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La sombra más brillante de Jupp Heynckes

La trayectoria de uno de los mejores jugadores y entrenadores de Alemania

Vivir a la sombra de alguien mayor que tú puede dejarte una huella profunda, camino de la depresión. Para otros, no obstante, es la escapatoria necesaria para seguir su propio camino sin miedo a nada. A lo largo de una década, a Jupp Heynckes le podían haber considerado como el mejor delantero de Europa. Pero nadie le recuerda por eso. La sombra de Gerd Müller era inmensa. En lugar de dejarse caer, Jupp se reconvirtió en uno más de la 'familia Bayern' para empezar a trazar su propia leyenda.

En el currículo de Heynckes encontramos ligas, una Copa de la UEFA, una Eurocopa y un Mundial. El último, sobre todo, es una referencia testimonial. Jupp poco tuvo que ver con esas tardes memorables del futbol alemán. Aun siendo uno de los mejores futbolistas de su generación, en la delantera no había espacio para él. No había porque Gerd Müller solo hay uno.

A lo largo de los 70, la rivalidad entre el Bayern y el Gladbach fue un espejo de las dos Alemanias, la urbana contra la rural, la innovadora contra la conservadora, la protestante contra la católica. Se rotuló de inmediato a protagonistas de ambos bandos, donde parecía que se encasillaban más. Netzer y Beckenbauer, personajes radicalmente distintos al mito creado a su alrededor, fueron el espejo de ese duopolio que, en Alemania, coronó más veces al Gladbach pero que, en Europa, se rindió a la “Bayern Dusel”, la (agotable) suerte de los bávaros.

Foto: Imago/Werner Otto

Foto: Imago/Werner Otto

Había, no obstante, otros duelos simbólicos entre ambos equipos y ningún otro más igualado que el de Müller y Heynckes. Porque si Gerd era un depredador como hubo pocos en la historia del fútbol, Jupp tampoco quedaba muy lejos. En otra época hubiese sido la máxima referencia sin contestación. Marcaba goles desde todos los ángulos, con la cabeza y con ambos pies. Jugaba bien de espaldas y era veloz, además de oportuno. Con 202 goles y dos premios Pichichi consecutivos en 1974 y 1975, es todavía el tercer mejor goleador de la historia de la Bundesliga. Le superan Klaus Fischer y Gerd, con sus 365 goles.

Heynckes siempre estuvo a la sombra de Müller pero nadie puede dudar del talento que desplegó  en el Borussia Mönchengladbach o en el Hannover 96. 

Heynckes fue un delantero completísimo que tuvo también que aprender a vivir en la sombra. De esas luchas sacó el carácter que luego le convirtió en una inesperada leyenda. Aunque fue uno de las símbolos máximos del Gladbach –el único que no abandonó a los suyos durante toda la década, trabajando tanto con Weisweiller como con Lattek– es curioso que fue ese pasado de rivalidad lo que terminó por marcar de forma profunda la carrera deportiva de Heynckes, que fue mucho más allá que sus días como futbolista.

En sus largas convocatorias con la Mannschaft, Heynckes pasaba mucho de sus ratos libres con sus “rivales” del Bayern. Su amistad personal con Uli Hoeness, otro de los delanteros de moda en esos años setenta, le abrió las puertas a otro mundo donde tuvo relaciones con Franz Beckenbauer, Paul Breitner y su rival histórico, Gerd Muller. Entre los dos, la relación no podía haber sido más cordial y cuando el mítico “Der Bomber” se dejó caer en el lado oscuro de la vida, Heynckes fue uno de sus antiguos compañeros para apoyarle al máximo. Había aprendido a vivir en su sombra para luego echarle una mano en sus propias tinieblas.

Foto: kerrydalestreet.co.uk

Foto: kerrydalestreet.co.uk

En esas tardes de partidos de cartas e historias de faldas, Jupp se convirtió en “uno de los nuestros” para el núcleo duro de los jugadores del Bayern, que aún no tenía el poder que iban a cosechar. Cuando la carrera como futbolista de Heynckes llegó a su final –sin su Orejona o un papel como protagonista con Alemania en una grande cita– se abrió las puertas de una vida como entrenador. Todo valía para seguir oliendo al césped.

Su estrecha relación con la cúpula bávara le ha llevado a ser uno de los entrenadores más exitosos del Bayern de Múnich. 

Dos años después, Jupp lideró a los ‘Die Fohlen’ en el banquillo y, con un jovencísimo Lothar Matthäus haciendo gala de su precoz liderazgo en el campo, no terminó por conquistar ningún título oficial. Heynckes empezó a forjar su leyenda casi al mismo tiempo que ese núcleo duro de jugadores del Bayern tomaba su club. La elección de Hoeness como director comercial abrió las puertas a una nueva era y, poco a poco, sus antiguos compañeros fueron ocupando cargos de relevo en el club, desde Beckenbauer a, años mas tarde, Karl-Heinz Rummenigge, una especie de troika futbolera que llevó el Bayern a la cima.

Un equipo que no olvidaba ni el carácter y ni la buena disposición de Jupp, ni mucho menos su talento. Gracias a ello, en 1984, Hoeness cogió el teléfono para llamar a Jupp para una reunión en su casa. De ahí salió entrenador de los ‘Die Roten’. Cuatro años después, Hoeness tuvo que tomar, según él mismo, la decisión más difícil y equivocada de su vida y echó a un entrenador que triunfaba en liga pero sufría en Europa, como le pasaba como jugador. Fue la espina clavada que llevó a Jupp a España, donde terminó por ganar su Champions, con el Real Madrid y de vuelta a Munich. Fue esa amistad, que no se quebró en el momento más duro, la que permitió a Heynckes volver dos veces a Múnich, la primera para ayudar al club después de la salida de Klinsmann y la segunda para devolverle a Hoeness la confianza depositada tantos años antes conquistando Europa con los bávaros.

Foto: www.sporcle.com

Foto: www.sporcle.com

En esos días de gloria, Heynckes se cruzaba a menudo con Müller, entrenador de los equipos juveniles, un hombre recuperado de sus peores pesadillas, y se reunía a diario con personalidades como Rummenigge, Beckenbauer o Hoeness, con quien compartia esas tardes de diversión en las convocatorias de la Mannschaft. De esa estrecha amistad surgió una carrera de éxitos que pocos podían haber anticipado por entonces.

Heynckes, goleador y mito por derecho propio, tuvo que vivir el papel del actor de reparto a los ojos del mundo, fijado en el rojo intenso del Bayern durante esa década. Pero esa leyenda de la Bundesliga como jugador supo reciclarse, utilizando como palanca su capacidad única de hacer puentes en los espacios más insospechados; y convertirse en leyenda del fútbol mundial desde los banquillos. Müller vive en nuestra memoria con sus goles y récords pero, después del fútbol  no hubo nada más qué contar que nos alimente los sueños. Heynckes demostró estar hecho de otra pasta. Su leyenda, por partida doble, siempre será eterna.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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