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El primer gran milagro del ‘Cholo’ Simeone

La apasionante historia de Estudiantes de Diego Simeone

Casi no le había dado tiempo a despedirse de sus compañeros y de la hinchada de la Academia y el ‘Cholo’ Simeone ya estaba ahí, sentado en el banquillo del estadio Presidente Perón al mando de Racing de Avellaneda, dirigiendo a aquellos hombres que habían sido sus compañeros de vestuario hasta siete días antes.

Cogía un miura que pocos hubieran osado. Un equipo con una crisis institucional preocupante y un balance de un punto en las 5 primeras jornadas. Ni el amargo debut en su estadio frente a Independiente (0-2 con dos golazos de un Kun Agüero que acababa de cumplir 18 años) ni el hecho de no conseguir una victoria hasta su séptimo encuentro pudo frenar su total convencimiento de revertir semejante escenario. A pesar de acabar levantando –con 4 victorias y 1 empate en las 5 últimas fechas del campeonato– la crítica situación en la que se había visto sumido Racing, no consiguió llegar a un acuerdo con los altos directivos de Blanquiceleste S.A, empresa propietaria del club, y abandonó el club de Avellaneda.

Simeone daba un paso más con su llegada a Estudiantes. Conseguía clasificarlo de nuevo para las grandes competiciones continentales

Era mayo de 2006, y mientras, en la ciudad de La Plata (Buenos Aires) los acontecimientos se sucedían en Estudiantes. Tras un comienzo de siglo con muchos problemas –venía incluso de esquivar la promoción por no irse a la B en la última jornada del Clausura del año 2000–, el regreso de un mito del club como Carlos Bilardo (entre 2003 y 2004) había devuelto la estabilidad a la institución, y su relevo en el club estudiantil, el ‘Mostaza’ Merlo (entre 2005 y primera mitad de 2006), daba un paso más, devolviendo al equipo a competiciones internacionales. En este escenario de optimismo, el presidente del club, Eduardo Abadie, anunciaba al ‘Cholo’ Simeone como nuevo entrenador, que iba a colaborar decisivamente en el regreso, tras 11 años jugando en Europa, de una leyenda –hijo de otra leyenda– del club de los ‘pincharratas’: Juan Sebastián Verón.

ESTUDIANTES GIMNASIA

El 5 de junio de 2006, la ‘Brujita’ volvía a enfundarse la ‘11’, la misma camiseta que había heredado de su padre Juan Ramón, quizá el jugador más importante de la historia de Estudiantes, que comandado por Osvaldo Zubeldia ejerció una tiranía hegemónica en Sudamérica a finales de los años 60. Más de 7.000 hinchas fueron a recibir a la ‘Brujita’ en loor de multitudes el día de su presentación, conscientes de que su llegada provocaba un brutal salto de calidad al equipo, una solidificación de la institución producto de la seña de identidad que suponía su carisma, y una inyección de optimismo desbordado que Simeone se iba a encargar de avivar y contener según fue exigiendo la ocasión.

La ilusión de la hinchada comenzó con la llegada de Juan Sebastián Verón, hijo del jugador más importante de la historia de los ‘pincharratas’

Demasiado pronto se empezó a deshinchar el globo. Estudiantes encaraba la jornada 8 con 10 puntos de 21 posibles, con un equipo que no acababa de cuajar, y alejado a 9 puntos de Boca Juniors –vigente campeón de los dos últimos torneos cortos–, que marchaba como un disparo hacía el tricampeonato. Simeone había armado un 4-4-2 con Mariano Andújar –actual arquero del Napoli– bajo palos, Alayes y el ‘Tano’ Ortiz pareja de centrales, con el ‘Cáscara’ Angelieri y Pablo Álvarez –ex del Real Zaragoza– en los laterales, la ‘Brujita’ Verón como eje del equipo acompañado del incombustible Braña en la medular, el ‘Principito’ Sosa y Galván en los extremos, y con la ‘dupla’ atacante más temida del fútbol argentino, José Luis Calderón y el ‘Tanque’ Pavone.

