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El Grande Torino y los Angeli del Filadelfia

La trágica historia de un equipo de leyenda

STADIO FILADELFIAAquellos ‘40 vivieron su esplendor. Por sus muros se filtraron mitos e historias de otros tiempos. Sobre su césped esculpió su leyenda uno de los equipos más grandes de siempre. El Grande Torino. Ahora, entre escombros y especulación, ve pasar el tiempo detenido para siempre junto a la Basílica de Superga. Sólo unos cuantos valientes  se preocupan por él. Una romántica iniciativa que mantiene al Filadelfia agarrado a la vida.

Carlo decidió sentarse. A su edad ya había rebasado el límite de pasos permitidos para un corazón cansado como el suyo. Desafió a su físico y trepó hasta lo más alto de aquel pedazo de grada que aún hoy custodiaba el viejo córner. La conquistó y con gesto de satisfacción acomodó su maltrecho cuerpo sobre aquella desgastada piedra. Habían pasado muchos años desde que allí sentado volvía a tener ante sus ojos el Filadelfia. Casi tantos como la última vez que sobre su verde pasto vio correr a los héroes de su Torino. Imágenes que todavía hoy llevan a sus ojos las lágrimas de la nostalgia y a su mente a los actores de aquellas fantásticas actuaciones a los que imagina dispuestos para una nueva exhibición.

Sobre el ahora pasto verde y descuidado del Filadelfia, el Torino vio correr al mejor equipo de su historia

Bastaría un simple filtro en color sepia para plantarse en aquellos duros años 40 en Turín. La decadente situación actual de aquel estadio, nacido en 1906, evocaba tiempos pasados y abría de par en par a su imaginación los libros más bellos escritos por aquel mítico grupo de jugadores que formaron parte del Grande Torino.

Carlo mira alrededor. Dos enormes toros continúan custodiando la casa del pueblo granata. Varias frases pintadas ponen un hilo de voz a sus muros derruidos. Algunas jeringuillas, gritan por el auxilio de la actual decadencia. Las porterías, blancas de nostalgia, y sus redes con el dolor aún presente por la cantidad de impactos recibidos. El ruido del viento se asemeja al aliento de aquella masa enamorada de su Toro. Un equipo que por sí solo fue capaz de representar a Italia en Europa pintando la azzurra de granate con 10 titulares en su selección. Un país que necesitaba el estímulo de los éxitos de estos hombres convertidos en héroes para superar la depresión a la que le sumió la recién acabada II Guerra Mundial.

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Carlo cierra los ojos. Quiere recordar aquello como lo era entonces. Quiere ver subir por las escaleras de sus entrañas dos escuadras que practiquen un fútbol que hoy sólo vive en la memoria. El del ímpetu y la fuerza. El de los símbolos y las grandes hazañas. A un lado el Torino. Camisa grana ceñida y gran calzón blanco. Al otro cualquiera, no importa. Un vistazo a un Toro sobre un pecho granata hacía pequeño al rival más preparado. Y si este lo pone difícil, allí están los 15.000 del Filadelfia para recordarle al carismático Oreste Bolmida, jefe de la estación de tren de Turín situada junto al Estadio y entusiasta seguidor del Torino, que debe tocar a arrebato. Bolmida, conocido como il trombettiere del Filadelfia’, toca con fuerza su cuerno. Los muros del Filadelfia se estremecen y parecen fundirse con las gargantas de sus gentes. El estadio es un clamor con su Torino, Mazzola se remanga su camisa y en poco la máquina hace añicos a su rival. Partido remontado. Era conocido como el ‘quarto d´ora granata’. Quince mágicos minutos para unos muchos y un cuarto de hora infernal para otros pocos.

Bajo la atmósfera de aquel mágico Filadelfia cualquier cosa era posible. Las acrobáticas paradas de Bacigalupo, el ritmo infernal de Rigamonti, los goles imposibles de Gabetto, el liderazgo de Mazzola… Eran héroes de otros tiempos, hombres que enfundados en la camisa del toro embestían al rival hasta hacerlo enloquecer, hinchaban de orgullo al turinés menos futbolero y esculpían la leyenda de una escuadra invencible. Victorias aplastantes, resultados imposibles y goleadas insultantes daban forma a un equipo de leyenda dueño de un fútbol hasta entonces nunca visto. Cinco Scudetti consecutivos les contemplarán, del 45 al 49. Pero no habrá Copas de Europa que los inmortalice ni Balones de Oro que los reconozca entre las listas de los más grandes. Quizá por ello su leyenda sea mayor. Por eso y por el triste final que bajo la niebla de aquel 4 de mayo de 1949 les esperaba junto a la Basílica de Superga en Turín a la vuelta de un amistoso en Lisboa. Entre los hierros de aquella nave quedó enterrado aquel equipo. Para la huérfana Italia había nacido el mito.

Bajo la niebla de aquel 4 de mayo de 1949, el avión del Torino se estrelló junto a la Basílica de Superga de Turín después de un amistoso en Lisboa.

El murmullo de unas voces extraen a Carlo de su sueño. Absorto, localiza su procedencia y mira a sus dueños extrañado. Conforme se van acercando su vista cansada distingue el color grana de entre los demás. Son de los suyos. El Toro sobre el pecho lo acaba por confirmar. Son los Angeli del Filadelfia, jóvenes tiffosi del Torino que como iniciativa particular acuden cada cierto tiempo para lavar la imagen del teatro de los sueños de sus padres y abuelos. Obligados a abandonar su casa del Filadelfia desde mitad de los 60, los hinchas del Torino ven desde la desesperación cómo la clase política turinesa especula sin escrúpulos con lo que ha sido y es un símbolo de su club y su ciudad.

Grande Torino

Adecentan y limpian de jeringuillas los aledaños de las gradas y cortan el césped lo suficiente para que aquello se asemeje a lo que antaño fue un campo de fútbol. No quieren que los relatos transmitidos de padres a hijos mueran sepultados bajo inmensos tallos de hierba amarillenta. Carlo Bolmida les sonríe. Le han despertado de su sueño sí, pero en el fondo agradece la emocionante iniciativa de unos jóvenes que no quieren ver morir para siempre el más bello legado que su club, que hoy camina sin más pena que gloria por la Serie A, dejó junto a la via Filadelfia de Turín.

Aunque en ese precario estado el Filadelfia cautiva más a su memoria en su viaje a través del tiempo, agradece que ese césped esté preparado por si un día el pitido de un tren que arriba a la estación turinesa, despierta de aquella triste pesadilla en Superga a los Rigamonti, Gabetto y Mazzola. No sea que los fantasmas del Gran Torino crean haber oído la trompeta de papá Bolmida y no dispongan del mejor Filadelfia para demostrar al mundo entero durante un cuarto de hora quién es el equipo italiano más grande de todos los tiempos….

Por Luis Ángel Gómez López

Twitter: @39GradosFutbol

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Luis Ángel Gómez

"Dame un balón y yo te devolveré una historia". Colaborador de Kaiser Football, escribiendo sobre el fútbol que se siente. Zaragoza, 1976.
Twitter: @39gradosfutbol

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