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El Xerez de Bernd Schuster y lo que al final no fue

Un equipo para el recuerdo

En el fútbol, como en la vida, dicen que la historia la escriben los ganadores, que nadie recuerda a aquellos que cayeron en la batalla, aunque su resistencia fuese digna de mención. Sin embargo, en los inicios del siglo XXI hubo un equipo en pleno corazón de la provincia de Cádiz que no venció, pero que dejó una huella tan profunda que hoy se sigue pudiendo rescatar en forma de fósil para analizar lo que pudo ser y no fue. Aquel conjunto que durante tantas semanas se disfrazó de gigante fue un Xerez Deportivo recién ascendido a la categoría de plata del balompié nacional y dirigido por Bernd Schuster.

Eran otros tiempos de fútbol en Jerez de la Frontera. Su club llevaba algunas décadas paseándose entre Segunda B y Segunda División, sin llegar a asentarse de manera definitiva en la última. Con el ascenso de la 2000/01, Luis Oliver, presidente de la entidad, decidió que era el momento de asentar las bases de un nuevo proyecto. De este modo, Máximo Hernández fue sustituido en el banquillo por un novato, Bernd Schuster. Contar con una leyenda del fútbol para dirigir la etapa en Segunda fue el primer salto cualitativo del nuevo Xerez.

El Palmar fue testigo durante muchas jornadas de lo que pudo ser uno de los mayores hitos del deporte rey en España.

Con Chapín en reformas, los gaditanos se vieron obligados a iniciar la temporada en el estadio de El Palmar, un lugar idóneo para los más nostálgicos del auténtico entorno modesto y rudimentario que hasta no hace mucho envolvía la división de plata del fútbol nacional. Apenas cuatro mil personas eran necesarias para abarrotar el coqueto campo xerecista, situadas muchas ellas de pie, tras una de las porterías, recordando aquellos infiernos sobre los que sustentaban sus triunfos los equipos locales de Segunda B. Ese humilde recinto fue testigo durante muchas jornadas de lo que pudo ser uno de los mayores hitos del deporte rey en España.

Con un vestuario en el que nadie sobresalía, Bernd Schuster fue capaz de confeccionar un equipo sólido que rara vez dejaba alguna concesión a sus rivales. Tres victorias en las tres primeras jornadas colocaron al Xerez líder. Con nueve puntos sobre nueve, el discurso de un humilde recién ascendido no podía ser otro: la salvación estaba más cerca. No obstante, los azulones se lo empezaron a creer gracias a sus escasas cinco derrotas en los veinte primeros encuentros ligueros. Luchar por no descender apenas era un aperitivo para un equipo que ya pedía pasar al plato principal.

Foto: Falso 9

Foto: Falso 9

Cimentados sobre una magnífica defensa que dejó hasta en dieciséis ocasiones su portería a cero, el equipo de Schuster no necesitaba golear a sus rivales. El alemán encontró el equilibrio perfecto de la mano de un vestuario tan implicado como trabajador. Por separado, ningún jugador xerecista marcaba la diferencia. Unido, el bloque era invencible. La portería la custodiaban, a ratos, Ramón Martí y un Luis García que no tardaría en dar el salto a Primera División para, entre otras cosas, ganar una Supercopa de España con el Real Zaragoza en 2004. En la zaga, Jesule acompañaba, día tras otro, a un Mendoza que, a la postre, se ha convertido en el icono más representativo del xerecismo. El actual presidente de la AFE, Luis Rubiales, Kutschera o Antonio, también fueron una pieza clave de esa zaga en la que se sustentó aquel heroico Xerez.

Moreno, Cubillo y Cañizares conformaban la columna vertebral en el centro del campo. Centrocampistas de trabajo, sin virguerías, sin excesos, escasos de técnica pero con unas nociones tácticas descomunales. Mediocentros idóneos para los tiempos que corrían en la Segunda División española. La magia era cosa de Katxorro. Al igual que su equipo, el joven interior era una joya que en esos momentos parecía no tener techo. A su exquisita calidad, el de Barakaldo sumaba un grandísimo golpeo. Pineda y Mena, con catorce y doce goles respectivamente, fueron los que más aprovecharon la impecable técnica del interior. Ambos fueron el gol de un equipo que no necesitaba mucho más para ganar sus encuentros.

Jornada a jornada, el Xerez iba dejando rivales atrás con un oficio pocas veces visto en un recién ascendido. El conjunto azulón se deshacía de su oponente asestándole un único golpe, pero tan certero que era suficiente para amarrar la victoria. Cual ratón que poco a poco va perdiendo su movilidad por culpa de la mortal picadura de la serpiente, el rival era consciente de que un gol xerecista, en la mayoría de los casos, significaba la perdición. Cuando el equipo de Schuster picaba, el contrario caía impotente ante la fuerza azulona, consciente de lo cerca y a la vez lejos que estuvo el triunfo en todo momento.

Foto: Furia Xerez

Foto: Furia Xerez

El Xerez se plantó en la jornada 33 con 59 puntos, segundo, y a dos victorias del Racing de Santander, cuarto clasificado. El panorama era tan esperanzador como inesperado a principio de temporada. Sin embargo, la fogosa luz gaditana se apagó de pronto. Lo que antes era un triunfo cómodo se convertía en un empate a tres ante el Leganés. Lo que antes salvaba Ramón Martí y metía Pineda para ganar por 1-0 se transformaba en derrotas ante Levante y Salamanca. Con este panorama, los azulones encadenaron ocho semanas consecutivas sin conocer la victoria. La última, en El Colombino, hizo que el mejor Xerez jamás visto hasta entonces dijera adiós de manera definitiva a la Primera División. El triunfo en la última jornada ante el Oviedo solo sirvió para que la afición premiara a los suyos por el gran trabajo realizado durante la temporada.

Esta es la historia que escribió un conjunto de hombres que no pudieron ganar, pero que lucharon en una batalla a la que no estaban invitados. Un inexperto Bernd Schuster comenzó a construir lo que en la 2008/09 se convirtió en un imperio. El Xerez tocó el cielo esa temporada ascendiendo por primera vez en su historia a Primera División. El dios del fútbol es caprichoso, juguetón, incluso antipático por momentos, pero jamás olvida. Y a Jerez de la Frontera le debía gran cosa. Esa localidad gaditana, años antes, vio cómo un grupo de valientes hizo frente a innumerables colosos que, ilusos, buscaban aprovecharse de un vulnerable recién ascendido. Ninguno pudo. Y es que, si fueron los azulones los que se encaramaron a lo más alto de la Segunda División, también fueron ellos los que, por el vértigo, bajaron de ahí. Los ganadores no siempre vencen, y es por eso que la historia también la pueden escribir vestuarios como el Xerez de Schuster. Un equipo que quiso ser tenido en cuenta. Y vaya si lo consiguió.

César Vargas Cámara

El periodismo que me gusta está plasmado aquí. Solo hay una cosa que prefiera antes que el mar Mediterráneo: el estadio que lleva su nombre.
Twitter: @_CesarVargas

2 Comments en El Xerez de Bernd Schuster y lo que al final no fue

  1. Espectacular! No conoscía que Schuster entrenó al Xerez y que hizo parte importante de la storia!

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