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Guy Acolatse, el primer futbolista negro de la Bundesliga

La historia del jugador del St. Pauli en los años 70

En los años 60, solo los clubes de países europeos con fuertes lazos coloniales o aquellos que se podían permitir incorporar las estrellas brasileñas de turno, alineaban en sus equipos a jugadores de raza negra. En Alemania Occidental, aquello era todavía un tema tabú cuando un futbolista togolés de 21 años aterrizó en Hamburgo. Guy Acolatse fue más que el primer jugador negro de la Bundesliga. Su llegada al fútbol alemán supuso también un aire de modernidad para un país poco acostumbrado al multiculturalismo.

Acolatse no era una estrella, ni de lejos. En condiciones normales jamás hubiese firmado por un equipo alemán. Los germánicos no tenían imperio colonial desde hace décadas y mucho menos la costumbre de fichar a jugadores africanos. La mayoría de los equipos tenía a futbolistas locales y los pocos extranjeros que jugaban en la liga venían de los vecinos nórdicos o centroeuropeos. Quizás eso justifique, por si solo, la multitud que esperaba a un joven togolés el 14 de julio, cuando Acolaste aterrizó en Hamburgo y cogió un taxi para dirigirse a las oficinas de su nuevo club.

Allí, en el estadio, le esperaban miles de personas. Venían a comprobar si los rumores eran ciertos. Lo eran. Minutos después, el jugador firmó su primer contrato profesional y cambió para siempre el rostro del fútbol alemán.

Hamburgo era una de las ciudades más tolerantes para vivir una revolución en el fútbol alemán. 

El Bild le llamó la “Gacela negra”, hablando de su velocidad como si fuese un tributo animal y de su color de piel como un arma de camuflaje en los partidos nocturnos. Nadie sabía muy bien qué pensar en un país que hace poco venia de una cultura fomentada por un partido que difundía de forma clara la xenofobia y el racismo. La multiculturalidad siempre había sido mal vista en Alemania pero Hamburgo, ciudad portuaria del norte, era un pequeño oasis de civilidad. Y claro, era la ciudad del único club que firmaría a un jugador como él: el FC St. Pauli.

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El histórico y modesto club se había ganado la fama de representar el opuesto de los valores tradicionales germanos, bien encarnados por su poderoso vecino, el SV Hamburg, pero no era todavía el club contracultural que conocemos hoy. Eso sí, la llegada de Guy Acolatse ayudó a cambiar su percepción como el equipo más alternativo del país.

En Alemania tenían completo desconocimiento sobre la llegada de jugadores de raza negra a la Bundesliga. 

El futbolista tuvo una adaptación compleja al futbol alemán. La mayoría de sus compañeros –por no hablar del público– jamás habían visto a un negro y, durante los primeros meses en la ciudad, Acolaste era abordado constantemente en la calle con preguntas sobre una África imaginaria que parecía salida de un libro de Rudyard Kipling. Él mismo confesó más tarde que una de sus armas para librarse de sus marcadores era la de imitar gritos tribales para asustar a los defensores o decirles, incluso, que si hacía falta les morderíaa como si se tratara de un salvaje cuando el árbitro diese la espalda a la jugada.

Su gran apoyo, por entonces, fue también el hombre responsable por su inesperada llegada a Alemania, Otto Westphal. Anticipando lo que luego fue una tradición habitual en los entrenadores alemanes, Otto había sido seleccionador del Togo a principio de los 60. Fue ahí cuando dio de cara con el talento y la velocidad espantosa de Acolatse y, cuando el St. Pauli le invitó a asumir el puesto de entrenador, su prioridad fue lograr el fichaje de su jugador estrella en el combinado nacional.

Foto: Ndr.de

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Gracias al fichaje de Acolatse, el St. Pauli, por entonces un club de la Reggionalliga –la segunda división alemana– saltó a las portadas de los principales periódicos del país. Su contribución en el campo tampoco fue nada desdeñable. En su primera temporada, la de 1963/64, el togolés llevó a su equipo a los play-offs de promoción. En el partido decisivo, el St. Pauli terminó por caer ante un renovado Bayern Munich, por entonces, en los escalones inferiores del fútbol alemán.

En ese partido, Acolatse anotó el único gol pero su equipo terminó perdiendo por un claro 6-1. Eso sí, fue testigo de la historia alemana ya que el encuentro significó también el debut de un jovencísimo Franz Beckenbauer. El equipo no logró la promoción en los años siguientes pero el talentoso extremo seguía siendo noticia en los periódicos y llegó a recibir alguna que otra oferta de clubes de la Bundesliga para hacerse con sus servicios, pero ninguna terminó por concretarse.

Foto: 101greatgoals

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Su carrera se alargó casi una década, con un breve periodo al servicio del Unhelorst, otro club de un barrio de Hamburgo, pero Guy jamás volvió a repetir el nivel demostrado en sus dos primeros años con la camiseta del St. Pauli. En 1980 se cambió de Hamburgo a París, donde empezó a trabajar como entrenador de juveniles en distintos clubes de los barrios parisinos.

Acolatse no llegó a debutar en la primera división alemana pero, con la reorganización competitiva, sí fue el primer futbolista negro en actuar en la 2.Bundesliga. Lo que sí es innegable es que el togolés, cuando llegó a Hamburgo, ayudó a quebrar uno de los mayores tabús del fútbol alemán. Tuvieron que pasar largos años hasta que otros jugadores no europeos lograsen hacerse un hueco en la elite del fútbol alemán.

El coreano Cha Bum-Kun fue el primer representante ilustre del fútbol asiático -además de Yasuhiko Okudera- y Anthony Baffoe, un hijo de un diplomático ghanés, tomó el testigo de Acolaste como la primera gran estrella africana de la Bundesliga cuando debutó al servicio de Köln en 1983. Habían pasado 20 años desde ese vuelo que aterrizó en Hamburgo y abrió el fútbol alemán a una nueva realidad, perdida en las carreras sinfín de Acolatse.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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