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Un atlético en San Mamés

Raúl García se va del Atlético dejando una gran huella

Foto: Daily Mail

Ahí estaba Raúl García. Cuando los partidos se ponían de punta y las gradas se caían sobre los jugadores del Atleti, en una tormenta de pitos e insultos, ahí estaba Raúl García. Cuando tres tipos del equipo rival rodeaban a cualquiera de los nuestros, para intimidarlo entre empujones y caras fieras, ahí estaba Raúl García, para interponerse entre su compañero y los rivales. Cuando el Atleti se jugaba la Liga y no encontraba el camino, ahí estaba, una vez más, Raúl García, para cabecear el primer balón que le pasara cerca y acercarnos, un poco más, a Neptuno. Cuando se trataba de subir un punto la intensidad del Vicente Calderón, aparecía Raúl García por el césped y el público, de inmediato, entendía el mensaje: toca apretar. Siempre estaba Raúl García.

En una ocasión, me contaba Borja Resurrección que, cuando Koke, su hermano, empezó a entrenar, de vez en cuando, con el primer equipo, le comentó una noche lo mucho que le estaba impresionando Raúl García. En ese equipo estaban Agüero, Forlán o Reyes pero Koke le hablaba con enorme admiración de Raúl: “Va bien con la derecha, con la izquierda, de cabeza es espectacular y es dificilísimo quitársela”, le decía. Borja se calló pero le extrañó que su hermano, en vez de relatarle los prodigiosos regates del Kun, o los disparos de Forlán, glosase sin parar al navarro. Unos días después, Eugenio, su padre, fue a ver a Koke en un entrenamiento y, al volver a casa le dijo a Borja: “Oye, el que es espectacular es Raúl García, eh. Es para verlo entrenar”. El padre desconocía la conversación que habían tenido Borja y Koke semanas antes. Muy significativo.

Borja Resurrección, hermano de Koke, asegura que a su hermano le sorprendió Raúl García en un equipo en el que estaban Agüero, Forlán o Reyes

Atravesó épocas oscuras en el Atlético, años de Seitaridis y Maniches en los que, para mayor dificultad, tenía que ganarse el pan y pelear contra los pitos en una posición que no era la suya pero era lo que tocaba y Raúl trabajó sin abrir la boca, dar escandalosos titulares o mandar a alguien a los teatros de la Gran Vía. Sabía que estaba en el kilómetro cero del afecto de la mayoría de la afición del Atleti pero siempre confió en ir ganándose con un afecto verdadero, hondo, enraizado en el día a día. Y llegó. Primero, una creciente simpatía por ese chico que corría y metía la pierna dura como pocos; después, el debate sobre si debía ser, directamente, uno de los titulares habituales, especialmente, en los partidos de casco y cuchillo entre los dientes; por último, la identificación casi absoluta entre la grada, los valores del escudo y ese chico narigón y seriote al que hoy despedimos, por fin, después de tanto esfuerzo, como uno de los nuestros.

Nunca nos esforzamos por darle cariño, fue él quien puso todo para que le quisiéramos. Lo consiguió. La medida de su grandeza la da el hueco emocional que deja su marcha. Trascendiendo el debate deportivo, Raúl ha conseguido que hoy todos sintamos que en Bilbao está jugando uno del Atleti.

Juan Esteban Rodríguez

Profesor UCM. Consejero editorial de Al Poste. Autor de El genio de Bayrampasa, Leyendas de la Premier y Maltrato de la Hª de España. Tertuliano en Punto Pelota.

@JuanesPREMIER

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1 Comentario en Un atlético en San Mamés

  1. Hermoso artículo!!! me encantó la parte donde dice: “Nunca nos esforzamos por darle cariño, fue él quien puso todo para que le quisiéramos”… cuántos van o vamos por la vida haciendo eso!

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