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Un homenaje de pesadilla para Johan Cruyff

El homenaje a Cruyff en 1978 se tornó en un día para el olvido

Amsterdam se engalanaba aquel 7 de noviembre de 1978 para dar un merecido homenaje a su 'Dios futbolístico'. Johan Cruyff, que había dejado el Ajax rumbo a Barcelona cinco años antes, recibía el cariño del Olímpico de Amsterdam poco antes de abandonar el fútbol europeo con destino EE.UU. No había mejor rival para el adiós que el Barça, pero ante la ausencia del club catalán, se llamó al Bayern de Múnich para revivir un partido que se había convertido en uno de los grandes clásicos del fútbol europeo durante toda la década. El transcurso y el desenlace de aquel encuentro amistoso no lo hubiera imaginado nadie...

Cruyff posaba sonriente ante las cámaras. Era su día. Se lo había ganado. A él le gustaba recibir el cariño de la gente, ser admirado por todos. Y aquel día parecía caer bien hasta a sus rivales. Unos adversarios a los que bien conocía después de encarnizados enfrentamientos en la Copa de Europa y en aquella final del Mundial de 1974. Un resplandeciente Sepp Maier le hacía entrega a Cruyff de un banderín y del clásico sombrero bávaro, sonreía ampliamente ante las cámaras y se alejaba en dirección a su portería. Algo maquinaba la cabeza del excéntrico meta alemán. Revisado el vídeo 36 años después -y conociendo el desenlace de aquel partido-, no se vislumbra un ápice de buena intención en aquella afilada sonrisa.

El Bayern fue invitado por el Ajax para despedir a Johan Cruyff. Con solo 31 años, el crack neerlandés decidía poner punto final a su carrera deportiva

Los primeros minutos de partido dejaban claro que el Ajax, a un ritmo no muy elevado y con Cruyff al frente, buscaría llevar la iniciativa del partido. Sin embargo, la sonrisa de Maier pasó de amable a burlona cuando, a los pocos instantes del comienzo, enviaba un balón larguísimo a la espalda de los relajados zagueros neerlandeses. Entre ellos aparecía Gerd Müller, rindiendo honor a su apelativo, como un torpedo. El capitán alemán dejaba botar una vez el balón y decidía empalmarla con la zurda, mandando el esférico a la escuadra. Era el primer gol del partido. Los bávaros iban en serio. Un joven Karl-Heinz Rummenigge conseguía marear a la defensa del Ajax gracias a su velocidad y a las acertadas combinaciones con sus compañeros. Algo extraño comenzaba a respirarse en aquel ambiente festivo de Amsterdam.

Foto: gahetna.nl || Johan Cruyff desesperado con sus compañeros durante el partido

Foto: gahetna.nl || Johan Cruyff desesperado con sus compañeros durante el partido

Un gran pase de Paul Breitner serviría a Rummenigge para explotar nuevamente su velocidad, sobrepasar a los defensores rivales y batir a Schrijvers  en el mano a mano. El propio Breitner haría el tercero, ya en la segunda parte, tras aprovechar una cadena de errores defensivos del Ajax. El Bayern no estaba teniendo piedad. Se empleaban al 100% en todas las acciones, peleaban cada balón como si fuera el último y hasta pedían el fuera de juego -algo irrelevante tratándose de un amistoso- en cada ataque del Ajax.

Kalle Rummenigge hacía el 0-4. Sus compañeros acudían a abrazarle. Felicidad en sus rostros. Llegaba el quinto de la noche, nuevamente Breitner. El Bayern caía como una marea roja sobre la meta de Schrijvers. Los alemanes jugaban completamente desatados. Cruyff, en su homenaje, apenas disponía de balones para su lucimiento personal. Müller hacía el sexto tras ridiculizar al portero y a otro zaguero. Todavía restaban 25 minutos para el final. Paul Breitner anotaba de volea el séptimo en el minuto 74, como el año en el que los alemanes habían conquistado el Mundial frente a los neerlandeses, precisamente con un gol de Breitner. Casualidades aparte, el ridículo no se detuvo ahí y dos minutos después cayó otro gol, nuevamente obra de Rummenigge. 0-8. Ahí se detuvo la sangría.

marcador ajax bayern

Cor Brom, el técnico del Ajax, declaró tras el partido contrariado: “Está claro que nuestra institución era diferente que la de los alemanes”. Y añadió: “Queríamos un evento para él, con un equipo a la altura de Cruyff. Desafortunadamente, el Bayern no pensaba igual”. Ton Harmsen, presidente del club ajaccied se mostró apesadumbrado: “Ha sido un golpe, un partido que debería haber sido un buen espectáculo ha resultado algo horrible”.

Pocos comprendían cómo un equipo podía haber infringido tal daño a otro en un mero partido de homenaje. La rivalidad entre alemanes y neerlandeses había ido creciendo en los últimos tiempos –y se aumentaría aún más en la siguiente década-, pero resultaba impensable que esta fuera la verdadera razón del desenlace de un partido para el olvido. El periodista Hans Janssen trató de reconstruir los hechos años después.

