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Hugo Sánchez, una leyenda que jugó en la NASL y en la MLS

El jugador mexicano jugó en las dos ligas que se crearon en los Estados Unidos

La historia del fútbol estadounidense está llena de cambios de rumbo, es un continuo ejemplo de ensayo y error que en los últimos años parece por fin encontrar cierta estabilidad. La MLS vive en la actualidad su vigésima temporada y la selección de las barras y estrellas ya se ha convertido en una habitual de los Mundiales después de haber atravesado una sequía de cuarenta años entre 1950 y 1990.

Foto: MEXSPORT/DAVID LEAH

Entre la temporada inaugural de la MLS en 1996 y la última de la extinta NASL en 1984 hubo un periodo de 11 años sin una competición liguera que sirviera de referencia, y tan sólo el mexicano Hugo Sánchez y el estadounidense de origen sudafricano Roy Wegerle llegaron a participar en ambas competiciones, sirviendo de hilos conductores en la historia del soccer.

En 1979, con tan sólo 21 años, Hugo Sánchez ya comenzaba a labrarse un nombre en la liga mexicana. Con la camiseta de los Pumas de la UNAM, sus registros goleadores ya eran temidos por los porteros rivales y tenidos en cuenta en territorio europeo, pero fue la NASL estadounidense la que se benefició antes de su innato talento y olfato realizador. Los Pumas llegaron a un acuerdo con la franquicia de los San Diego Sockers para intercambiar jugadores durante el verano, periodo en el que se disputaba la NASL y en el que la liga mexicana se tomaba un respiro.

La primera etapa de Hugo Sánchez en la liga americana fue con 21 años con la franquicia de San Diego Sockers. 

Cuando Sánchez fichó por los Sockers, la franquicia ya era toda una experta en mudanzas y cambios de nombre. Desde que fue fundada en 1974, su división de fútbol ya había conocido tres ciudades distintas, compitiendo en cada una con un nombre diferente –Baltimore Comets, San Diego Jaws y Las Vegas Quicksilvers-. Tuvo que llegar el empresario Bob Bell para dotar de estabilidad al proyecto y asentarlo definitivamente en San Diego bajo el nombre de los Sockers. Hugo Sánchez estuvo con el equipo durante los veranos de 1979 y 1980, dos años en los que la asistencia de público al Jack Murphy Stadium superó la barrera de los 10.000 espectadores. Sus registros goleadores en una liga de un nivel técnico notablemente inferior al de la mexicana reflejaron un promedio de 0,70 goles en su primera temporada y de 0,93 en la segunda, superando los de sus cinco temporadas en Pumas. Junto a él estuvo su compatriota Leonardo Cuéllar, y en 1980 se unió a ellos el atacante haitiano Manu Sanon. Con estos mimbres en su plantilla, el entrenador Ron Newman declaró que tenía uno de los mejores ataques de la NASL en aquel momento.

La presencia de Hugo Sánchez en San Diego no tuvo excesiva repercusión mediática, a pesar de sus notables estadísticas. El equipo se quedó en esos dos años a las puertas de la final de la NASL, cayendo en dos finales de conferencia consecutivas ante los Tampa Bay Rowdies y los Fort Lauderdale Strikers, alcanzando su techo histórico. Un título hubiera supuesto un reconocimiento mayor a la primera etapa del mexicano en EE. UU., opacada por la veteranía y el brillo de otras estrellas como Pelé, Franz Beckenbauer o Johan Cruyff. Sí fue reconocido a nivel local, siendo considerado en los programas de los partidos de los Sockers como “el chico de oro mexicano”. La falta de resultados y la notable caída de aficionados en los partidos como local llevaron a la franquicia de San Diego a centrarse en el fútbol indoor, modalidad bastante popular durante aquellos años, donde sí consiguió convertirse en una potencia y aún hoy se considera a los Sockers como el mejor equipo de fútbol indoor de la historia.

