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El palacio de Zidane

Diferencias con Ancelotti

A principios de abril de 2014, el equipo que mes y medio después iba a conquistar la Champions era un drama en lo táctico. El peor Barça del peor Messi de la década había tomado el Bernabéu (3-4) y la imagen del nuevo Madrid de Ancelotti dejaba un aire de vulgaridad competitiva que hacía impensable el tomarlo en serio como candidato a nada. El Madrid había ninguneado a Messi, como si no lo conociera en absoluto. El argentino, sin vigilancia alguna, había destrozado al equipo blanco instalándose en el océano que era la distancia entre centrales y mediocentro, pudiendo girarse, levantar la cabeza, correr y decidir. Tres días después, el Madrid caía en el Pizjuán (2-1) mostrando una incapacidad preocupante para meter mano a defensas cerradas, y en Dortmund pasaba a semis de Champions por la puerta de atrás después de haber sido aplastado por el equipo de Klopp (2-0), que a punto estuvo de completar una remontada histórica.

Se venían los partidos decisivos y Ancelotti necesitaba un plan, pero había un enemigo: la falta de tiempo. Hubiera sido magnífico forjar una salida de balón limpia con una mecánica robotizada, un fútbol asociativo de calidad con movimientos trabajados para lograr ser profundos con frecuencia constante o una presión coordinada, agresiva y matizada en cada duelo de acuerdo a las características del rival. Pero el fútbol elaborado (creatividad) es exponencialmente más complejo que el reactivo (destrucción), y el Madrid no contaba con el tiempo necesario para desarrollar el primero. Ordenarse atrás y esperar o forzar el error ajeno era más coherente que intentar alcanzar la excelencia asociativa que no habían logrado en ocho meses. Porque en el Madrid las pretemporadas son en verano y no en plena competición cuando los grandes de Europa se reparten el pastel. Ancelotti lo interpretó a la perfección, y aunque la idea global de Madrid que tenía el técnico italiano para desarrollar su obra no era esta, diseñó un repliegue bajo dibujado en 4-4-2 que compactaba al equipo (entonces el Madrid tenía en Xabi Alonso un mediocentro con unos fundamentos defensivos propios de cualquier manual avanzado de formación futbolística), potenciaba su contraataque (con Cristiano, Di María o Bale, una carta ganadora de primer nivel), reforzaba su autoestima y le permitía competir, incluso, frente a equipos a todas las luces superiores en ese momento, como el Bayern Múnich. Ancelotti se adaptó a las características de la plantilla de la que disponía, al tiempo para trabajar y a los rivales que se le venían –Barça en Copa y Bayern en Champions, a los que iba a ser imposible discutirles el balón–. El contexto pedía elaborar una trinchera sólida y no un palacio de ocho pisos que no se podía terminar a tiempo. El palacio, mejor el verano siguiente (como así fue, aunque las bajas y la falta de plan alternativo ante estas lo dejaran a medio acabar).

zidane ancelotti

Con una plantilla distinta a aquella, a Zidane le tocaba volver a hacer un mini proyecto express para salvar la temporada y eligió empezar a construir el palacio, a riesgo sabido de que podía ser echado abajo por los equipos que ya disponen de un castillo inexpugnable –levantado con el material adecuado y el tiempo necesario– y conocedor de que su presidente no es amigo de segundas oportunidades. Un calendario descargado y poco exigente le permitía edificar sin presión –donde no llegaba lo colectivo debía llegar el talento individual para que los resultados no dañaran el proceso– durante las primeras seis semanas. En este tiempo hemos visto como el Madrid desarrolla una salida de balón que concede demasiado protagonismo a un portero muy limitado en el juego de pies, o que obliga a retrasar la posición a los interiores –Isco sobre todo– en momentos de presión para ayudar a sacar el balón, sin que la línea de ataque tenga interiorizados movimientos para ocupar la posición de estos y pedir entre líneas. En esta carrera contrarreloj para pulir un patrón de juego, a Zidane no le ha importado emplear el tiempo en entrenar la forma física de forma específica, aislando el balón. Algo que parece residual a la hora de alcanzar el objetivo de armonizar el equipo para que viaje junto mientras supera líneas de presión. Las bajas –en especial la de Gareth Bale– no le han ayudado, pero ni ante Málaga ni frente al Atlético se le han adivinado soluciones sobre la pizarra para hacer daño al rival con los recursos de los que disponía.

Las victorias ante Sporting, Deportivo o Espanyol, como el espejo mágico de la madrastra de Blancanieves, recordaron al Madrid lo guapo que era. Pero el sábado el Atlético le puso un espejo de verdad y salió un equipo cuyo rigor táctico está más cerca de la Premier que de la Liga, donde el nivelazo de entrenadores ha hecho que el Madrid proyecte ahora mismo 79 puntos –la que sería su peor puntuación desde 2005/06, la campaña que se repartieron Luxemburgo y López Caro–  y cuyos mejores equipos –Barça, Atlético, Villarreal y Sevilla– se han encargado en dejarle en un punto de quince en enfrentamientos directos.

Si fue un acierto o no el darle la alternativa a Zidane a mitad de temporada, depende del objetivo prioritario que tenía en la cabeza Florentino. Si buscaba resultados inmediatos por encima de proyecto con recorrido, su error es de bulto por creer que ese modelo de juego se puede instaurar de la noche a la mañana por un entrenador que ni siquiera ha podido diseñar la plantilla a su gusto. Si el fin es instaurar una manera de jugar a partir de la cual empezar a crecer competitivamente a medio plazo sin importar si la pelota entra o no, entonces habrá que esperar.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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1 Comentario en El palacio de Zidane

  1. Ya se echaba de menos un análisis serio sobre la situación del Real Madrid. Muchas gracias!

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