Novedades

Alemania durante el nazismo y su increíble relación con Suiza

Los helvéticos les dejaron fuera en el Mundial 1938

Dos nombres marcan el devenir de la selección alemana durante los años del nazismo y los inmediatamente posteriores. Uno es un entrenador: Josef “Sepp” Herberger. El otro es un país, la pequeña y neutral Suiza.

Foto: Focus

En 1936 Sepp Herberger se hace cargo de una decrépita Mannschaft, que acaba de ser eliminada sonrojantemente de los Juegos Olímpicos de Berlín, tras perder por cero goles a tres en el Poststadion berlinés frente a la poco glamurosa Noruega. Es el comienzo de uno de los períodos más largos de un seleccionador en su cargo, ya que Sepp seguirá guiando los pasos de Alemania hasta el año 1964. Curiosamente fue uno de los pocos puestos de carácter púbico que no sufrieron cambios al final de la Segunda Guerra Mundial. Y ello pese a que Herberger había ingresado en el Partido Nacional-Socialista en 1933, y jamás ocultó sus simpatías (tibias, pero simpatías al fin y al cabo) por el Régimen. Con todo, su prestigio era tal que se mantuvo en el puesto…

La importancia de Suiza es, quizás, mucho más sutil, pero no menos simbólica. Y es que la selección helvética aparece en tres momentos fundamentales de la historia alemana de mediados de siglo. Y la afirmación, con ser ambiciosa, no resulta en absoluto falsa…

Veamos. Lo primero que hace el pequeño país es batir a Alemania en un Mundial, el de 1938, que los germanos aspiraban a ganar. No en vano la anexión de Austria (el Anschluss) había reforzado a la Mannschaft con algunos de los mejores jugadores del momento (el Wunderteam se había clasificado para disputar ese torneo mundialista… pero no pudo hacerlo al no existir ya como país, sino solamente como provincia del Reich, de nombre Ostmark) hasta conformar un conjunto de enorme poderío. Pero en Francia todo salió mal.

Suiza eliminó a Alemania en el partido de desempate por 4-2. Los helvéticos caerían después ante Hungría.

El cruce de octavos de final emparejó a Alemania con la débil Suiza. En un partido disputado en el Parque de los Príncipes frente a una multitud francesa que no paraba de animar a los helvéticos, los suizos logran empatar a uno con los alemanes. Suiza estaba, en aquella época, sumamente preocupada por la beligerancia del nazismo, y temía una invasión sobre sus fronteras, por lo que el esfuerzo de su selección tuvo un fuerte componente metafórico. Algo que aumentó cuando horas después se juega el partido de desempate y los suizos vencen por cuatro goles a dos. Fracaso absoluto de los nazis, que no pudieron seguir paseando su esvástica y su saludo brazo en alto por Francia… al menos hasta un par de años después…

Durante la Guerra Mundial la selección alemana siguió jugando partidos, aunque siempre con selecciones “amigas” y cada vez de forma más incidental. Y aunque el mismo Herberger intentó mantener una cierta disciplina entre sus jugadores durante esos años, con concentraciones relativamente frecuentes, lo cierto es que Alemania quedó relegada a ese tipo de encuentros, y a otros aun más ridículos, como el que una especie de selección germana jugó frente a España en Berlín ante 90.000 espectadores en honor a la División Azul y que terminó con empate a un gol…

Foto: Rotweiss

Foto: Rotweiss

Precisamente los militares ocuparon en aquellos años grandes parcelas de la sociedad civil, y así surgen equipos como la Luftwaffe de Hamburgo, la Luftwaffe de Danzig o el SS de Estrasburgo. Más aun, entre 1943 y 1944 funcionó un equipo, casi una pequeña selección, llamado Rote Jäger (los Cazadores Rojos), que de la mano del aviador y guardameta Hermann Graf incorporó a alguno de los mejores jugadores alemanes de la época con el objetivo de alejarlos del frente. Este equipo, con sede en Hamburgo, jugó varios amistosos en año y medio de vida, siempre entrenado por… sí, lo han adivinado, el inefable Herberger…

Acabada la Segunda Guerra Mundial Alemania era un país totalmente devastado, ocupado por tropas internacionales y sin estructura administrativa alguna donde el fútbol era la última de las necesidades. Con todo, y dentro del enorme crecimiento y “normalización” de la vida germana en los siguientes años la Mannschaft vuelve a jugar un partido el 22 de noviembre de 1950. Y lo hace frente a Suiza… segunda aparición de los helvéticos. Fue en Stuttgart, en el Neckartstadion, y los germanos vencieron por un gol a cero. Herbert Burdenski fue el encargado de inaugurar esta nueva era de la Mannschraft, al transformar en el minuto 42 un penalti que había señalado el colegiado Arthur Ellis. Alemania volvía al universo fútbol.

Sobre la tercera pata de esta relación entre Alemania y Suiza, que tendría lugar años después, se han escrito ríos de tinta. Berna, Herberger, Puskás… pero esa es, quizás, otra historia…

Marcos Pereda

Cuento historias que te harán creer en la relación entre Cultura y Deporte. Un día me puse a escribir y creo que no he parado desde entonces.

Twitter: @MarcosPereda2

Latest posts by Marcos Pereda (see all)

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.