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Estrella Roja 90’s. El canto del cisne de la Europa del Este

La historia de un equipo de leyenda

Durante los años previos a la caída del Muro de Berlín, aparecieron excelentes conjuntos en la Europa del Este. En la Unión Soviética, el Dinamo de Kiev de Zavarov y Belanov, ganaba la Recopa de 1986. Precisamente ese equipo daría forma a la URSS que llegaría a la final de la Eurocopa 88. En Rumanía, presumían de tener al hasta entonces primer campeón europeo del este, el sorprendente Steaua. Además, bajo el liderazgo de Hagi, se gestaba la fenomenal selección rumana que acudiría a Italia 90 y USA 94. Y en Yugoslavia, más allá de las tensiones nacionalistas cada vez más evidentes, y de la Jugoplastika de Kukoc, aquella generación que liderada por Prosinecki, ganaba el Mundial Juvenil de Chile, tendría su continuación, en quien es hasta la fecha, el último campeón europeo del este, el Estrella Roja de Belgrado.

Fundado en 1945 por una agrupación de jóvenes antifascistas, para el Crvena Zvezda los años comprendidos entre 1986 y 1991 serían los mejores de su historia. Ser el club más popular de Yugoslavia, le permitía moverse bajo una cómoda situación económica, basada en venta de entradas, ingresos televisivos, merchandising e incontables traspasos. Gracias a ello y a la compleja situación laboral de los futbolistas del este, en Yugoslavia, no podían salir al extranjero hasta cumplidos los 26, y en Rumanía o URSS debían incluso esperar más. El mito Dragan Dzajic, primero jugador, luego presidente y director deportivo de la entidad, trazó un plan tan ambicioso como arriesgado. En cinco años debía gestarse, fichando a lo mejor del país, un equipo que pasara, de dominar el fútbol yugoslavo, al europeo. ¿Como? Muy sencillo. Valiéndose de la capacidad integradora de un club que presumía de su acogida a futbolistas sin importar la procedencia en una región que se tambaleaba. El primero en llegar, era el gran talento que aún quedaba en Yugoslavia tras la marcha de Susic al PSG.

En 1986, Dragan Stojkovic fichaba procedente del Radnicki Nis para liderar al nuevo Estrella Roja. Tras él, vendría el versátil Refik Sabanadzovic, recordado por el marcaje a Maradona en Italia 90. El lateral zurdo Slobodan Marovic y Robert Prosinecki, llegaban desde la zona croata, el primero del Osijek y el segundo del Dinamo de Zagreb. Desde el Vardar Skopje, lo hicieron, nada menos que, el mejor delantero y  marcador central del país, Darko Pancev e Ilja Najdoski. Del Buducnost de Titograd aterrizó la zurda mágica de Dejan Savicevic, y del Steaua llegó el fichaje más polémico en la historia del fútbol balcánico, Miodrag Belodedici. El líbero rumano, considerado uno de los mejores de Europa, recaló en Belgrado tras pedir asilo político, algo que le costaría una condena de cárcel, anulada tras el triunfo de la Revolución rumana que acabaría con Ceaucescu. Con este ramillete, junto al portero Stojanovic, el lateral derecho Radinovic y el canterano Stosic, se ganan dos Ligas y una Copa, y se deja una excelente impresión en la Copa de Europa 88/89, donde tras un partido suspendido por la niebla, se cayó con el Milán de Sacchi en los penaltis.

De todos los puntos del país comienzan a llegar los mejores futbolistas, sin importar la región de procedencia

Sin embargo, si esperan dos meses -visto su partido contra España, pudieron sacar más tajada. El Estrella Roja, club vendedor por antonomasia, se ve obligado a traspasar a su gran estrella. 900 millones de pesetas, tienen la culpa del fichaje de ‘Pixie’ Stojkovic por el Olympique del nuevo mecenas europeo, Bernard Tapie. Cifra récord en Yugoslavia, que en lugar de debilitar al equipo, provoca que jóvenes como Savicevic y Prosinecki adquieran más protagonismo y el club acometa el hasta entonces mayor traspaso en la historia del país. Desde la Vojvodina de Novi Sad y por 120 millones de pesetas, llega el mejor lanzador de faltas que ha conocido Yugoslavia, Sinisa Mihajlovic. Junto a él y también desde Novi Sad, el nuevo entrenador Ljubinko Petrovic, sustituye la marcha de Sekularac a México y desde la cantera asciende el joven mediocentro Vladimir Jugovic. Además, el rapidísimo delantero Dragisa Binic, regresa de su pobre paso por el Levante.

