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Cuando el Barça se negó a jugar contra el Atlético

Plante histórico

"El Barcelona no puede acceder a que sus jugadores disputen el partido, porque entiende que su convocatoria es nula de pleno derecho y vulnera los derechos deportivos, sociales y económicos del Barcelona". Así arrancaba la que seguramente fue el acta más surrealista firmada jamás por Manuel Díaz Vega, árbitro internacional que aquella noche de abril del 2000 vivió en primera persona una de las últimas pataletas del Nuñismo. El Barça acababa de plantar a un torneo centenario.

Fuente: ABC

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Diez juzgadores aparecieron cariacontecidos por el túnel de vestuarios: Hesp; Puyol, Dehu, Abelardo, Sergi; Guardiola, Xavi, Gabri; Simao y Dani. Arnau era el único suplente del entonces equipo entrenado por Louis van Gaal. El reloj marcaba casi las nueve de la noche y hasta ese momento el Barça había respetado la parafernalia que acompaña a cualquier cita. Llegaron puntuales al lugar de reunión, aparcaron sus coches y saludaron a los vigilantes y guardias de siempre, caminaron perseguidos por la confusión y el esperpento. Habían llegado frente a la chica y optaron por quedarse petrificados, no cruzar aquella línea. Ya habían dado la cara ante una responsabilidad que no era suya y se marcharon sin apenas haberlo intententado.

En realidad todo respondía a un plan perfectamente trazado. Tras perder 3-0 en el partido de ida frente al Atlético de Madrid, el encuentro de semifinales se debía disputar el lunes 24 de abril. Esa era una fecha reservada para las selecciones nacionales que debían disputar sus partidos -amistosos o no- el martes o el miércoles de esa misma semana. El Barça, cargado de internacionales, argumentó que no disponía de jugadores suficientes para disputar ese partido. Acto seguido comenzó a negociar con la RFEF para eludir verse las caras con el Atleti aquel lunes de abril.

Sus alegaciones se basaron en que hasta nueve jugadores de su primera plantilla tenían que estar ese lunes concentrado con sus selecciones nacionales, que tres más estaban seleccionados aunque ese día todavía podían permanecer en Barcelona y que debido a la normativa de la propia Federación, para ese partido sólo podía alinear a tres jugadores del filial. Ya entonces, en pleno año 2000, la RFEF improvisaba con el calendario de sus competiciones. Finalmente las reuniones previas no surtieron efecto.

Y eso que se estuvo negociando hasta última hora. No obstante, sólo un día antes de la disputa del encuentro las posturas ya parecían inalterables. “No podemos competir. Y no pensamos hacer el rídiculo. ¿Es que acaso Hesp deberá jugar de delantero?” se preguntaba irónico el presidente del Barça, Josep Lluís Núñez. El técnico de los culés, Louis van Gaal ya había mostrado el viernes anterior su decisión rotunda de no jugar el partido. En esta ocasión no forzó el técnico neerlandés al elevado número de compatriotas que tenía a sus órdenes para que retrasaran su incorporación a la Oranje, algo que sí habían hecho en anteriores ocasiones. En la atmosfera se respiraba la incomodidad del encuentro tras la derrota de la ida y el escaso interés que ya entonces despertaba un trofeo menospreciado por los grandes.

La incomodidad no era menor para el Atleti. Aunque de puertas para afuera el mensaje era que ellos querían jugar y que se sentían en medio de una disputa que no les correspondían, los colchoneros preferían no jugar el partido. De esta manera no sólo se aseguraban el pase a la final, sino que también ahorraban fuerzas para un final de temporada que sería de infarto. Inmersos en una caída hacia los infiernos imparable, la Copa del Rey se presentaba como una tabla de salvación, que finalmente no fue tal y que se consumó con el descenso a segunda.

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A las 7 de la tarde de ese lunes Jesús Gil pasea nervioso por el Camp Nou. En realidad, camina sin rumbo entre el campo, los vestuarios y el palco presidencial. Él no está para reuniones, al corriente de todo están Miguel Ángel o Enrique. El Presidente se muestra ansioso, pidiendo explicaciones y preguntando si había alguna novedad de última hora en un tiempo que todavía no había alumbrado las redes sociales, apenas un incipiente internet.

Nada cambia en esas horas previas que repasa para Kaiser Football, Sergi Barjuan, uno de los diez integrantes que esa noche saltó al Camp Nou: “Fueron momentos de nerviosismo e incredulidad. Nunca nos habíamos visto en una situación así”, asegura el lateral izquierdo catalán antes de confirmar que todos fueron a una con la decisión del club ya que entendían que defendían sus derechos también como jugadores. A las 20:30 el delegado del Barcelona cuelga en la pared de la zona mixta las alineaciones de ambos equipos. Minutos después Nicolau Casaus, vicepresidente del Barça rompe el silencio y aclara lo acontecido en la última reunión: “La decisión de no jugar es unánime. Eso no implica romper con la Federación porque Joan Gaspart es nuestro representante. No había visto nada igual en setenta años”, sentencia el mítico directivo azulgrana.

Mientras tanto los jugadores del Atlético de Madrid calentaban sobre el césped y las gradas del Camp Nou jugaban su propio partido. Pancartas del tipo: “España teme otra noche mágica” (en alusión a otro partido de Copa disputado entre Barça y Atleti que terminó 5-4 para los culés tras remontar un 0-3) o “Federación y Medios corruptos” se podían leer en el coliseo azulgrana. Para los jugadores del Barça las preocupaciones eran otras: “El principal problema era cómo escenificar el plante. Si no saltábamos al campo la sanción podía ser mayor” recuerda Sergi, quien desvela que en los días previos preguntaron una y otra vez al club si ellos, los jugadores podían sufrir alguna sanción por parte de UEFA o FIFA.

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A las nueve en punto el Atleti salta al Camp Nou entre gritos de: “¡A Segunda! ¡A Segunda!”. En el palco toda la directiva azulgrana se mantenía impasible ante el espectáculo. En fila de a uno los 10 jugadores repetían la estampa del palco a escasos centímetros de la línea de cal. Posteriormente Pep Guardiola, capitán del equipo, se encaminó hasta el centro del campo para dar por cumplida la pantomima. A continuación comenzó otro partido. El Barça peleó en los despachos por regatear la sanción estipulada en el régimen disciplinario de la RFEF: un año fuera de la competición por incomparecencia.

El Comité Español de Disciplina Deportiva (CEDD) ratificó la sanción tanto económica (dos millones de pesetas) como deportiva. No obstante, el Barça iba a encontrar un atajo inesperado a última hora. Ese verano, Ángel María Villar fue reelegido presidente de la RFEF y entre las medidas de gracia que concedió el eterno presidente fue anular la sanción sobre el club catalán. Pacto entre caballeros, que diría el maestro. Esas medidas de gracia se han seguido repitiendo hasta hoy, aunque nunca ha vuelto a verse un esperpento como el de aquella noche.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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