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¿Quiénes fueron los primeros cracks de la Copa América?

Recordamos a las principales figuras de los orígenes de la Copa América

La Copa América es el torneo más importante de selecciones en Sudamérica, despertando pasiones a lo largo de todo el continente. Es el momento de ver a los mejores jugadores del continente, pero ¿quiénes fueron los Messi, Neymar, Alexis, Godín, Guerrero o James en las primeras décadas de existencia del Campeonato Sudamericano?

Foto: auf.org uy

La Copa América nació hace 99 años con un torneo celebrado en Argentina y con la albiceleste, Brasil, Chile y Uruguay como equipos en liza. Hasta el año 1939 se disputaron 15 ediciones donde charrúas y argentinos monopolizaron el palmarés, logrando también dos victorias el conjunto brasileño y una el cuadro peruano. Es en este período en el que se dieron a conocer las primeras estrellas del fútbol en el continente americano.

En las dos primeras ediciones hubo una gran rivalidad entre Argentina y Uruguay por dominar el balompié de la zona. La Celeste se hizo con la victoria en 1916 y 1917 gracias al papel de hombres como Ángel Romano, Alfredo Foglino, José Piendibene e Isabelino Gradín. Romano era un interior izquierdo rápido, driblador, habilidoso e ingenioso, mientras que Foglino que hizo el papel de técnico en el año 1916 fue un zaguero firme, seguro, eficiente, con buena salida de la pelota y de gran personalidad. Por su parte, Piendibene, conocido como El Maestro, destacaba por su gran visión de juego, calidad en el pase y fabulosos taconazos y Gradín, que fue el máximo goleador de la primera edición, sobresalía por su enorme velocidad, unas condiciones físicas primorosas y un poderoso remate con ambas piernas.

José Nasazzi y Luis Monti || Foto: libertaddigital.com

José Nasazzi y Luis Monti || Foto: libertaddigital.com

En su máximo rival las estrellas de la época eran Alberto Ohaco, un ‘insider’ izquierda, de gran elegancia, técnica e inteligencia que vestía la camiseta de Racing y Juan Domingo Brown, un defensa noble, eficiente, tácticamente perfecto y con un gran juego aéreo. Además en el estreno del Campeonato Sudamericano también se pudo observar la figura del chileno Ramón Unzaga, centrocampista atlético e inventor de la chilena o la de los paraguayos Rivas, delantero finísimo y un seguro de cara a gol, y Fleitas Solich, un centrocampista corpulento, de gran liderazgo y brillante rendimiento en el aspecto defensivo y ofensivo.

Ángel Romano es, con seis títulos, el futbolista con mayor número de Copas de América en su palmarés

La selección brasileña tardó unos años en sacar la cabeza, pero en 1919, cuando el torneo se celebró en su país, logró el primer triunfo. El equipo estuvo liderado por un magistral Arthur Friedenreich, punta de mucha calidad, excelente dribbling, gran olfato goleador y pionero en el disparo con efecto que marcó cuatro dianas. Bien acompañado estuvo por Neco, un punta izquierdo rematador y brioso que también hizo cuatro tantos y por Amilcar, un mediocampista de mucha presencia, gran precisión en los pases y con una lectura del juego magnífica. En las otras escuadras volvió a despuntar el joven uruguayo Héctor Scarone (dos años antes fue el jugador más destacado de la competición), un jugador adelantado a su tiempo, hábil con las dos piernas, de gran destreza en el regate, talentoso, imaginativo y especialista a balón parado y el defensa chileno ágil, fuerte y siempre bien colocado de nombre Ulises Poirier.

Años 20: Dominio argentino y charrúa

La llegada de los años 20 trajo, en principio, una alternancia en el trono de Sudamérica al repartirse tres campeonatos los combinados uruguayo, brasileño y argentino. Brillaron en la albiceleste hombres como Tesoriere, arquero seguro, valiente en las salidas, ágil, intuitivo y dueño del área, Libonatti, artillero eficaz, rápido, técnico y astuto o el virtuoso, fino y creativo Gabino Sosa. En Brasil, el medio izquierda Fortes, un gran marcador enérgico y descarado que fue nombrado mejor jugador del torneo en 1922, y en las filas guaraníes el guardameta acrobático, rápido, seguro en el blocaje y sobrio por alto, Modesto Denis.

