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Paolo Rossi, los orígenes del goleador de la Toscana

La historia de Paolo Rossi

Paolo Rossi vio la primera luz el 23 de septiembre de 1956 en Prato, localidad perteneciente a la bella región de la Toscana. Jugó en la Cattolica Virtus hasta llamar la atención de la Juventus, que se hizo con sus servicios y lo cedió al Como Calcio, donde debutó como profesional. El equipo de la Lombardía regresó a la Serie A en la temporada 75/76, en la que el Torino se llevó el Scudetto, y el Como, que acabó penúltimo, descendió a la Serie B junto con el Ascoli y el Cagliari.

Consumado el descenso, Rossi,que era seguido muy de cerca por la Juve, dejó el Como y fichó por el modesto Vicenza. En la temporada 76/77 fue máximo goleador, anotando veintiún goles que le sirvieron al Vicenza para ser campeón de la Serie B y ascender a la máxima categoría del fútbol italiano. En su vuelta a la Serie A, el Vicenza fue segundo y se quedó a tan sólo cinco puntos del campeón, la Juventus  de Giovanni Trapattoni. Rossi fue capocannoniere con veinticuatro goles.

Foto: PerugiaToday

Foto: PerugiaToday

Con tan solo veintiún años, sus cifras goleadoras le llevaron a ser convocado con la selección italiana para jugar el Mundial de Argentina 78 que, según el propio jugador, fue el momento de su carrera en el que mejor se encontró tanto física como anímicamente. Italia fue cuarta y Rossi marcó tres goles, pero el que recuerda con más cariño es el primero de ellos (que curiosamente fue de rebote): “Fue el más bonito; probablemente porque fue mi primer gol con la selección”.

La temporada 78/79 fue bien distinta:a pesar de marcar quince goles y ser el segundo máximo goleador del campeonato, no pudo evitar el descenso del Vicenza a la Serie B.

Foto: ForzaItalianFootball

Foto: ForzaItalianFootball

Convertido ya en un delantero de referencia en Italia, Rossi se fue cedido al Perugia en la temporada 79/80, la misma en la que estalló el escándalo Totonero (quiniela negra), uno de los mayores casos de corrupción del fútbol italiano. La policía italiana había descubierto una trama de apuestas clandestinas en la que se hallaban inmersos dirigentes, entrenadores y jugadores. El Milan y la Lazio fueron descendidos administrativamente a la Serie B por su participación en la trama, y Rossi, acusado de amañar partidos, fue sancionado con tres años de inhabilitación. Si bien es cierto que barajó la posibilidad de no volver a jugar más en Italia, jamás pensó en abandonar el fútbol. Tuvo ofertas para ir a jugar a los EE. UU., pero las rechazó porque consideraba que aquel fútbol, que aún estaba en pañales, era más apropiado para jugadores que estaban en el ocaso de su carrera que para un chaval de veinticuatro años. Finalmente, a Rossi le rebajaron la sanción a dos años, lo que permitió a Enzo Bearzot convocarlo para el Mundial de España de 1982. El seleccionador italiano fue duramente criticado por contar con un jugador que estaba en tan baja forma -no en vano llevaba dos años sin competir- pero ya lo conocía de Argentina 78 y confiaba mucho en su olfato goleador. A pesar de que en la primera fase Italia cosechó  tres empates y de que Rossi, mostrando un preocupante bajo estado de forma, no marcó ningún gol en aquel inicio del campeonato, el resultado final no pudo ser mejor: Italia fue campeona del mundo y Rossi fue máximo goleador del torneo con seis goles -hizo un hat trick en la segunda fase ante Brasil y marcó un gol en la final ante la República Federal de Alemania- además, ganó el Balón de Oro ese año.

Tras el Mundial, Rossi por fin llegó a la Juventus. Con el conjunto turinés que, con jugadores de la talla de Platini y Boniek, había formado uno de los mejores equipos de su historia, ganó dos Scudettos, una Copa de Italia, una  Recopa de Europa, una Supercopa de Europa y una Copa de Europa. Había engrosado considerablemente su palmarés, pero las temporadas que jugó con la Vecchia Signora  fueron más bien irregulares.

En 1985 fichó por el Milan, donde jugó una única temporada bastante discreta; según él, su rendimiento apenas era del cuarenta por ciento; aún así, fue convocado para jugar su tercer Mundial, el de México 86, en el que no jugó ni un solo minuto.

Rossi había sido operado de menisco tres veces durante su juventud, y militando en el Verona -equipo por el que había fichado tras el último Mundial- sus rodillas dijeron basta. Reconoció que le hubiera costado mucho pasar a un segundo plano después de haber sido un futbolista tan importante y, en 1987, con tan solo treinta años, decidió retirarse. Después de muchos goles, muchos títulos y algún disgusto importante, Rossi, cuya carrera fue breve pero intensa, asegura que “Si tuviese que repetirla, firmaría ahora mismo”.

En 2004, la FIFA incluyó a Paolo Rossi entre los mejores futbolistas del siglo XX, lista en la que también se encuentran otros trece compatriotas suyos como Giacinto Facchetti, Gianni Rivera, Franco Baresi, Roberto Baggio, Paolo Maldini o Gianluigi Buffon. Actualmente, el goleador de la Toscana comenta partidos para la televisión italiana, labor que compatibiliza con la regencia de un negocio inmobiliario.

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