La nueva era de los 90

La historia cambió notablemente en 1996. La inviabilidad financiera se había llevado por delante la NASL hacía varios años y Hugo Sánchez ya se había labrado una exitosa carrera a nivel internacional triunfando en Europa, donde destrozó los récords goleadores en España con las camisetas de los tres equipos madrileños más potentes (Real Madrid, Atlético y Rayo) e incluso probando una exótica aventura en tierras austriacas con la camiseta del Linz. Al otro lado del Atlántico, la FIFA había premiado a EE.UU con la organización del Mundial’94 a cambio de que la federación estadounidense articulara una liga profesional de nivel. Surgió así la Major League Soccer, que comenzó a andar en 1996, dos años después de la gran cita internacional en la que un Hugo Sánchez de 35 años, enfrentado al entrenador Miguel Mejía, disputó únicamente un partido con la selección de México.

Una de las franquicias pioneras de la nueva MLS era Dallas Burn (rebautizada desde 2005 como FC Dallas), y el primer jugador en formar parte de su plantilla fue el mexicano, destinado allí por la propia MLS. El estado de Texas es uno de los lugares en el que más devoción hay por el fútbol americano y hacer competencia a los Cowboys eran palabras mayores, por lo que el equipo entrenado por Dave Dir necesitaba una estrella de primer nivel. El elegido fue Hugo Sánchez, a pesar de que tenía que cumplir su contrato con el Linz, lo que retrasaría su debut hasta el mes de mayo. Una vez aterrizado en Dallas, dejó su impronta de forma inmediata marcando en su debut (6-2 frente a DC United).

El estado de Texas es uno de los lugares en el que más devoción hay por el fútbol americano y hacer competencia a los Cowboys eran palabras mayores.

La diferencia entre el veterano Hugo Sánchez que aparecía sobre los estadios estadounidenses respecto a aquel que iniciaba su carrera en la década de los ochenta era notable. Sus estadísticas ofensivas descendieron notablemente, dejando patente que aquel hombre que maravilló en España y se adjudicó el apelativo de Pentapichichi ya había vivido sus mejores tardes de fútbol. La afición de Dallas tiene que hacer un ejercicio de memoria para recordar el paso del mexicano por su equipo, en gran parte por culpa del colombiano Leonel Álvarez, quien sí ha pasado a la historia como el gran líder del vestuario en aquella primera temporada.

A pesar de todo, se considera que Hugo Sánchez cumplió con su papel con gran profesionalidad. Los inmigrantes mexicanos en Texas llevaban a sus hijos al estadio para que tuvieran la histórica oportunidad de ver a Sánchez en sus últimos días como profesional y las empresas de origen latino aprovechaban su imagen para las campañas publicitarias. Deportivamente, Dallas se sostenía con los goles de Jason Kreis (hoy entrenador de New York City), las paradas de Mark Dodd y las asistencias de Diego Soñora y Gerell Elliott. Hugo fue respetado y nunca dio motivos para pensar que se estaba aprovechando de la franquicia en el ocaso de su carrera, pero no dejó un recuerdo indeleble en la afición del Cotton Bowl más allá de sus siete goles. Al terminar la temporada hizo las maletas y se fue al Atlético Celaya donde, allí sí, puso fin a sus días como futbolista profesional.

La influencia de Hugo Sánchez en la historia del fútbol está fuera de toda duda (no en vano fue nombrado por la IFFHS el mejor jugador de la zona CONCACAF del siglo XX), pero en Estados Unidos, bien por los momentos elegidos, bien por las franquicias en las que aterrizó, no pudo convertirse en el fenómeno de masas que sí fue en México y España. A pesar de ello, no han sido pocas las veces en las que su nombre ha sonado para reforzar algún banquillo vacante entre las veinte franquicias que forman la MLS, quedando abierta la posibilidad de que haya una tercera parte en la historia intermitente que vincula a Hugo Sánchez con el soccer.

Agustín Galán

Periodista | Analista Premier League y MLS | Colaborador en Perarnau Magazine | Editor de Deportes en La Huella Digital.

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