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Benfica-Celtic, cuando la última moneda voló sobre Da Luz

Historia de la Copa de Europa de 1969

La tensión se mascaba en el aire. Los niños tiraban de las manos de sus padres, preguntando cuánto más tenían que esperar. Los veteranos de mil batallas miraban al cielo y buscaban por una señal. Sobre el césped, jugadores y entrenadores olían a la hierba, pensando si lo iban a hacer por última vez o si el destino les dejaba otra oportunidad. En la fría noche del 29 de noviembre del 1969, el futbol europeo dejó su destino en las manos del azar. Literalmente.

Foto: http://www.dailyrecord.co.uk/

Los octavos de final de la Copa de Europa de ese año habían reservado un duelo memorable entre dos campeones de Europa. El Benfica, finalista vencido del año anterior – y bicampeón europeo a principios de los sesenta – se media al Celtic de Glasgow, que dos años antes había logrado lo impensable desmontando el puzzle defensivo del Inter de Helenio Herrera. Dos escuelas totalmente distintas que, no obstante, anticipaban dos encuentros fascinantes. Los demás equipos del torneo lo  agradecían.

Uno de los favoritos se iba a quedar en el camino antes de Navidad. Éste era todavía el Benfica de Eusébio, Coluna, Simões, José Augusto y Torres, pero ya de una versión envejecida, sin tanto dinamismo y recorrido de la mítica línea de ataque que había dominado el fútbol europeo años antes. El acumular de lesiones y el paso de los años, invitaban a pensar en un campeón portugués más débil que su status podía anticipar. Por otro lado, el Celtic era todo dinamismo, todo velocidad, todo garra. Así había dibujado Jock Stein su proyecto, desde la nada, y fue a partir de esa base que los “católicos” de Glasgow se hicieron grandes en Europa. La clase de Jimmy Johnstone. La autoridad de Gemmel y McNeill y el gol de Wallace hacían la diferencia en los “Old Firm” escoceses, pero las noches europeas eran otro cantar.

Foto: www.dailyrecord.co.uk | Benfica entrenándose en Escocia

Foto: www.dailyrecord.co.uk | Benfica entrenándose en Escocia en el partido de ida

En el primer partido, disputado el 12 de Noviembre, ninguno de los equipos se presentó en su máxima fuerza. Coluna venia de una lesión y Eusébio arrastraba molestias. No aguantó más que cuarenta y cinco minutos aunque, reza la leyenda, nunca estuvo realmente sobre el césped del Parkhead. El duelo fue un monologo escocés. El Celtic marcó tres goles,  y podía haber marcado tres más de no ser  por  las paradas milagrosas de Zé Henrique, que llevaron a locura a mas de 80.000 hinchas locales que no pararon todo el partido de anunciar a capela el fin del mundo para los portugueses. Ahora soñaban otra vez con Lisboa, esa ciudad memorable en la mitología de los verdes, de los leones de Stein.

Como el futbol es caprichoso, si la primera mano fue un festín goloso del Celtic, la segunda fue un banquete del Benfica con el Celtic como marioneta, condenado a ver como los demás se hinchan a comer, en este caso, a hacer goles. Eusébio no se tenía de pie entre la fiebre de una fuerte gripe y el dolor de rodilla que no le abandonaba, pero como el Cid, montó su caballo y lideró la primera carga. Una asistencia de Simões y gol de cabeza de la “Pantera Negra”, que no tenía ni fuerzas para levantarse del suelo. Estaba dado el mote para el partido. Jaime Graça marcó pocos minutos después y 45 minutos por jugar, el milagro parecía posible.

Foto: http://www.dailyrecord.co.uk/ | El Celtic en su victoria en casa

Foto: http://www.dailyrecord.co.uk/ | El Celtic en su victoria en casa

Sin su líder espiritual – retirado, otra vez, al descanso –, el Benfica operó una remontada histórica. Casi sin defensas, el club portugués arrinconó alCeltic en su área y bombardeó balón tras balón mientras Jimmy Fallon trataba de trabar como mejor podía. Aunque parecía que el escocés había vendido su alma al diablo, un tiro de falta de Simões llevó al gol de Diamantino, un rechace que llegó cuando algunos de los mas de 90.000 espectadores del estadi Da Luz se preparaban ya para marcharse a casa cabizbajos. Había prórroga y con ella, más sufrimiento para el portero escocés. Diamantino, con un brazo roto, al pecho, forzó a Fallon a dos paradas inolvidables. Su última parada llegó con un suspiro. Tras dos horas de futbol, había que esperar por media hora de suspense.