El equipo comenzó a asimilar las ideas que intentaba inculcar el ‘Cholo’, hasta que dos victorias consecutivas por la mínima en casa ante Independiente y en el Nuevo Gasómetro ante San Lorenzo, supusieron un punto de inflexión en el devenir del equipo que encadenó diez victorias consecutivas, incluyendo un histórico 7-0 ante sus vecinos de Gimnasia y Esgrima de la Plata –primer derbi que disputaba Verón con el conjunto ‘pincha’, dado que en su anterior etapa no pudo disputar el del Apertura 1995 por estar sancionado–.

VERON ESTUDIANTES

A falta de dos jornadas para el final del campeonato, Estudiantes llegaba a 4 puntos del líder Boca Juniors. Nadie dudaba del tricampeonato. Nadie excepto el ‘Cholo’, que convencía a la hinchada de que el milagro era posible a grito de “el que no cree, que no venga”. La hinchada de Boca festejaba por adelantado y jugadores como Ledesma hablaban –más de forma inconsciente que a modo soberbio– del “orgullo de formar parte de este Boca, que va a quedar en la historia por ser la primera vez que va a alcanzar el tricampeonato”. En la penúltima jornada, Boca visitaba la cancha de Belgrano, y Estudiantes acudía al estadio Diego Armando Maradona para enfrentarse a Argentinos Juniors. Ganando en Córdoba, Boca salía campeón, pero un gol de Franco Peppino y una exhibición del ‘Mono’ Montoya daban la victoria a Belgrano, y el partido de Estudiantes cobraba una importancia vital. El encuentro iba a ser de una esquizofrenia absoluta. Los ‘pincharratas’ llegaban al tramo final del partido con 1-0 abajo, resultado que le daba el título a Boca, pero Pavone en el minuto 79 y Verón en el 88 daban la vuelta al partido.

La alegría desbordante entre la hinchada visitante, la fiesta en la que se había convertido el Diego Armando Maradona, tornó inmediatamente en desolación cuando en un despiste de la zaga estudiantil, el ex ‘tripero’ Gonzalo Choy González empataba el partido en el descuento. Las opciones de Estudiantes por el título se desvanecían. Pasaban por una derrota de Boca en la Bombonera ante Lanús y una victoria del ‘Pincha’ en casa frente a Arsenal que forzara un partido de desempate que no se había producido jamás en la historia de los torneos cortos. Un santísimo milagro. O casi.

Llegó la última jornada y una Bombonera abarrotada se vestía de gala para celebrar el campeonato. A la media hora de partido Palermo ponía con ventaja a Boca al transformar un penalti, mientras en el estadio Ciudad de la Plata, Estudiantes no conseguía derrocar el muro de Arsenal de Sarandí. Al borde del descanso, Lanús igualaba el choque y daba esperanza a los de Simeone. A los 13 minutos del segundo tiempo un zurdazo de Archubi ponía el 1-2 para Lanús, enmudecía La Bombonera e inundaba de esperanza a la hinchada de Estudiantes que comenzaba a suspirar por el milagro. Quedaba un mundo. Media hora demasiado larga como para que Estudiantes no marcara, pero eterna como para que Boca no cambiara el signo del marcador. Boca, consciente de que se le escapaba el campeonato, era un manojo de nervios, desquiciado ante un Lanús que se replegaba de forma seria y ordenada. Era el partido soñado por Estudiantes, que sin embargo veía cómo el tiempo pasaba y no podía con Arsenal.

Simeone quemó las naves, sacó dos puntas más –Lugüercio y Maggiolo– y los ‘pincharratas’ se volcaron, hasta que en el minuto 87 un centro del ‘Chino’ Benítez lo remataba con un testarazo inapelable el central Agustín Alayes para locura de la hinchada ‘pincha’. No daban crédito. El partido de La Bombonera moría con un Boca perdido, y Estudiantes todavía tenía tiempo de sentenciar el partido con un gol de Pavone de punterazo, que ponía el 2-0 final y mandaba el campeonato a un desempate absolutamente impensable semanas atrás.

El partido de desempate se jugaría en campo neutral. El estadio José Amalfitani de Vélez Sarsfield serviría de escenario para la final

Argentina entera solo tenía ojos para una final que se presentaba imprevisible. Estudiantes ya lo había visto perdido, y solo tenía que ganar, mientras Boca, con un equipazo tremendo, debía volver a ganar un título que había acariciado con los dedos. El partido se iba a disputar solo tres días después de la última jornada en el estadio José Amalfitani de Vélez, que ejercía de campo neutral.