Con estos mimbres y tras fichar a lo más selecto del país, el Estrella Roja acomete el gran sueño de la temporada. La última Copa de Europa tal como la conocemos, eliminatorias a cara o cruz que permiten un Real Madrid-Nápoles en primera ronda o un Galatasaray-Steaua en semifinales y que tendrán su punto y final en esta campaña 1990/1991. En la siguiente, a pesar de recibir aún el nombre de Copa de Europa, aparecerá definitivamente el sistema de liguillas, paso previo a la Liga de Campeones.

Los nuevos cambios en el panorama europeo, y no solo en el mapa, colocan a los yugoslavos como claros outsiders a los principales favoritos, y es que excepto en Marsella, es una época de transición. El Nápoles de Maradona, el Madrid de la Quinta, ya sin Martín Vázquez y el Milán de Sacchi, finalizan ciclo, lo que abrirá el abanico de posibilidades y permitirá la aparición del sorprendente Spartak de Moscú.

El primer obstáculo europeo, es el Grasshopper suizo de Ottmar Hitzfeld y un puñado de futbolistas posteriormente conocidos por sus actuaciones con la selección, como el hispano suizo Ramón Vega, Bickel, Sutter y un jovencísimo Sforza. Sin embargo, un pésimo partido en la ida del ‘Pequeño Maracaná’ de Belgrado -resuelto con 1-1- provocó una avalancha de críticas hacia el técnico Petrovic, incapaz de conectar con una hinchada que lo tildaba de inepto y provinciano. Este, incluso, pensó en dimitir. Entonces, pocos imaginaban el final que deparaba.

No obstante, la vuelta en el Hardturm de Zurich fue diametralmente opuesta. El Estrella Roja realizó un fenomenal encuentro y ganaría 1-4, con doblete de Robert Prosinecki desde los once metros y goles de Radinovic y Pancev. Ese partido, marcaría la trayectoria yugoslava en Europa y afianzaría la figura de Petrovic, pasando de inepto a la categoría de genio meses después.

Así jugaban

El Estrella Roja de Ljubinko Petrovic, representaba como nadie, la excelente aglomeración de talento que creció en Yugoslavia durante los ochenta, recibiendo por ello, el nombre de “La Brasil de Europa”. Bajo un clásico 4-4-2, el joven equipo yugoslavo, destacaba por su mortífero contragolpe, gracias a la tremenda velocidad de sus atacantes, combinado con un fútbol ofensivo, de buen trato del balón dado el altísimo nivel técnico de sus estrellas, y por el trabajo y contundencia defensiva que ofrecían los actores secundarios.

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Un equipo de leyenda

Stojanovic, con solo 26 años y casi una década en el club, era el guardameta y capitán. Firme y con facilidad para detener penaltis, sorprende que en una época donde Ivkovic era el cancerbero de la selección, no tuviera oportunidades en el once plavi. En la defensa formaban el rápido e incisivo Radinovic por la derecha y el buen marcador Marovic por la izquierda, más contenido ante la excesiva alegría ofensiva del primero. El durísimo Najdoski, jugaba como marcador central y como líbero lo hacía el cuarto hombre en importancia del equipo, el elegante y eficaz Belodedici, un referente europeo en su posición que pasaría sin pena ni gloria por España.

Jugovic, al que Radomir Antic haciendo gala de su patriotismo calificaría como el “mejor futbolista del mundo”, ocupaba el mediocentro con un perfil defensivo, táctico y recuperador. A su lado estaba un Mihajlovic diferente al central que conocimos en Italia. En este Estrella Roja, destacaba por su continuo despliegue físico, llegada y como siempre, fenomenal golpeo. Ambos liberaban a los dos mayores  talentos, no solo del Estrella Roja, también de lo mejor que había en Europa, Savicevic y Prosinecki. Con total libertad de acción, intercambiaban posiciones y aparecían por cualquier parte. Savicevic era un zurdo desequilibrante, con una velocidad en conducción fenomenal y una técnica depurada. Prosinecki era el creador, la estrella, el mejor joven de Europa. Poseía un manejo del balón excepcional combinados con un regate, visión de juego y golpeo igual de excepcionales. Jamás recobraría el nivel de aquellos años.

