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La violencia y la agresión en el fútbol

La educación dentro del terreno de juego

En el fútbol el juego gira en torno a la pelota. Es el instrumento que estructura a los jugadores  y la que da sentido al partido, organizando no sólo el esfuerzo físico sino también la estrategia mental para manejarla y lograr los tantos de una victoria siempre ansiada. La que obliga a los futbolistas a usar tanto la cabeza como los pies. La que consigue levantar pasiones y aparcar por un rato las decepciones que a veces acompaña la vida cotidiana. La que emociona y nos hace creer en los sueños desde muy pequeños. Pero a veces, también la gran olvidada.

Foto: http://cuatrostatic-a.akamaihd.net

Porque si el balón pudiese hablar, nos diría claramente que las únicas patadas que quiere en un campo de fútbol, son las destinadas a empujarla, a marcar un gol, a hacer un pase, a disfrutar de la generosidad de una asistencia o enamorarnos en un regate. Condenaría claramente lo absurdo de aquellas que se infligen con la finalidad de hacer daño a alguien, y la estupidez de hacer sufrir en un espectáculo que está diseñado para disfrutarlo, para unirnos y aprender a superarnos, puesto que no hay nada más deportivo que tomar las situaciones adversas como una oportunidad para crecer y aprender.

Si la pelota hablase, nos diría que los únicos gritos que quiere escuchar son los que la grada arranca para animar a su equipo, los que los jugadores se lanzan para alentarse y para organizar la estrategia más adecuada, los de emoción desbordada cuando se culmina una jugada en un majestuoso gol, los que entonan emocionados la letra de un himno que canta lo que representa el escudo para aficionados y equipo. Gritos que por supuesto, nada tienen que ver con insultos, descalificaciones o faltas de respeto. El fútbol no estaba pensado para eso.

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Nos pediría que no confundiéramos rivalidad con hostilidad, ni competición con batalla campal. Que no mezclásemos deporte con agresividad, ni descargáramos la ira contra quién no piense de igual manera.

Nos recordaría que el fútbol es un punto de unión, aunque algunos se empeñen en convertirlo en motivo de desencuentro. Y que se acude a un estadio con espíritu deportivo y un profundo respeto por todo lo que nos aporta y enseña el juego: valores, esfuerzo, cooperación, entrega, cohesión, compañerismo, superación, creatividad, intuición, conocimientos y un larguísimo etcétera en el que en ningún momento tiene cabida ningún tipo de violencia.

La pelota nos pediría que no confundiéramos rivalidad con hostilidad, ni competición con batalla campal. 

Pero se trata de ir mucho más allá de las palabras, y lograr un compromiso de todos los estamentos en esta tarea de concienciación. La manera más rápida y contagiosa de hacerlo es dando ejemplo. De nada sirven las buenas intenciones si el día del decisivo partido se muestran continuamente miles de actitudes y comentarios racistas, violencia verbal y física, y poco respeto al adversario. Tenemos que ser coherentes con nuestro mensaje lanzado al mundo, y al mismo tiempo aparcar la pasividad de nuestro proyecto de vida, atreviéndonos a llevar a cabo realmente lo que estamos contando. Se trata de movilizar a la acción, no quedarnos en un estado de contemplación.

Foto: La Sexta

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Lo fácil es decir frente a quien quiera escucharnos que hay que ser tolerantes, pero el verdadero reto está en llevar esa actitud hasta el final, cuando surgen problemas en el campo y en la batalla del día a día. Ése es el verdadero compromiso: convertir la educación en valores no sólo en una pose, sino en un modo de pensar, un comportamiento diario y una filosofía de vida.

Entrenadores, padres, jugadores, medios de comunicación y organizadores deportivos deben ayudar a educar en valores, en el juego limpio y la deportividad tanto dentro como fuera del campo. Deben fomentar actitudes positivas en los chicos, siempre dando ejemplo, haciendo uso del sentido común y respetando a futbolistas, compañeros, árbitros y aficionados.

Foto: http://www.resultados-futbol.com

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La pelota nos ha dado mucho, nos ha regalado grandes historias e inmejorables momentos. La mejor manera de devolvérselos es rindiéndole un homenaje en forma de respeto, admiración; estando a la altura del acontecimiento deportivo y condenando la violencia. No se merece menos.

Como un día dijo Alfredo Di Stefano refiriéndose a ella: “Gracias, vieja”.

Llanos Quijada

Psicóloga muy Aplicada al Deporte y a la Vida. Profesora en los cursos de Técnico Deportivo de Fútbol.
Twitter: @LlanosQuijada

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1 Comentario en La violencia y la agresión en el fútbol

  1. Los Ultras no tienen cabida en el fútbol! No a la violencia!

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