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Alberto Vivalda, otra vida demasiado corta

La trágica historia del mito de Millonarios

Suelen los porteros encajar peor los golpes de la vida que los goles sobre el césped. Una raza peculiar etiquetada por esa paradoja que es hacer de su trabajo un ejercicio de tensión propia y frustración ajena. Juegan sin red y los errores a veces se pagan fuera del terreno de juego. Alberto Vivalda fue uno de esos arqueros que no pudo atajar sus días más grises.

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Foto: bestiariodelbalon.com

Corría el minuto 17 del segundo tiempo y Ángel Labruna se giró y le dijó: “Prepárese pibe que entra por Fillol”. Se movía entre mitos y esas palabras retumbaron en su cabeza mientras se armaba de valor para ocupar la portería de River Plate. Aquel 30 de julio de 1975, Alberto Pedro Vivalda (Buenos Aires, 1956) debutaba en el equipo de la franja que a tres jornadas del final lideraba el torneo Metropolitano. Iba para 19 años que el club de Núñez no campeonaba y al joven Vivalda no le podía temblar el pulso. Aquella tarde en la cancha de Racing el encuentro terminó 1-1 pero el examen definitivo llegaría dos semanas después.

Una huelga de jugadores profesionales argentinos colocó de nuevo en el foco a Alberto. El 14 de agosto, los grandes nombres de River: ‘Pato’ Fillol, Daniel Passarella, Beto Alonso o el propio Labruna no aparecieron por el Monumental. A él saltaron los juveniles de River para hacer frente a Argentinos Juniors después de que la AFA no suspendiera la jornada tras declarar el Ministerio de Trabajo dicho paro como ilegal. Con 19 años, Vivalda volvió a defender la portería de los Millonarios en partido trascendental para el título. Todos recuerdan que aquel día Norberto Bruno marcó el gol de la victoria (1-0), pocos que Alberto salvó a su equipo con sus paradas. El título terminaría alzándolo Passarella.

Alberto Vivalda era un portero revolucionario y de atajadas espectaculares pero Fillol le cerraba el paso y se vio obligado a emigrar en busca de oportunidades

Vivalda, que más tarde sería apodado como ‘El Loco’, fue un portero revolucionario. Innovador y de atajadas espectaculares era consciente que Fillol le cerraba el paso al primer equipo de River. Criado en las categorías inferiores del club de Núñez, al que llegó con 13 años, fue su más firme promesa, pero tuvo que emigrar en busca de oportunidades. En cierta medida ese partido contra Argentinos le condenó. A él y al resto de compañeros que defendieron ese día a River, ya que los profesionales les catalogaron como esquiroles y les desprestigiaron dentro del cerrado mundo del fútbol.

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Foto: ramonantonioloaiza.blogspot.com

Vivalda fue uno de los pocos chicos de aquella generación que consiguieron hacer carrera. Su periplo comenzó en Chacarita Juniors y posteriormente pasaría a Racing de Avellaneda. No sería hasta 1982 cuando José Omar Pastoriza lo lleva a Colombia. Allí se convertiría en ídolo en Millonarios de Bogotá y compartiría vestuario con René Higuita, Carlos Valderrama o Juan Gilberto Fúnes. El alocado cancerbero colombiano sería años después su sustituto en el arco del equipo de Bogotá. Una entidad que volvería a sentirse importante gracias al acierto y el aplomo que desprendía su portería. Con Vivalda, Millonarios volvería a pelear por los títulos aunque ante rivales tan poderosos económica y deportivamente como América de Cali quedaría siempre en un segundo lugar.

Su forma de vivir bajo los palos causó sensación en Colombia. Durante los tres años que vivió allí alcanzó el Olimpo de los ídolos azules y no solo por sus paradas, sino por el show que brindaba a los aficionados. Le gustaba salir con el balón jugado hasta mitad de la cancha y aseguran en el país cafetero que un día lo puso en práctica en el clásico contra Santa Fe. Vivalda salió de su área e intentó regatear a Odine y Gottardi, pero terminó perdiendo la pelota y sacando el balón de las mallas. Millonarios perdió aquel partido 2-3 pero ese resultado no quebró ni un ápice su forma de actuar sobre el césped. Hay incluso quien vería posteriormente en la salida de Higuita en el Mundial de 1990, un desdichado homenaje al portero que había sido el mentor de René.

En 1986 volvería a Argentina, teniendo un paso discreto por Unión, Platense y Ferro. En 1989 disfrutaría de una segunda oportunidad en River, pero el sueño terminó en pesadilla. Apenas jugó 6 partidos en toda la temporada. Finalmente se retiraría en 1990 en Racing de Avellaneda y ya entonces se habló de una retirada motivada por los bajones anímicos que sufría. Fue entonces cuando la soledad comenzó a carcomerle por dentro. Llegó ese cautiverio que es la depresión propia de los deportistas de élite tras alejarse de los focos. A ella se sumaron los problemas sentimentales con su mujer que terminó en separación y el posterior alejamiento de sus hijos.

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Foto: fabmillos.galeon.com

La fama se había esfumado a la misma velocidad con la que el peculiar portero salía a despejar los balones que revoloteaban alrededor de su nido. Con esa alegría que un día desprendieron sus penetrantes ojos azules, cuando fue ídolo para una afición que veneraba por igual sus salidas del arco como los astutos despejes que terminaban en contragolpe de su equipo. Uno de los más memorables lo consiguió frente al América de Cali y le valió el reconocimiento de todo el estadio rival.

Como esas olas de mar que arrasan con los castillos de arena, esos recuerdos estaban sepultados en un rincón de la memoria el 4 de febrero de 1994. Siguiendo el camino emprendido antes y después por otros cancerberos, el pajarillo de Vivalda echó a volar sobre las vías del ferrocarril Mitre en San Isidro cansado de atajar solo todos los problemas que la vida le chutaba. Tenía 37 años y mucha vida por delante.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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