En ataque formaban Binic y Pancev. El primero era conocido como “el futbolista más rápido de Yugoslavia”, vertical y trabajador, es curioso, como en un año pasó de suplente en el Levante a indiscutible en el Estrella Roja. La “cobra” Pancev era un rematador de primer nivel europeo, uno de esos delanteros que se mueven como nadie dentro del área y que con media ocasión ganan un partido, por ello, era comparado con Gerd ‘Torpedo’ Muller. Ambos ejecutaban a las mil maravillas el contragolpe.

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Una complicada Copa de Europa

El primer rival serio no se hizo esperar y en octavos de final tocó el siempre complicado Glasgow Rangers. Los escoceses, al igual que yugoslavos estaban inmersos en la mejor época de su historia y ya habían encadenado dos ligas seguidas, camino de las nueve que conseguirían. Mucho internacional inglés como el guardameta Woods, Gary Stevens, Butcher, Trevor Steven o Hateley y sus homónimos escoceses Gough, McCoist y Mo Johnston, eran sus principales nombres. Sin embargo, el 3-0 de Belgrado, dejaría una eliminatoria -a priori complicada- vista para sentencia. Los goles de un excepcional Prosinecki, Pancev y Brown en propia puerta, dejaron el camino libre para cuartos. En Glasgow, una gran volea de Pancev establecía el definitivo 1-1.

En cuartos, esperaba el penúltimo representante de la Alemania Oriental en la Copa de Europa, el último sería el Hansa Rostock que se enfrentaría al Barcelona el año siguiente. El sorprendente Dynamo de Dresden de Uwe Rosler, tampoco sería rival y en un ‘Maracaná’ enfervorecido, de nuevo Prosinecki, Binic y Savicevic, colocaban el casi definitivo 3-0. La vuelta, marcada por los altercados en la grada cuando el marcador señalaba 1-2, terminaría con la clásica sanción de la UEFA y el 0-3 favorable a los yugoslavos.

El penúltimo paso hacia la corona europea era el más difícil. El Bayern de Munich aguardaba en semifinales. Liderados por el incombustible líbero Augenthaler, a su lado figuraban varios campeones mundiales en Italia como Aumann, Reuter, Kohler, Olaf Thon y Pfluger además de los jovencitos Effenberg y Brian Laudrup. Sin embargo, los alemanes, tras la marcha de Matthäus al Inter, adolecían de ese futbolista desequilibrante que sobraba en el Estrella Roja. La ida en Munich, fue un ejemplo de ello. Tras adelantarse por medio del potente delantero Wolfhart, una exhibición de contras -como pocas veces se ha visto en Europa- volteó el marcador en favor yugoslavo con goles de Pancev y Savicevic, este último tras una galopada impresionante. Europa ha visto a un Estrella Roja tremendamente sólido y efectivo, con tres futbolistas absolutamente estelares, Prosinecki, Savicevic y Pancev. Su trío mágico.

La caldera del ‘Pequeño Maracaná’ y sus 90.000 hinchas, debe llevar en volandas al Estrella Roja a la final. Mihajlovic, con un lanzamiento de falta, coloca el 1-0. Pero el orgullo bávaro da la vuelta al encuentro con el 1-2 que parece conducir a la prórroga. Sin embargo, en la última avalancha yugoslava, será Augenthaler el que, ayudándose del error de su portero Aumann, coloque el definitivo 2-2 en un gol tragicómico, de esos que suceden una vez de cada cien. Por primera vez en su historia, el Estrella Roja, está en una final de la Copa de Europa, dispuesto a completar el plan trazado cinco años antes.