Orgullo alemán

Foto: gahetna.nl || Gerd Müller saluda cariñosamente a Johan Cruyff antes del comienzo del partido

Foto: gahetna.nl || Gerd Müller saluda cariñosamente a Johan Cruyff antes del comienzo del partido

El hilo de esta historia nos lleva a preguntarnos en qué momento pudo despertar de tal manera el afán competitivo de los jugadores del Bayern, sabedores del nivel que hay que exhibir en un partido de homenaje. Pues bien, cuando la expedición bávara aterrizó en el aeropuerto Schiphol, se encontraron con que ningún enviado del Ajax había acudido a darles la bienvenida, un gesto nada bonito al tratarse de un desplazamiento desinteresado para rendir homenaje a un rival. Además, el plantel del Bayern se vio obligado a alojarse en un hotel en las afueras de Amsterdam, lejos del estadio y en unas condiciones de cuestionable calidad, poco acordes al nivel de unos jugadores de talla mundial que habían sido campeones de Europa y del Mundo. El orgullo alemán estaba tocado y un aditivo pudo ser también el tratarse del segundo plato de un partido homenaje al que no había podido acudir el primer club invitado, el Barça, último equipo de Johan.

La cosa no se quedó ahí. Ya en el Olímpico, durante el calentamiento del partido, los jugadores del Bayern tuvieron que soportar los insultos por parte de los aficionados neerlandeses que llenaron los oídos de los jugadores rivales con calificativos como ‘nazis’. Además, algunos jugadores del Bayern aseguran que los futbolistas del Ajax les ignoraron por completo antes del partido. Uno de las estrellas bávaras como Paul Breitner, declararía tiempo después que se sintieron “como si fuéramos un mal necesario”. Todos estos factores pudieron resultar el detonante perfecto para despertar a la bestia alemana.

Los alemanes se quejaron del trato recibido por parte del Ajax y su afición, aunque algunas hipótesis también señalan que los compañeros de Cruyff pudieron sabotear su homenaje de despedida

El campo lleno, el cariño de los suyos, su equipo de siempre y frente a ellos, el mejor rival posible, un equipo repleto de estrellas. La despedida soñada de Cruyff se convirtió en una pesadilla, una humillación y una de las noches más negras en la historia del Ajax y en la vida de Johan Cruyff. Algunos meses antes, Cruyff se había negado a acudir al Mundial de Argentina 1978, algo que podría haber sentado mal a algunos de sus compañeros. De hecho, algunas hipótesis señalan que ciertos jugadores del Ajax pudieron boicotear el homenaje empleándose a propósito a un ritmo más bajo. Que buscaron amargar de alguna manera el gran día de Johan Cruyff.

No obstante, los alemanes no se vanaglorian de aquella goleada. Franz Beckenbauer, símbolo bávaro que por aquel entonces ya había dejado el Bayern para marcharse a jugar a Estados Unidos, declaró que si él hubiera estado presente en aquel partido homenaje, nada de aquello hubiera ocurrido. Años después, Karl-Heinz Rummenigge, ya convertido en presidente del Bayern y autor de un hat-trick aquella noche, pediría perdón por aquel partido.

Una carrera incompleta

Cruyff Feyenoord

Johan Cruyff tras despedirse, esta vez sí, de forma definitiva, con la camiseta del Feyenoord

Al término del encuentro, Cruyff salió a hombros de sus compañeros, con un ramo de flores en la mano y rodeado de fotógrafos. Sonreía, pero no podía ser completamente feliz, quizás por el resultado de aquel partido, probablemente porque estaba comenzando a madurar la idea de que no podía dejarlo ahí, con solo 31 años y tras un ridículo histórico. Meses después haría las maletas. Estados Unidos esperaba, pero no el clásico de la época -New York Cosmos-, sino Los Angeles Aztecs. Después cambiaría L.A. por los Washington Diplomats. Después, sorprendentemente, regresaría a Europa para jugar en el Levante, un modesto equipo español que decidió invertir todos sus ahorros en pagar “unos partidos” de una estrella mundial.

En 1981, tres años después de su partido de despedida, regresaba a ‘su’ Ajax. Sin embargo, ciertos roces con la directiva del momento (el presidente alegó que ya no tenía nivel para primera división cuando Cruyff pidió renovar una campaña más) le hicieron tomar una decisión drástica: su última temporada, la definitiva, la jugaría en el eterno rival, el Feyenoord. Con 37 años, comandó junto a un joven Ruud Gullit -llegado del Haarlem- al Feyenoord que conquistó liga y copa con el propio Johan designado mejor jugador. Cruyff era un hombre de venganzas. Terminaba su carrera, ahora a hombros del eterno rival y con la conciencia tranquila. Ese final sí que le gustaba, sería el definitivo.

Juan Arroita

Enamorado del fútbol. Dedicado en cuerpo y alma al periodismo deportivo desde que supo que no valdría para jugar al fútbol. Fundador de la revista Kaiser Football.
Twitter: @JuanArroita

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