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Desmontando falsos mitos

Reflexión de aquellos mitos internos dentro del fútbol

A pesar de encontrarnos en la era de la información, y de tener a un simple click de distancia todo tipo de documentos que profundizan acerca de cualquier  tema que se nos ocurra, todavía perduran algunos mitos o ideas fuertemente arraigadas a nuestro esquema mental que es necesario revisar y sopesar. Disponemos de todos los datos, pero quizás ahora permanecemos más incomunicados, obstinados en fijar ideas, en lugar de mantener una disposición de apertura hacia ellas. 

No podemos perdernos la aventura de aprender cosas nuevas. Y eso sólo se consigue otorgándole libertad a la duda, dando rienda suelta a la imaginación, rompiendo viejos moldes para construir otros que, también con el paso del tiempo, quedarán obsoletos. Se aprende cuando no te cansas de crecer, y te acercas a tus sueños a base de preguntar, porque a pesar de todo, siempre será el signo de interrogación el que te ofrezca una dirección acertada  en medio de todo el caos que a veces supone la revolución de la  vida y la locura de los banquillos.

“No hay preguntas tontas. Hay tontos sin preguntas”. Proverbio oriental

Una pequeña exploración a todo ese mundo de ideas estáticas, que pretende abrir simplemente una mirilla para considerar otros modos de pensar, podría ser la siguiente:

  • Frecuentemente encontramos la idea reiterativa de que para dirigir un equipo con autoridad es necesario utilizar la imposición y el castigo, y  mantener las distancias. Lo cierto es que la autoridad no es una simple cuestión de obediencia. Va mucho más allá: se gana con credibilidad. Se trata de generar en los demás la inspiración necesaria que movilice el compromiso con el equipo y consigo mismo. Y eso no lo consigue la imposición, ni el alejamiento de las demandas y necesidades de mi grupo, ni la sanción continua sin corrección o recomendación de mejora alguna. Cuando en los equipos se genera un clima de confianza, se otorga libertad para desarrollar el talento y se ofrece empatía para comprendernos. La disciplina y la entrega van de la mano para luchar en la construcción de un equipo auténtico, cohesionado y dispuesto.
Foto: Fichajes.net

Foto: Fichajes.net

  • Otra idea que a menudo merodea por las gradas y banquillos es la necesidad de eliminar el ego de los terrenos de juego. El ego, entendido como orgullo y amor propio, es necesario en el deporte. A partir de ese impulso interno, el jugador conseguirá hacer frente a situaciones complicadas, enfrentar la competición con la fuerza indispensable y no bajar nunca los brazos en una búsqueda constante de retos y desafíos. Los problemas surgen cuando se adelgaza la línea que separa el orgullo de la soberbia, atravesándola. La confianza facilita la construcción de una programación mental en la que mis recursos son dignos de utilización y de crédito para obtener los objetivos marcados. Pero esta seguridad no está reñida con la humildad, la modestia y la cooperación con el resto del equipo. En cambio, el complejo de superioridad estanca, desprecia la evolución deportiva y dificulta la solidaridad y generosidad en el vestuario.

“El orgullo es la principal fuente de competitividad y casta en el deporte, tanto más necesarios en el fútbol cuanto que aquí hay un rival enfrente. La rivalidad hace necesario el orgullo, en el fútbol como en la vida”. Andrés de Francisco.

  • Otra creencia es aquella que opina que las emociones no tienen tanto peso sobre el rendimiento como para ganarse formar parte de la programación de la temporada, y gestionarse a través de una metodología adecuada. Todos reaccionamos ante una crítica, una alabanza, ante el rechazo, ante la incertidumbre, la victoria o la derrota… Son situaciones que de alguna u otra manera generan un impacto del que tenemos que hacernos cargo. Las emociones son energía, el combustible que nos da la potencia que hace falta para conseguir nuestras metas. Por lo tanto, las sensaciones son clave para la motivación y la creación. Experimentar una emoción provoca un cambio psicológico en la persona que la vive y, a través de la unión invisible de emoción y pensamiento conformamos nuestra explicación de los hechos, nuestra experiencia subjetiva, transformándola en tendencia a la acción de escoger las situaciones que van condicionando nuestro camino. Ser conscientes de este proceso fortalecerá nuestras elecciones y favorecerá centrar la atención en los aspectos más positivos del proceso.
  • Hay una idea extendida acerca de lo que el elogio debilita. Sin embargo, no existe mayor refuerzo positivo que el apoyo social. No se trata de ensalzar aleatoriamente y sin sentido las características del futbolista, sino de proporcionar informaciones realistas que animen al esfuerzo. Asimismo, como jugador, debo de establecer un equilibrio a la hora de recibir críticas y alabanzas, de manera que la alegría por un elogio no nos dure apenas unos minutos, y a una crítica le concedamos 24 horas de baile continuado con nuestros pensamientos. Hay que hacer análisis eficaces y constructivos, extrayendo lo mejor de cada comentario para continuar progresando. Todos necesitamos de vez en cuando unas palabras amigas, que nos digan que estamos en lo cierto, que nos ayuden a descubrir nuestro talento. La crítica constante desanima y desgasta, llevando a la desgana.

La mente tiene la maravillosa cualidad de la plasticidad cerebral, gracias a la cual es posible el aprendizaje a lo largo de cualquier etapa de desarrollo, a cualquier edad. Aprovechémosla, no sólo en beneficio nuestro, sino también para facilitar la vida a los demás para comprender otros puntos de vista, para evolucionar e innovar en lugar de ponerle diques al mar. El mundo tiene muchas historias que contar, pero hay que saber escuchar.

Llanos Quijada

Psicóloga muy Aplicada al Deporte y a la Vida. Profesora en los cursos de Técnico Deportivo de Fútbol.
Twitter: @LlanosQuijada

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