Espoleados por el infernal ambiente del ‘Pequeño Maracaná’ e invictos en la competición, 25 años después, un equipo yugoslavo regresaba a la final de la Copa de Europa. El destino fue caprichoso y el rival en el bonito San Nicola de Bari, sería el Olympique de un Stojkovic que pasó de ídolo en Belgrado a carne de banquillo en Marsella. Inversamente al Estrella Roja, los franceses llegaron a la cúspide europea a golpe del talonario de su presidente Bernard Tapie. Dirigidos por Beckenbauer en los despachos y el estratega belga Goethals en el banquillo, el Olympique destacaba más allá de florituras en el mediocampo, por su poderío en las dos áreas.

La portería era defendida por el irregular Olmeta. Una defensa de cinco hombres, con el fenomenal líbero brasileño Mozer, dos potentes marcadores como Bolí y Casoni y dos carrileros, Amorós y Di Meco, este más ofensivo. Ante la ausencia del lesionado Bernard Pardo, Fournier y Germain trabajaban a destajo en el mediocampo para liberar a su trío ofensivo, el talentoso extremo inglés Waddle, el ghanés Pelé y su estrella y mejor nueve europeo, Jean-Pierre Papin. Un futbolista de condiciones similares a Pancev, y con un remate al primer toque, solo comparable al de Hugo Sánchez. Con esos mimbres, finiquitaron el ciclo europeo del Milán de Sacchi y acabaron con el sorprendente Spartak de Moscú de los Kulkov, Karpin, Shalimov, Mostovoi y Radchenko en semifinales.

Para aislarse de la locura y exaltación que invadía a la hinchada, Petrovic concentró a su equipo en Bari una semana antes del partido. Un poco de tranquilidad era necesaria para un equipo que había perdido la final copera varios días antes y donde cada futbolista llegaba con una oferta bajo el brazo. El Toulon y el Sochaux andaban tras Stojanovic y Sabanadzovic. Osasuna y  Aston Villa, perseguían a Najdoski y Marovic y a las tres figuras, Prosinecki, Savicevic y Pancev, se los rifaban Real Madrid, Atlético, Milán y el propio Marsella.

El 29 de Mayo de 1991, Estrella Roja y Olympique saltaron al San Nicola de Bari sin un claro favoritismo por ninguna de las dos partes. Sin embargo, Petrovic varió claramente su estilo. La titularidad de Sabanadzovic, más disciplinado y acostumbrado a fijar estrellas rivales por el ofensivo lateral derecho Radinovic, así lo demostraban. El objetivo era claro, anular la mayor virtud francesa, el contragolpe, regalando la posesión a un equipo que no se encontraba cómodo con ella.

Así, serían los yugoslavos quienes, esperando el error francés, enlazarían una contra mortal. Ni unos ni otros, consiguieron su objetivo, las defensas se impusieron a los ataques, Waddle, Papin y Pelé y Prosinecki, Savicevic y Pancev pasaron desapercibidos, convirtiendo la final en una de las peores que se recuerdan y llevándola con el 0-0 irremediablemente a los penaltis. Y aquí, si había ventaja yugoslava, tanto en la portería con un especialista como Stojanovic, como en los lanzadores, algunos de ellos, los mejores del continente. El primero, Prosinecki no falló y el error francés no se hizo esperar. Stojanovic, atajaba el primer penalti a Manuel Amorós. La tanda, avanzaba sin error alguno, Binic, Casoni, Belodedici, Papin, Mihajlovic y Mozer, respondían con acierto. Por lo tanto, en los pies de Pancev, recaía la responsabilidad de conseguir el mayor éxito en la historia del fútbol yugoslavo. La cobra no falló, y su latigazo por el centro de la portería daba la Copa de Europa al Estrella Roja.

Era el triunfo de una espléndida generación de futbolistas que creció mientras la guerra llamaba a sus puertas. Un año después, nada quedaba de aquel equipo, los tanques estaban en la calle, mientras Prosinecki, Pancev, Savicevic, Jugovic, Belodedici y Mihajlovic, se repartían entre España e Italia. 23 años después, el Estrella Roja sigue siendo el último equipo de la Europa del Este en ganar una Copa de Europa.

Jesús Núñez

Apasionado del fútbol de los '80 y '90. Encargado de la redacción de reportajes históricos en la sección de las Guías Vintage.

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3 Comments en Estrella Roja 90’s. El canto del cisne de la Europa del Este

  1. Muy bueno el articulo!

  2. Memorable club, honorable afición.

  3. Es hora de buscarlos en vídeos.

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