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El día que Gary Neville rechazó a Schmeichel

El defensa nunca perdonó la marcha del portero danés

Ganó una Champions agónica y se marchó. Convertido en una de las leyendas del club, el posiblemente mejor portero de su historia dejó un hueco irremplazable. Pero no hubo flores y agasajos en su regreso. Con 39 años a Schmeichel todavía le quedaban ganas de ponerse los guantes. Tras custodiar las porterías del Sporting de Portugal y del Aston Villa el que fuera guardián del Teatro de los Sueños decidió volver a Manchester. Pero lo hizo en la acera contraria, fichando por el rival ciudadano, el City.

Fueron muchos los que entendieron aquel movimiento como una osadía, como una falta de respeto a la afición y al escudo que durante 8 años había defendido. Fue su última temporada como profesional y Schmeichel pensaba más en el futuro que en el pasado. Hasta allí, hasta Maine Road llegó en la temporada 2002/2003 en gran medida para asegurar el porvenir de su hijo Kasper, al que enroló en las categorías inferiores de los citizen una vez concretó su fichaje.

Para hombres como Gary Neville aquello fue toda una traición. Uno de los Fergie’s Boys más leales, ese lateral que se hizo con el carril derecho a base de pundonor, garra y profesionalidad durante más de una década, no entendía que un red devil pudiera desteñir en citizen. El mayor de los Neville llevaba grabado a fuego su pasión por el United y tras suceder al gran Paul Parker en el lateral derecho cumplió su sueño de infancia, años difíciles en los que su equipo alternaba la segunda división con los años de dominio del Liverpool, el rival histórico. Quizá por ello, cuando Ferguson le dio la oportunidad de su vida no permitió que nadie le quitara el puesto. El mejor amigo de David Beckham en ese vestuario fue siempre un tipo caliente y rebelde, de escaso talento pero imprescindible siempre en un equipo.

Su eterna pose, brazos en jarra y cara de concentración extrema, a la salida de los vestuarios se agigantó aún más ese día. Schmeichel aparece en la imagen al fondo de los vestuarios y camina compartiendo saludos y miradas cómplices entre sus antiguos compañeros. El cancerbero danés gana metros a lo largo del túnel hasta encabezar la fila de su nuevo equipo. Es entonces cuando Neville demuestra el honor de un capitán, pensarán algunos, o una total falta de respeto por un antiguo compañero, reflexionarán otros. En cualquier caso, si aquel primer encontronazo pudo suponer todo un gol para la moral de Schmeichel, sobre el césped pudo resarcirse.

Gary Neville no perdonó que su compañero Peter Schmeichel decidiera cambiar el rojo del United por el azul del Manchester City

El día de la clausura de Maine Road, el City se impuso 3-1 a sus vecinos con el danés en la portería. En el partido de vuelta, en febrero de 2003 los citizen consiguieron un empate en el Teatro de los Sueños y Peter pudo retirarse con un récord histórico: 19 derbis de Manchester disputados a lo largo de 9 temporadas con las dos camisetas y ninguna derrota. “¿Perder yo? Ni en broma”. No hablaba de los saludos.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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3 Comments en El día que Gary Neville rechazó a Schmeichel

  1. Me parece una bobada por parte de Gary Neville, y una actitud a erradicar. Ya vale de flipar a los crios con esas mierdas. Luego no se fijan en lo fundamental.

    Gran trabajo la página! Disfruto leyendola. Saludos.

  2. albertonotienesrazon // diciembre 2, 2015 en 8:14 pm // Responder

    Eso es amor a unos colores.

  3. El amor a unos colores no esta reñido con la profesionalidad que deben mostrar los jugadores, es un ex compañero que cuando vestía la camiseta de su equipo lo dio todo igual que él. Ahora su hijo Kasper también es campeón de la Premier. Yo soy del Oviedo, y si me dedicara al fútbol profesional puedo asegurarte que jamás jugaría en el Sporting, pero si un compañero decidiera lo contrario, no le negaría el saludo, de eso si estoy seguro. Un saludo.

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