Para el que era el partido más importante en los últimos 23 años para Estudiantes, Simeone sacaba su once de gala con la sensible baja de José Luis Calderón, que era sustituido por Pablo Lugüercio en la punta de ataque. Mientras el ‘Bigotón’ La Volpe, técnico de Boca, presentaba su 4-3-3 con un equipo de muchos quilates: Bobadilla en portería, Cahais y el ‘Cata’ Díaz en el centro de la zaga, el capitán Ibarra y Morel en los laterales, Gago –que seis días después ficharía por el Real Madrid– como mediocentro puro, con Ledesma y Cardozo como interiores, y arriba Rodrigo Palacio –actual delantero del Inter, que sería pichichi del torneo con 12 goles–, Martín Palermo y el ‘Guille’ Barros Schelotto –ahora técnico de Lanús–. El entrenador, Ricardo La Volpe había llegado a Boca a mitad de torneo –después de que el anterior técnico Alfio Basile acudiera a la llamada de la selección argentina–, con el equipo líder y asegurando que de no conquistar el campeonato abandonaría el club xeneize.

Foto: Ángel Gutiérrez

Foto: Ángel Gutiérrez

Boca entró más entonado al encuentro, y sin haberse cumplido el minuto 4 golpeó a Estudiantes, en una jugada que temporizó Barros Schelotto para esperar la internada por la izquierda de Ledesma, que condujo hasta ver la aparición de Palermo que hizo bueno el centro rematando a la red en el segundo palo. El ‘Loco’ no celebró el gol por su pasado ‘pincha’, algo que no impidió que la hinchada estudiantil fuera muy duro con él durante todo el partido. El gol le dio aplomo a Boca que mejor asentado en el campo dominaba el partido. Sobre la media hora los de Simeone reaccionaron, se metieron en el encuentro, y ganaron metros que tradujeron en ocasiones que bordearon el gol. Tres buenas acciones de Bobadilla, a disparos de Sosa y Pavone en dos ocasiones que impidieron el empate, fueron el preludio de un rifirrafe entre Ledesma y Pablo Álvarez en el minuto 38, que acabó con la expulsión de ambos.

Tras el descanso, Boca reculó, buscando sin éxito el contragolpe ante un convencido Estudiantes que se hizo dueño y señor del partido. La Volpe consciente de que su equipo estaba superado buscó aguantar el resultado metiendo otro defensa –José María Calvo– por Barros Schelotto, que se fue del campo festejando enloquecido con el escueto 1-0 mientras la hinchada ‘pincha’ le recordaba con siete dedos levantados el 7-0 que Estudiantes le había endosado a ‘su’ Gimnasia Esgrima de la Plata –club donde se crió–.

A los 19 minutos del segundo tiempo, un magistral libre directo ejecutado por el ‘Principito’ Sosa igualaba la final y sembraba de dudas al equipo de La Volpe. Boca solo llegaba tímidamente, y el gol de Estudiantes parecía inevitable. Mientras, la ‘Brujita’ Verón sacaba del partido a Palermo, que agotado por los insultos de la afición ‘pincha’ se había encarado con la grada. Verón  machacó mentalmente a Palermo afeándole su pundonor y sus ganas, a lo que el ‘Loco’ respondió: “Pero Sebastián, ¡si tu también has defendido la camiseta de Boca! ¿Por qué me estás cargando?”. Ambos jugadores tardarían años en reconciliarse, pero el calentón del partido pudo más que la amistad que les unía.

Así, en el minuto 80 llegó el delirio a la hinchada ‘pincha’. Un balón largo que parecía perdido lo corrió con toda la fe del mundo el exbético Pavone, le ganó la carrera a Bobadilla y le picó el balón en vaselina perfecta para dar el merecidísimo título a Estudiantes, que desde que alzara el Nacional en 1983 no había vuelto a levantar ningún título. La hinchada de Boca aplaudía a los jugadores de Estudiantes mientras daban la vuelta de honor en el césped en un gesto precioso, La Volpe cumplía su palabra y abandonaba Boca a pesar de que la Directiva lo intentó convencer, y Simeone conseguía su primer gran éxito en un equipo que quedaría para siempre grabado en su corazón, hasta el punto de reconocer siete años después que “solo con Estudiantes me identifico tanto como con el Atleti”.

Puedes disfrutar de este artículo y de muchos más en la revista Kaiser Football

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Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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