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El día que los hinchas del Aston Villa destrozaron su estadio

La historia que encendió a la grada más representativa del Aston Villa

Villa Park no estaba preparado para el nuevo milenio. Quedaban seis años para iniciar otros mil años y el estadio del Aston Villa estaba en ropa interior. El gobierno británico se puso muy serio en temas de seguridad tras el desastre de Hillsborough y Villa Park no presentaba las medidas que el informe Taylor exigía desde 1989. Con cinco años de retraso, los villanos decidieron  ponerse al día.

El principal problema que tenía el estadio villano era que en Holte End no había asientos. La gente miraba el fútbol apoyada en barandas oxidadas. Teniendo en cuenta que era una de las gradas de animación más vivas de Inglaterra y que normalmente albergaba el 40% de toda la ocupación del estadio, aquello era un auténtico peligro.

La única solución viable económicamente para el Aston Villa fue demoler la carismática grada y alzar otra adecuada al informe Taylor, con el mismo nombre pero sin la misma esencia. El club sabía que la vieja Holte End era venerada por los aficionados y que debía tener una despedida por todo lo alto.

El Aston Villa tuvo que hacer un reestructuración de Villa Park por las medidas que exigía el informe Taylor. 

En la última jornada de la temporada 93/94 llegaba el Liverpool a Birmingham. En los días que seguían al partido se iba a echar abajo Holte End. Era el día para decir adiós al pulmón de Villa Park. El club decidió reunir a todos los jugadores que marcaron en la portería que daba a esa grada aunque al final solamente acudieron unos cuantos. Además, todos los asistentes que estuvieron de pie por última vez en Holte End recibieron un documento que certificaba que habían estado presentes aquel día.

Foto: www.flickr.com

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Antes de que comenzara el partido se iba a cantar una canción en honor a Holte End. El encargado de entonar la coplilla conmemorativa iba a ser el bueno de Dave, un empleado del club que servía para un roto como para un descosido; en otras palabras: el becario.

Dave se despertó contento. Casi no había podido dormir de los nervios. Iba a ponerse delante de más de 40.000 personas para cantar en homenaje a Holte End. La alegría se le quitó cuando llegó al estadio y le pasaron la letra que debía interpretar. Aquello no se podía cantar en Villa Park. Miró a un lado y a otro buscando miradas cómplices que le indicaran que al final no salía al césped pero no fue el caso.

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Nervioso a más no poder. Ataviado con un traje rosa, que solamente él sabía por qué se lo puso para un día tan señalado, Dave enfiló el camino hacia el centro del campo. Las gradas estaban abarrotadas y esperaban una actuación memorable. En el túnel de vestuario los jefes de Dave lo inspeccionaban con gesto autoritario. No había otra. La puñetera ética de trabajo hizo el resto.

El particular David Bowie llegó al final de la primera frase sin problemas. A partir de ahí los villanos se dieron cuenta de lo que se estaba cantando en su propia casa era el ‘You’ll never walk alone’, reconocido himno futbolero normalmente escuchado en Anfield. La gente montó en cólera: maldiciones para el Liverpool, insultos para Dave y ofensas para el pentagrama de la maldita canción. Por mucho que la letra dijera lo contrario el pobre Dave se marchó solo en cuanto vio la mínima oportunidad.

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Al finalizar el partido, que por suerte acabó en remontada con dos goles de Dwight Yorke tras el tanto de Robbie Folwer, la gente se volvió loca. Sabían que las excavadoras y las bolas de demolición se iban a llevar por delante todo lo que pillaran así que los que estaban allí arramplaron con todo, antorcha en mano, como si se estuvieran abasteciendo para el fin de los días. Uno se llevó un retrete, el otro un cartel informativo y el de más allá un felpudo de césped. El club tuvo que intervenir por megafonía suplicando que ya que estaban desbalijando el estadio al menos se limitaran a Holte End y no a saquearan otras gradas. La atmósfera prebélica estaba instalada en Villa Park y todos hicieron caso omiso.

Un pequeño reducto de malhechores dejó a un lado el expolio de Villa Park para acordarse del Liverpool y su himno oficioso. Los autocares que llevaban de vuelta a los aficionados reds se vieron rodeados por energúmenos esquizoides que enseñaban un cartel, arrancando de cuajo también, que rezaba “Holte End sin aficionados visitantes”.

Héctor Farrés

Me tropiezo con historias peculiares que piden a gritos ser contadas. Vi a Coutinho de periquito. Pertenezco a la "Meravellosa Minoria". También colaboro en VAVEL. Twitter: @hectorfg35

1 Comentario en El día que los hinchas del Aston Villa destrozaron su estadio

  1. ¡Muy bueno! Me encantan estas historias distintas. Reconozco que no la había escuchado. A todo esto, parece que un aficionado aprovechó para escribir las siglas de uno de los archirrivales del club.

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