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El mayor impostor de la historia del fútbol

Fingía lesiones para que no descubriesen que no era profesional

Ser futbolista profesional es el sueño de la mayoría de niños del mundo. El deporte rey copa el interés de casi todos los chavales por formar parte de su élite pero, al final, son sólo unos pocos elegidos los que acaban cumpliendo sus propias aspiraciones. Para poder estar entre los mejores se necesita talento, pasión, dedicación, compromiso, constancia y suerte, entre muchas otras cosas.INFOKaiserBUENA

No obstante, esta no es la triste historia de un pequeño chico que no pudo llegar a cumplir su sueño. Esta es la historia de un joven brasileño que sin cumplir ni un requisito de los comentados anteriormente -bueno, suerte, sí-, pudo estar casi 20 años haciendo carrera en equipos de élite y, obviamente, cobrando por ello. Su nombre es Carlos Henrique Raposo, en la actualidad un entrenador personal de 51 años que reside en un buen barrio de Río de Janeiro.

Su impresionante historia empieza a mediados de los 80, cuando empezó a frecuentar las discotecas más importantes de Río. Su incuestionable don de gentes, su imperante físico (le pusieron el mote de El Kaiser por su parecido a Franz Beckenbauer) y, para qué engañarnos, la ausencia de nuevas tecnologías en el deporte, fueron los ingredientes perfectos de la que iba a ser su tapadera. En la noche brasileña, rápidamente se hizo amigo de los futbolistas más importantes de la época (Ricardo Rocha, Edmundo, Renato Gaúcho, Romario, Branco, Bebeto, Carlos Alberto…) y, a partir de ahí, aunque parezca increíble, poco le costó convencer a alguno de ellos para que su equipo le fichara.

Carlos Henrique Raposo firmó empezó su “carrera” futbolística en el Botafogo, donde nadie pudo ver cómo se las gastaba como jugador. 

Su andadura por el fútbol brasileño empezó en 1986. A la edad de 23 años firmó con el Botafogo su primer contrato profesional. Maurício, un leyenda del club blanquinegro, fue quien consiguió que le contrataran. Allí estuvo una temporada y no jugó ni un partido. En una entrevista a una televisión brasileña, El Kaiser aseguró que en aquella época solo era necesario hacer “algún movimiento raro en el entrenamiento y cogerse del muslo”, así se quedaba 20 días en el departamento médico. Además, el brasileño añadió que “en esa época no existían las resonancias magnéticas. Cuando los días pasaban, tenía un dentista amigo que me daba un certificado de que tenía algún problema. Y así, pasaban los meses”.

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Al año siguiente no tuvo reparos en irse a otro equipo brasileño de primer nivel, el Flamengo. Gracias, otra vez, a otro gran amigo suyo, Renato Gaúcho. Allí tampoco jugó ningún minuto en todo el año. El propio Renato Gaúcho recuerda así la etapa de Raposo en el Flamengo: “Sé que Kaiser era un enemigo del balón. En el entrenamiento acordaba con un colega que le golpeara, para así marcharse a la enfermería”.

Siguió su andadura por México, al Puebla, donde estuvo un par de meses también sin jugar nada. Después a El Paso, un equipo de Estados Unidos, otros tres meses. También cero minutos. En la entrevista televisiva comentada anteriormente el brasileño explicó su argucia: “Yo firmaba el contrato de riesgo, el más corto, normalmente de unos meses. Recibía las primas del contrato, y me quedaba allí durante ese periodo”. Después volvió a Brasil.

Conocido como el Kaiser, siempre evitaba salir al terreno de juego, como aquella anécdota con Bangu. 

En 1989 firmó por el Bangu. Allí viviría una de las anécdotas que mejor le definen. Su entrenador decidió convocarlo para un partido. Y, en la segunda mitad, le mandó salir a calentar. Henrique, ante la posibilidad de salir al campo, se empezó a pelear en la banda con un aficionado del equipo rival y fue expulsado. El entrenador fue corriendo enfurecido hacia él, pero cuentan que, antes de que éste le dijera nada, El Kaiser le espetó: “Dios me dio un padre y después me lo quitó. Ahora que Dios me ha dado un segundo padre –refiriéndose al entrenador- no dejaré que ningún hincha le insulte”. El entrenador le dio un beso en la frente y le renovó por seis meses más.

Gracias a su cara dura y a sus amistades fue pasando por Fluminense, Vasco da Gama, Independiente de Avellaneda, América y Guaraní, jugando escasos partidos. Finalmente, tendría una aventura por Europa en el Ajaccio francés, donde fue recibido como una estrella. La mentira no duró mucho en la isla de Córcega y El Kaiser se acabó retirando la temporada siguiente. Con 39 años sellaba Carlos Henrique Raposo su surrealista y cómica historia, la carrera del mayor impostor de la historia del fútbol.

Kevin Domínguez

Editor y diseñador de la revista Kaiser Football. Periodista. Fútbol, series, libros, películas...
Twitter: @Kevin_dom92

3 Comments en El mayor impostor de la historia del fútbol

  1. Ahora entiendo como es que hay tanto jugador tan malo en equipos profesionales.

  2. Realmene es increíble que pasara esto. 20 años…Increíble.

  3. Es una ironía curiosa y a la vez descarada, cuando ahora vemos a miles de chicos sacrificar lo que sea por estar tan solo un momento en el campo, y al final nunca les llega la oportunidad por múltiples factores. Aunque la mentalidad de ese sujeto no pierde vigencia, pues una vez Xavier Azkargorta dijo en una entrevista, hace ya un buen tiempo, que el fútbol actual está enfermo de importancia, por parte de técnicos prepotentes, ejecutivos con sus millones para imponer pautas raras, el marketing que genera todo eso y que pasa por alto muchas realidades del juego. Pero principalmente por los jugadores que creen que son más valiosos que sus clubes. Él agregaba que había que atreverse a decirles que se fueran y punto, y aclaró que eso no les suele afectar mucho gracias a que tienen agentes y representantes que los manejan bien, y por eso siempre tienen buenas ofertas de buenos clubes. Así que el asunto es ver qué jugadores saltan al campo a aportar y no para que les aporten.
    Saludos…

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