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César Gómez y el marcaje de su vida a Ronaldo

La vida del futbolista del Tenerife cambió por completo por sus marcajes

Debe ser complicado parar una estampida. Eso era Ronaldo Nazario da Lima cuando aterrizó en Barcelona. A lomos de sus cabalgadas se subieron los culés en la temporada 1996/97 para frotarse los ojos con cada exhibición. Pero lo vivido aquella noche en Tenerife fue una auténtica pesadilla. Un hombre consiguió lo que parecía imposible: parar a la bestia y desencadenar la tormenta.

CESAR GOMEZ-RONALDO. CDT-BARCELONA 96.97

El nombre de César Gómez será poco recordado para la mayoría. Este central madrileño criado en la ciudad deportiva del Real Madrid creció con la Quinta del Buitre como referentes. Pero cuando le llegó el turno de dar el paso al primer equipo sus ídolos le cerraron el paso. La oportunidad surgió en Valladolid y tras pisar la Primera División en Pucela cambió el frío castellano por el clima tropical de Tenerife.

Allí llevaba cuatro temporadas cuando ‘El Fenómeno’ Ronaldo rompía cinturas y perforaba redes con una facilidad pasmosa. El brasileño, Guardiola, Figo, el extinerfeño Pizzi o Vitor Baia llegaron a las faldas del Teide comandados por Bobby Robson y un por entonces desconocido José Mourinho. Los azulgrana peleaban por la Liga con el Real Madrid de Fabio Capello y aquella isla que tanto le había dado en el pasado le quitó medio campeonato esa noche. El rotundo 4-0 final no dejó lugar a dudas y fue la primera ocasión en aquella temporada en la que el brasileño ni siquiera tiró a puerta. Su poder de intimidación quedó anulada por el gran trabajo de César Gómez.

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El entrenador de los chicharreros era Jupp Heynckes y para ese partido le encargó un marcaje al hombre con el que el crack brasileño no ‘rascó’ bola. Era una estrategia conocida ya por la zaga tinerfeña ante los rivales de enjundia que, en aquellos años, pasaron por el Heliodoro Rodríguez López. Más allá de Barça o Madrid, esa defensa férrea la padecieron antes y después la Juventus de Turín, Auxerre, Olimpiacos, Lazio o el Schalke en esas semifinales de Copa de la Uefa de ingrato recuerdo para los tinerfeños.

Frente al Barça, aquella noche no solo ayudó el férreo marcaje de César. Los de Robson terminaron el partido con nueve jugadores, tras las expulsiones de Nadal y Abelardo, sufrieron dos penas máximas y Jokanovic, el mediocentro y ancla de aquel equipo, hizo un hat-trick histórico. Ese resultado volvió a poner en el disparadero al entrenador azulgrana, cuya credibilidad estaba sujeta a las genialidades de O’Fenómeno, y confirmó el gran rendimiento de los isleños cuyas gestas llegaron hasta el último rincón del Viejo Continente.

El marcaje de César Gómez a Ronaldo cambió la vida del jugador, que tuvo la oportunidad de probar la liga italiana. 

De hecho, la gran actuación de César Gómez provocó que grandes equipos de Europa se interesaran en él. Uno de ellos lo había sufrido en sus propias carnes. En aquella Copa de la UEFA de la temporada 96/97 la Lazio sucumbió en octavos de final de manera sorprendente ante los isleños. Era la Lazio de Nevded, Signori, Casiraghi o Fuser. El por entonces entrenador laziale, Zdenek Zeman, quedó enamorado de “un central de nombre español que acababa en z”. Justo ese mismo verano cambió de acera el técnico checo para dirigir a los giallorrossi y con el cambio de aires no se olvidó de aquel central español.

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Cuenta la leyenda que Zeman, de quien se había enamorado, era del internacional argentino Pablo Paz pero el que llegó finalmente a Trigoria fue el central madrileño criado en la cantera blanca. 600 millones de pesetas de la época por un central de casi 30 años era un caramelo para cualquier club de mitad de la tabla española. En el Heliodoro Rodríguez López no se lo pensaron dos veces  y aceptaron la oferta romana. César tampoco salió mal parado en lo económico: cuatro años de contrato a razón de 800.000 euros  por temporada.

En lo deportivo resultó un desastre.  En cuatro años jugó tres partidos, todos ellos en la primera temporada. Fue titular en el derbi romano y su equipo perdió por 1-3. Jugó también contra el Napoli, unos escasos cinco minutos, y contra la Fiorentina, otros tres minutos más. Después de eso, un páramo de entrenamientos y esfuerzos en balde. La marcha de Zeman y la llegada de Capello no modificó en nada su situación. El club intentó deshacerse de él pero cuando llegaba alguna oferta (siempre muy inferior a lo pagado al Tenerife) a los directivos les entraba cierto temor a que el jugador despuntará en otro equipo y le cerraban la puerta.

Nunca llegó a cuajar en una Roma que, tres años después, lograría su tercer Scudetto. 

Tras no inscribirle en las competiciones europeas en los tres últimos años de su contrato, el central español demandó al club de la loba, pasó a entrenarse con el equipo Primavera y se centró en sus negocios, un concesionario de coches que abrió al poco de llegar a la capital italiana. César terminó retirándose asqueado del fútbol con 33 años con la ilusión entrenar en una escuela de fútbol a niños que comenzaran a dar patadas al balón. Quería recuperar la esencia del juego pero la vida le llevó a hacerse representante de jugadores. Nunca frenar una estampida tuvo un destino tan amargo.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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