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La cuesta de enero

El desgaste físico y mental en el futbolista

La pasión con la que vivimos el deporte rey, el torrente de emociones y la diversión que nos proporciona, hace que para la afición el tiempo transcurra de otra manera. Los meses se nos deslizan entre las manos sin que nos demos cuenta. Pero el caso es que el inicio de la competición ya queda lejos, y el cansancio en los jugadores a estas alturas puede ir haciendo mella.

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Nadie duda de que un jugador brillante sea aquel que tiene unas excelentes cualidades físicas, un talento tan innato como entrenado. Pero además, se hace imprescindible la capacidad de saber explotarlo inteligentemente. La habilidad de saber leer un partido, pero también de llegar a escribirlo. El ingenio y la creatividad del pensamiento. En definitiva, las cualidades que otorga el poder de una mente resistente.

Cuando estamos frescos y descansados, se produce con mayor facilidad esa fusión entre acción y conciencia que nos aporta espontaneidad y automaticidad en el ejercicio, y una concentración total en la tarea que se verá reflejada de forma positiva tanto en la manera de vivir la experiencia, como en el rendimiento y valoración del resultado.

No obstante, un elevado volumen de trabajo o una carga demasiado intensa, un período de reposo insuficiente, la presión inherente a la competición, el alto nivel de autoexigencia, o la preocupación por los resultados puede provocar una disminución de las reservas energéticas tanto físicas como mentales.

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Durante la temporada, una apropiada planificación de la carga de trabajo en mesociclos y microciclos adecuados, puede ser de ayuda para propiciar un correcto balance energético de los jugadores. Pero también hay que tener en cuenta, que cada vez que proponemos la ejecución de un ejercicio, estamos demandando la realización de una carga mental de trabajo, que debemos conocer de antemano para modularla y utilizarla como herramienta de motivación y no como excusa para el desaliento o desánimo.

Esta periodización puede servir de GPS, nos indica dónde está el objetivo. Pero para llegar, además de introducir la dirección correctamente, tenemos que darnos las instrucciones adecuadas y decidir en qué señales queremos fijarnos. Será más indicado seguir los parámetros de la superación, la motivación, el desafío y la lucha, que orientarnos hacia el fracaso, la presión, las dudas y el darse por vencido. Podemos escoger las sensaciones y los pensamientos que nos van a acompañar facilitando el recorrido.

El problema es que no siempre prestamos atención a las señales de fatiga mental, obviándolas como si no participaran o no tuvieran ningún peso en el resultado final y en la manera de llegar. La observación de las sensaciones que nos acompañan durante cualquier esfuerzo nos permite apreciar la duración de los síntomas, su dirección, su fluctuación en el tiempo o su agudización. De esta forma resultará más sencillo planificar el análisis y posterior manejo de aquellos factores que están incidiendo en nuestro rendimiento. Se trata de orientarnos al problema antes de que éste alcance una magnitud que conduzca al abandono o a cualquier otra consecuencia negativa. Ser conscientes del problema, ya es la mitad de la solución del problema.

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Algunas claves para ganarle la batalla al mes de enero:

  • Cuando el cuerpo nos habla es necesario detenernos a escucharle. Si ignoramos la existencia del cansancio no podremos determinar de dónde proviene un repentino desánimo, desgana y el interés por hacer cosas que antes nos gustaban. No sabremos a qué se debe la irritabilidad, la dificultad para concentrarnos o la baja productividad.
  • Además, es importante trabajar nuestra percepción de control sobre las situaciones, para activar nuestra capacidad de manejo, y la sensación de poder ejercer una influencia personal sobre el medio y sobre las consecuencias. Esto facilita la impresión de dominio sobre los hechos que nos ocurren, y posibilita tomar decisiones acertadas.
  • Pretender acometer la cuesta de enero culminando la cima es un esfuerzo tan titánico y desadaptado como comenzar la casa por el tejado. Se trata de desglosar la meta final en pequeños objetivos, que resulten interesantes, atractivos, estimulantes y alcanzables. La cumbre y los títulos se coronan y conquistan partido a partido.
  • Otra de las claves para subir la pendiente a buen ritmo y sin decaer en el intento es, como dice Jorge Valdano, buscar sueños de calidad: “Si los sueños son de buena calidad resisten a cualquier problema al que nos enfrente la realidad. En los sueños está buena parte de la energía cuando uno emprende una actividad de cualquier tipo”. Es decir, para comerse el mundo hay que tener ganas, un plan y la actitud adecuada. Las ilusiones también hay que entrenarlas.
  • Y por supuesto, para que la rampa no sea tan empinada, olvídate de seguir siendo tu mayor adversario y tu peor enemigo. Las batallas más feroces en muchas ocasiones no se libran en el terreno de juego, sino que son luchadas contigo mismo.

No olvidemos en ningún momento que aunque en el fútbol el balón se controla con los pies, la cabeza tiene mucho que aportar, que decir y que ver. Si el físico domina, la mente determina. Para un juego brillante, están condenados a entenderse mutuamente para siempre.

Llanos Quijada

Psicóloga muy Aplicada al Deporte y a la Vida. Profesora en los cursos de Técnico Deportivo de Fútbol.
Twitter: @LlanosQuijada

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