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Ferrán Corominas, el niño que siempre creyó

El salvador 'perico'

Coro 2

Seis minutos de descuento mostraba en su tablilla el auxiliar de un jovencísimo Undiano Mallenco. A esas alturas, no eran seis minutos para confiar. Era lo que iba a durar la agonía en el Olímpico de Lluís Companys antes de caer desplomados, inertes, habiéndolo intentado todo para sobrevivir. No había consuelo. El gol de Bodipo en Mendizorroza tan solo doce minutos antes situaba al Alavés por encima de un Espanyol que en esos momentos era de Segunda División.

No parecía ser el día. También era mala suerte que justo en la última jornada de la 2005/06 todo saliera al revés, aunque la temporada se había dado bastante mal ya de por si. Ese 13 de mayo, el aficionado perico llevaba una hora y media siendo un simple divertimento para aquel niño adulto sin conciencia ni remordimientos que es el destino. Todo había sido demasiado trágico como para tener fe en que esos seis minutos de descuento cambiarían un devenir que se antojaba escrito.

Bastante rota había quedado la ilusión de ese seguidor espanyolista que vio cómo Jarque, Corominas y Luis García estrellaban sus ilusiones esféricas contra los postes de la portería de Alberto. Sí, Alberto. Porque, aunque no lo parezca, había un rival enfrente. Se llamaba Real Sociedad, pero este detalle poco importaba en esos trágicos momentos. Bastante rota había quedado la ilusión de ese seguidor espanyolista que vio cómo su mejor jugador, De la Peña, apenas pudo aguantar cuarenta minutos sobre el césped por culpa de una lesión. El talentoso y desdichado mediapunta dejó su sitio a Coro. En ese instante poco importó el detalle. Bastante rota había quedado la ilusión de ese seguidor espanyolista que veía cómo sus gritos de aliento, sumados a otros 49.000, eran en vano, pese a que Montjuïc presentaba, con diferencia, la mejor entrada de la temporada. Bastante roto quedó todo cuando Bodipo batió a Molina en el minuto 78. El Alavés hacía los deberes frente al Deportivo de la Coruña.

Tamudo, Luis García, Coro, Pandiani y Posse. Lotina lo tenía todo sobre el terreno de juego. Un 3-2-5 que emulaba épocas pasadas en las que la pizarra no tenía espacio en el mundo del fútbol. El panorama era desolador. Al menos, pensaba el pesimista aficionado perico, ellos eran el único equipo de todo el fútbol español que había ascendido al año siguiente de descender. Nunca habían pasado dos temporadas de manera continuada en Segunda División. Un consuelo mínimo, pero algo a lo que aferrarse.

Sin embargo, había una persona entre las 49.000 allí reunidas para la que el pesimismo no tenía cabida. La única persona que se agarraba a un clavo ardiendo. Un niño que sabía que no había sido casualidad que el guión del partido lo situara en el campo a los cuarenta minutos de juego. Espanyolista de toda la vida, Ferrán Corominas se emocionaba cada vez que echaba la vista hacia el oscuro panorama de las lejanas gradas de Montjuïc. Él no podía venirse abajo. Si alguien que llevaba toda la vida siendo blanquiazul no lo hacía, ¿quién salvaría al Espanyol? Entonces, cuando vio el cartelón con los seis minutos de añadido, el delantero decidió que no iba a dejar que la agonía de sus semejantes durara tanto.

Foto: elmundoEl balón en largo, a la desesperada, lo peinó Pandiani a las entrañas del área. Si Labaka hubiera medido un centímetro más, habría alcanzado a cortar ese esférico prolongado. Pero el lateral, en su pubertad, se quedó en 1’85 metros, y su fallo fue aprovechado por un corazón encerrado en un cuerpo. El mismo corazón que impidió que los fantasmas del disparo al palo minutos antes del propio Coro hicieran acto de presencia. Porque el canterano sabía muy bien que su misil con la zurda acabaría en gol. El tiempo se detuvo por culpa del fútbol en Álava y en Barcelona y todos quedaron expectantes viendo lo que ese chaval de 23 años estaba a punto de lograr. Se hizo el silencio. Gol. Y todo estalló.

El destino, ensimismado, observaba a lo lejos la piña perica sin dar crédito a lo sucedido. Dentro de ese abrazo colectivo había un niño sin camiseta que había logrado uno de los goles más importantes de la historia del Espanyol. Un niño que dejó en Primera a los catalanes y hundió en la miseria a los vascos. Un niño que siempre creyó, y que dejó a un lado la inmadurez para de pronto sentirse responsable de las ilusiones de decenas de miles de personas. Un niño que vio en los seis minutos de descuento una oportunidad para ilusionarse. Porque a los niños, por sí mismos, no les sale sufrir. Ya habrá tiempo para ello.

César Vargas Cámara

El periodismo que me gusta está plasmado aquí. Solo hay una cosa que prefiera antes que el mar Mediterráneo: el estadio que lleva su nombre.
Twitter: @_CesarVargas

1 Comentario en Ferrán Corominas, el niño que siempre creyó

  1. Jaime Gonzalez // marzo 1, 2014 en 7:13 pm // Responder

    Espléndida redacción y temática interesante plasmada de la mejor forma posible . Continua así César Vargas . Gracias

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