los gunners pasarían la eliminatoria pero la entidad bianconera se quedó con la estela que dejaba aquel número 7 de cuerpo frágil pero de inteligencia endiablada. Boniperti tomaría mano de su agenda.

Los londinenses llegaron a la final ante el Valencia de Alfredo Di Stefano, con Kempes y Rainer Bonhof como principales estrellas. El encuentro se fue a los penaltis y Brady falló el primero, al igual que Mario Alberto. El triunfo se lo llevaría el cuadro che con el mal lanzamiento de Graham Rix. Liam necesitaba el éxito y cambiar de aires. Desde ese momento, el irlandés se plantea su futuro.

BRADY“Había visto lo bien que le iba a Kevin Keegan en Alemania, que quería irme allí”, asegura Brady en una entrevista para ‘The Independent’. El Bayern de Múnich había preguntado por él, incluso había empezado a estudiar alemán junto a Sarah, su mujer, para coger las maletas y marcharse, pero nunca llegó una oferta por el centrocampista. No obstante, el Calcio había abierto las puertas a los jugadores extranjeros y el mítico Boniperti todavía tenía apuntado el nombre de aquel irlandés.

La Juventus se hace con los servicios de Liam Brady por 500.00 libras y con un salario de 200.000 libras anuales, muy dispares a las 40.000 que cobraba en el Arsenal. Por esta razón, al centrocampista se le tachó de ser un jugador que miraba mucho su situación económica, ya que era él quien negociaba sus propios contratos. En cuanto a lo deportivo, Brady temía no tener éxito en la Liga Italiana, ya que jugadores británicos como Law o Greaves habían fracasado estrepitosamente. Eso sí, John Charles, íntimo amigo de Boniperti tras formar el Trío Mágico con Sívori, fue uno de los grandes triunfadores procedente de las islas. Los precedentes tampoco eran tan malos, y menos en la Vecchia Signora.

Se adaptó perfectamente a la cultura mediterránea. Pronto, Sarah y él comprarían en las mejores tiendas de Turín, charlarían fluidamente en italiano y Liam trabajaría como el que más sobre el campo. Trapattoni, en el Scudetto que consiguieron en su primer año, valoraba que “Brady fue quien trajo la experiencia y la personalidad. Su papel en el centro del campo era vital”. La ciudad y el equipo lo adoraban, pero en el tramo final de la segunda temporada con la Juventus todo cambió.

En la década de los 80, Italia tuvo la capacidad de poder captar a los mejores jugadores del mundo. Giampiero Boniperti tenía la obsesión de cerrar el fichaje de Maradona, pero Julio Grondona cortó de cuajo cualquier tipo de acuerdo. Por aquel entonces, Gianni Agnelli sentía predilección por esa rutilante estrella del Saint Etienne, Michel Platini. El presidente cumplió con los deseos de “l’Avvocato”. A su vez, Cabrini y Tardelli se quedaron perplejos ante un jugador polaco con el que habían compartido vestuario en un partido formado por un “Once estelar” elaborado por la FIFA para jugar contra la campeona del mundo, Argentina. Jugaba en el Widzew Lodz y la Roma le pretendía. La Juventus estuvo rápida en fichar a Zbigniew Boniek.

Foto: http://www.football365.fr/ / Presentación Platini y Boniek

Foto: http://www.football365.fr/ / Presentación Platini y Boniek

Liam Brady se reunió con Boniperti antes de que acabara la temporada. Había mucha prensa alrededor, lo que generó confusión al irlandés. “Me dijo que me reemplazaba por Platini. Era totalmente inesperado”, dijo el centrocampista. En este periodo de la historia de la pelota, solamente se permitían dos jugadores extranjeros, cumpliendo el cupo con el francés y el polaco. Le enseñaron la puerta, pero todavía tenía la oportunidad de incrementar el poso sobre la memoria del tifosi juventino.

La Juventus se jugaba el título de liga ante el Catanzaro en el Stadio Nicola Ceravolo. La Fiorentina y los bianconeros estaban empatados a 44 puntos en la última jornada. Los viola se medían ante el Cagliari, pero no consiguieron pasar del empate a cero. Al mismo tiempo, el equipo de Trapattoni no conseguía el tanto de la temporada, hasta que una mano de Celestini tuvo lugar en el área del club calabrés. Liam era quien ejecutaba los penaltis en el equipo.

“Tenía dos opciones: Ser profesional y patear bien la pena máxima o ser un chico estúpido que se niega a tirarlo. O aún peor, tirarlo mal deliberadamente. Decidí ser profesional y marqué gol”, dijo. Liam Brady marcó el gol de la segunda estrella de la camiseta de la Vecchia Signora, la de los 20 títulos de liga.

A partir de ahí, la Roma quiso hacerse con sus servicios, pero la directiva se negaba a venderlo a un rival directo. También, sonó que la Federación irlandesa había sostenido que el Real Madrid quería fichar al irlandés, pero que tenía que desprenderse de Laurie Cunningham para efectuar la contratación. Finalmente, la Sampdoria de Paolo Mantovani daría la oportunidad a Brady para que pudiera seguir siendo feliz en Italia.

Poco después, Boniperti divagó sobre lo bonito que hubiera sido tener a Brady, a Platini y a Boniek. “Ojalá hubiéramos sido capaces de aferrarnos a los tres. Nos hubiéramos convertido en uno de los mejores equipos de todos los tiempos”.

Guillermo González

Periodismo. Me dejo ver por Kaiser Football, Perarnau Magazine o Eurosport. Como Nick Hornby, durante largos ratos de un día normal soy un perfecto idiota.
Twitter: @Guille_futbln

3 Comments en Liam Brady, más que una segunda estrella

  1. Que calidad tenía este tío… Genial texto!

  2. Gran jugador Liam Brady. Qué pena el declive del fútbol irlandés y escocés, en los 80 eran muchas de las referencias del fútbol europeo

  3. yo solo he tenido la ocasión de verlo en algunos vídeos, era francamente bueno.
    el artículo esta fenomenal, solo hay un pequeño detalle que no me encaja, el fútbol gaélico y el hurling no son exactamente lo mismo, el primero podría entenderse como una mezcla entre rugby y fútbol y el hurling se juega con una pelota mucho más pequeña y un stick.

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