Sin embargo, a partir de 1923, la hegemonía se la pelearon únicamente charrúas y argentinos. Con una generación de futbolistas extraordinarios por ambos bandos se disputaron no sólo el Campeonato Sudamericano sino también el oro en los Juegos Olímpicos 1928 y el Mundial del año 1930.

En La Celeste salieron a la palestra hombres como la Maravilla Negra Andrade, un portento físico y técnico, ambidiestro, fuerte, inteligente y todo un muro en el mediocampo, Pedro Petrone, un ariete extraordinario, potente, listo y capaz de rematar con cualquier parte del cuerpo, José Nasazzi, defensa completísimo, vigoroso, veloz, excelente recuperador y con gran dotes de mando o el Manco Castro, delantero letal, móvil y con la portería rival siempre en la cabeza.

Por su parte, en la albiceleste deslumbraron Manuel Seoane, delantero pícaro, con un peculiar pero eficaz regate, preciso y potente rematador y hábil en el juego combinativo, ‘Nolo’ Ferreira, un puntero todo inteligencia, dotado de una gran conducción y sensacional visión de juego, Luis Monti, mediocentro defensivo fuerte, aguerrido, brusco y de enorme despliegue o Carlos Peucelle, extremo muy rápido, de gran calidad y excepcional rematador. En otras selecciones en aquella década se pudo comprobar la calidad del brasileño Moderato, extremo izquierda con buena punta de velocidad, destreza en el regate y fuerte chut, la del chileno David Arellano, un interior izquierda ágil, refinado y estiloso, en Paraguay a Delfín Benítez, delantero bajito, fornido y con un cañón en la zurda y a Aurelio González, mejor artillero de la competición en 1929, en la Blanquirroja peruana al gigante pero velocísimo y técnico Villanueva o en Bolivia que debutó en el torneo en 1926 con el talentoso y creativo Mario Alborta como primer crack del país.

El argentino Seoane es, junto a Francescoli, el único jugador que ha sido galardonado dos veces como mejor futbolista del torneo

Años 30: Varela y la nueva hornada argentina

En los años 30, únicamente se celebraron tres torneos y dos de ellos tuvieron como sede Perú. En Argentina llegó una nueva hornada liderada por dos estrellas de Independiente, Antonio Sastre y Vicente de la Mata. El primero era un futbolista muy completo, sensacional distribuidor de juego, inteligente y con llegada, mientras que el segundo podía jugar en cualquier posición del ataque y tenía mucho olfato de gol, una gambeta excelsa y una enorme visión. Además, la albiceleste contó en el medio con Minella, jugador con buen manejo del cuero, magnífico en la distribución y con un sentido táctico impresionante y en el ataque con Varallo, goleador nato, eficaz pero poco estético que pertenecía a Boca Juniors. Por otra parte, Uruguay dio una nueva estrella al mundo del balompié, el imponente, imparable y fantástico rematador de cabeza Seve Varela que, al igual que Varallo, defendió la zamarra xeneize.

Mientras que el equipo brasileño ausente en 1935 y 1939 llevó al torneo en suelo argentino a Tim, un driblador imprevisible y desconcertante y a Carvalho Leite un ariete sagaz, oportunista e implacable. Chile, dirigida por Pedro Mazullo, estuvo comandada por el cerebral, inteligente, hábil y excepcional artillero Raúl Toro y Ecuador que debutó en 1939 dispuso del veloz, listo y eficiente delantero Marino Alcívar como máxima figura.

Pero si un conjunto merece capítulo aparte por lo conseguido en esos años fue Perú. Con un gran papel en los Juegos de Berlín, fue el cuarto equipo del continente en levantar el trofeo de campeón. Con el apoyo de su gente ganaron todos los encuentros en 1939 de la mano de ‘Lolo’ Fernández, delantero con un estilo sencillo pero espectacular en el remate y la creación de juego, Jorge Alcalde, un punta sobrio, fino y con una técnica excepcional, Juan Valdivieso, cancerbero ágil, elegante y de muchos reflejos y Segundo Castillo un medio organizador, dinámico y de enorme talento.

Alberto Cosín

Apasionado del fútbol internacional de todas las épocas, especialmente las más antiguas. También colabora en el magazine de Martí Perarnau. Organizador de eventos.
Twitter: @AlbertoCosin

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