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1942. El Mundial olvidado

Una foto antigua desveló un profundo secreto

No se lo podía creer. Por más que miraba aquella foto raída, ausente de colorido y recubierta de polvo, no salía de su asombro. La imagen estaba debidamente enmarcada, guardaba un sitio especial en un lugar tan tenue, tan apagado, tan sucio. La fotografía podría haber sido una más de primera mitad de siglo XX, sino fuera por dos detalles...

El primero de los detalles, la Copa Jules Rimet, portada por unos hombres bien vestidos situados entre medias de dos equipos, en un campo muy pequeño para tan prestigioso galardón. Aunque eso era lo de menos, podría haber sido un partido de exhibición del trofeo o una réplica concienzudamente lograda, lo que más le chocaba a este periodista que se postraba en la barra de la vieja pulpería, era la inscripción que había debajo de la imagen: “8 de noviembre de 1942, Barda del Medio. Partido inaugural de la Copa del Mundo de fútbol, Italia-Real Patagonia”. Pero, ¿cómo era posible? Si en ese año el mundo libraba la mayor y más sangrienta guerra de todos los tiempos. En los libros no figuraba que hubiese habido un Mundial. Tanto el de 1942, como el de 1946, habían sido suspendidos por la guerra. Lo que sí se decidió años antes de que estallara el conflicto armado, es que el Mundial de 1942 sería en Argentina, pero con el mundo revuelto, la cita se canceló, o eso parecía.

Las historias de fantasía, las leyendas incontrastadas, las historias incrédulas, son abundantes en nuestro planeta, ¿quién no conoce alguna historia en su pueblo o barrio? De rumores se vive. Se mitifican personas que no lo merecen o se engrandecen actos que en otras circunstancias habrían pasado de largo. Hasta el punto de inventar de cero una historia. En la Patagonia argentina, y por ende, en gran parte del país sudamericano, se había extendido, en círculos muy futboleros, esta leyenda. Que sí, que había habido Mundial de fútbol en 1942. Un Mundial olvidado, dado la espalda por el mundo. No reconocido por la FIFA. Ese Mundial, era ya más realidad que fantasía.

El periodista que aquel día se encontraba en esa tasca, Sergio Levinsky, se puso a investigar, y empezó a encontrar pruebas de que algo precioso había sucedido mientras el mundo se mataba. El fútbol no se había detenido ni en el momento más cruento de nuestra historia, la pelota seguía rodando. El artífice de este hecho era el Conde Otz. Un hombre adinerado proveniente de Europa, que se había instalado en la Patagonia, y que ante la negativa de la FIFA de organizar el Mundial en el país, decidió organizar la cita más importante por su cuenta. Valga de prueba estas declaraciones, un año antes de la teórica cita: El Mundial de la Patagonia, será recordado dentro de cien años como el evento deportivo más importante del siglo XX. Será la única manifestación capaz de parar a la guerra. Aquellos que ahora se ríen de mí, leerán mi nombre en las páginas de los diarios de todo el mundo”. El Conde movería mar, tierra y aire con tal de tener ‘su’ Mundial.

“El fútbol no se había detenido por la guerra. El Conde Otz puso en marcha el Mundial de 1942 en la Patagonia. El Mundial olvidado”

Con esa intención mandó una carta a las diferentes federaciones deportivas y primeros ministros del mundo, comunicando que la Copa del Mundo seguía en pie. La tarea no sería sencilla, y como era normal, no obtuvo respuestas. El mundo estaba a otra cosa. El Conde no se desanimó y se dio cuenta, que se podría organizar el Mundial, aunque sin tantos jugadores profesionales. En ese momento en la Patagonia existían diferentes inmigrantes, de diversas nacionalidades. Muchos habían llegado para la construcción del dique en Barda del Medio. Tras visitar toda la zona y hablar con asociaciones de inmigrantes, la realización del torneo fue viable. Hasta doce combinados participaron en el campeonato, diez representando a estados y dos sin representación estatal. Estos últimos eran el Real Patagonia, selección local de esa zona argentina y que era considerado como el equipo del Conde y los Mapuches, pueblo indígena establecido entre Chile y Argentina, pero sin Estado.

El resto de selecciones estaban conformadas por trabajadores de diferentes gremios, establecidos en ese momento en aquella zona de Sudamérica o exiliados, como es el caso de los italianos, que eran abiertamente antifascistas. Lo curioso es que en la cita de la Patagonia también había representación de la Alemania Nazi, debido a que unos instaladores de líneas telefónicas fueron a trabajar allí, para ayudar, de esta forma, a las comunicaciones germanas. La mayoría de los futbolistas eran amateurs, pero sí que había algún que otro profesional.