Una moneda decidió quién pasaba a la siguiente ronda tras dos partidos en los que ambos equipos consolidaron el resultado en casa. Un florín holandés determinó quién sería el afortunado, una medida que se extinguió al año siguiente

Las reglas de la UEFA eran claras. Se retirará años antes la posibilidad de realizar un tercer partido. Tampoco se recorría a las grandes penalidades como criterio de desempate. Le tocaba a la moneda dictar fortuna. El cuarto finalista de una Copa de Europa seria elegido después de dos partidos míticos por un golpe de suerte de un florín holandés. El árbitro van Ravens llamó al centro del campo a los dos capitanes, el benfiquista Coluna y el escocés McNeill, así como a Otto Gloria y Jock Stein, los dos entrenadores. Se suponía que la moneda al aire se debía realizar en el centro del campo pero el ambiente de tensión en las bancadas no invitaba a tal locura. Los cinco hombres fueron hacia la caseta del árbitro. Se cerró la puerta con los periodistas fuera. Sobre el césped,  los equipos, mientras que en las gradas había 90.000 almas sin saber que hacer. Por cortesía, van Ravens preguntó a Bill McNeill si elegía cara o corona. El capitán del Celtic miró a Stein que le dijo que la responsabilidad era suya. Eligió cara. Coluna no podía ni respirar pero mantenía su semblante serio. El arbitro tiró la moneda al aire, la dejó caer en su mano y cuando McNeill vió que había tocado cara, se echó en los brazos de Stein celebrando. Van Ravens le dijo de inmediato que estuviese tranquilo.

Esto era solo el sorteo para ver cual de los dos jugadores iba a elegir primero en el lanzamiento definitivo. El escocés no podía creer pero se mantuvo fiel a su suerte y volvió a elegir cara. El arbitro la tiró al aire por ultima vez, la dejó caer en el suelo y cuando tocó en su bota y paró de rodar, McNeill supo que había acertado otra vez. Fuera, algún chico poco predestinado a las adivinanzas, salió al césped gritando que había ganado el Benfica y en las gradas muchos empezaron a celebrar, pero cuando vieron a McNeill salir corriendo abrazarse a los suyos tomaron conciencia de que no les había bastado jugar de forma brillante al fútbol para seguir adelante en la competición.

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Foto: http://www.dailyrecord.co.uk/ | McNeill y Eusebio en un homenaje

Pero su indignación, cambió para siempre la historia del fútbol europeo. Las protestas del Benfica y de muchos de los más reputados periodistas europeos que se habían desplazado a Lisboa para ver el partido llevaron a la UEFA a reconsiderarlo. Al año siguiente, por primera vez, la moneda al aire fue totalmente descartada de los criterios de desempate. Llegaba la hora de los penaltis. El Borussia Mönchengladbach fue el primer equipo a caer en la competición en la tanda de penaltis, contra el Everton justo al año siguiente. Algún alemán en Godisoon Park se habrá lamentado de no ver una libra voladora por el estadio.

Desde entonces, las grandes penalidades se decidieron hasta finales europeas – el Benfica ha perdido ya dos de ese modo – y la moneda al aire quedó en el olvido. McNeill no olvidará jamás esa noche. Se quedó con la moneda como recuerdo, pero fue la única que llevó de regreso a Glasgow. Cuando volvieron al hotel donde estaban hospedados los jugadores del Celtic, descubrieron que al final del partido alguien les había robado todo lo que tenían. La suerte se había quedado en la Luz.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

1 Comentario en Benfica-Celtic, cuando la última moneda voló sobre Da Luz

  1. Gran historia.

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