Aparte de la mencionada sede de Barda del Medio, hubo otras dos subsedes. La cita era ya una realidad, faltaba la Copa del Mundo. En este punto existen dos versiones, la primera, que el Conde Otz, mandó fabricar a un orfebre una copa idéntica a la verdadera. La segunda, que la Copa Jules Rimet que poseía Italia tras ganar en París en 1938, había sido llevada por barco hasta Argentina y que era la verdadera. Lo cierto es que las imágenes siguen dejando dudas. La cita fue transcurriendo y la suerte quiso que en semifinales se enfrentaran los italianos antifascistas ante los alemanes nazis, los cuales portaban hasta la esvástica en su camiseta.

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Muchas trifulcas, muchos enfrentamientos, pero el árbitro terminó poniendo orden. Este colegiado, era hijo de un ladrón de bancos estadounidense que se terminó refugiando en la Patagonia. El hijo fue un maleante durante muchos años, pero imponía respeto y el Conde Otz, en una decisión polémica le nombró árbitro. En lo referente al orden del colegiado no falló el Conde, otra cosa eran las formas, portaba siempre una pistola. En torno a este partido de semifinales siempre existió un rumor, que los italianos echaban pimienta a los germanos, se dice que por ello el árbitro, trató de compensar a los nazis, concediéndoles ayudas arbitrales.

La otra semifinal enfrentaría a la selección Mapuche frente a Inglaterra. El duelo tenía un trasfondo político reseñable. Los ingleses asentados en la Patagonia, habían tenido criados, casi esclavos, Mapuches. La selección indígena había dejado muchas perlas durante la cita por su juego fantasioso. Un fútbol que rompía con el molde, en el que la magia y la improvisación tenían un papel fundamental. Tras unas buenas semifinales, la final la disputarían mapuches y alemanes el 19 de diciembre de 1942. En esas fechas, pese a la proximidad del verano en Argentina, el país estaba envuelto en unas lluvias, que a poco estuvieron de suspender la final. En el último momento, el Conde Otz dio vía libre al encuentro. Mucha población mapuche se desplazó a Barda del Medio.

“Hace unos años, se descubrieron unas imágenes inéditas que demostraban la victoria mapuche”

Los germanos empezaron presionando, con el beneplácito del colegiado, pero el buen trabajo del portero indio, detuvo las acometidas europeas. Un gol, con remate acrobático, muy parecido al escorpión de Higuita, adelantó a la población mapuche. Los alemanes, empatarían el duelo y hasta aquí la historia conocida. La lluvia hizo su aparición y parecía que no había más imágenes del encuentro, las habladurías contaban diferentes versiones. Hace unos años, con la muerte del cámara oficial que contrató el Conde Otz se descubrieron unas imágenes inéditas, que demuestran que el partido acabó con victoria Mapuche y que ganaron la Copa Jules Rimet, la cual desapareció, debido a una trifulca con los alemanes. Las imágenes demuestran que el ladrón fue el colegiado. Al tiempo el dique que se estaba construyendo en la población se desbordó y el campo, así como sus cercanías quedó bajo al agua hasta la fecha. Una historia increíble, tan increíble, que no existió.

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Siento la expectativa creada. El relato que aquí expongo es el argumento del falso documental (o mockumentary) realizado hace tres años, por dos cineastas italianos, en su obra presentada en el Festival de Venecia. El nombre de este fantástico archivo es ‘Il Mundial Dimenticato’ (El Mundial olvidado). Les recomiendo encarecidamente su visionado, pese a que les he desgranado en absoluto la obra, mis disculpas, pero sigue mereciendo la pena. La idea original no es de estos hombres italianos, que mezclan personajes existentes, con otros inventados.

El primero en escribir de esta obra fantasiosa fue el periodista argentino, Osvaldo Soriano, más conocido como el ‘Gordo’ Soriano, en su relato: ‘El hijo de Butch Cassidy’. El hincha devocional de San Lorenzo forma, por obras como esta, parte de la historia del periodismo deportivo. Cada vez tengo más claro el poder de influencia de los periodistas, y a su vez, la necesidad de que los lectores creen su propia opinión. No podemos creer en una verdad irrefutable, hay que cuestionarse absolutamente todo. En la incredulidad está la sabiduría. Buenas noches y buena suerte.

Puedes leer esta historia en nuestra Guía Histórica de los Mundiales

Andrés Cabrera

Mientras respire seré periodista deportivo. Me encanta el fútbol y el aura que lo envuelve. La pasión de este deporte es incomparable, única.
Twitter: @Andres_inter

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