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Guardiola ya no necesita ganar para tener razón

El Bayern de Guardiola remontó y humilló al Oporto de Lopetegui

Decía el líder de la comunidad negra Booker T. Washington que el éxito no hay que medirlo tanto por la posición que uno ha alcanzado en la vida como por los obstáculos que éste ha superado al tratar de obtener ese éxito. El día que Guardiola aterriza en Múnich emprende dos retos absolutamente colosales que la perspectiva del tiempo ha terminado por dar idea de su verdadera dificultad: renovar el hambre competitiva de un equipo que había elevado a la perfección la idea de su extécnico –Heynckes– plasmándolo en un histórico pleno de títulos en la campaña anterior; y convencer a estos jugadores de que se puede volver a competir por todo abandonando ese estilo e instaurando otro para el que nunca fueron adoctrinados.

Solo hay que echar la vista atrás para comprobar cuántas grandes campañas de clubes europeos que llegaron a parecer invencibles fueron sucedidas por temporadas decepcionantes –Bayern 01/02, Oporto 04/05, Barça 06/07, Inter 10/11, etc.–, así que, como éstos, se trataba de comenzar un proyecto sin más margen de ambición que repetir éxito, ilusión enésimamente más difícil de potenciar que la del que ansía probarlo por primera vez.

Las temporadas de muchos campeones europeos que llegaron a parecer invencibles fueron precedidas por campañas decepcionantes.

El estímulo de aprender ese modelo de juego contracultural que había enamorado al mundo durante cuatro años y la fomentación de la competencia interna –llegada de fichajes sumado a la carrera entre compañeros por adaptarse al nuevo estilo– hicieron que ese primer escollo apenas pareciera tal. Lo conseguido instaurando su idea de fútbol, ¡esa idea de fútbol!, está por encima de cualquier resultado, de cualquier título. Guardiola ha convertido al Bayern en una marca. En el bastión del juego de posición en Europa, en el primer espada del fútbol asociativo de este circo en el que tan difícil es ser distinguible, en el que tan complicado es alejarse de lo que marca tendencia. El espectador neutral ve los partidos del Bayern. Porque los días que su equipo juega mal y los días que juega bien, Pep se reinventa agotando sistemas, elevando el techo intelectual de sus futbolistas –forjándoles en nuevas posiciones y exigiéndoles nuevos cometidos– y buscando dañar las debilidades del rival con planteamientos infinitos que tienen en el afán por tener el balón su único patrón. Y eso enriquece la cultura del que lo presencia y alimenta el ansia de aprender que define a cualquier apasionado del juego.

Desde luego que Guardiola tiene una gran plantilla, pero partiendo de que en Múnich no se encontró ese núcleo duro que conociera el juego de posición con el que sí se topó en Barcelona, la evolución técnica –aumento de precisión y velocidad de balón– y táctica –comprensión del juego, mayoría de jugadores son capaces de desempeñar más de una demarcación…– del plantel está absolutamente fuera de categoría. Un jugador es él mismo y su contexto, pero Guardiola ha sido capaz de modificar el ADN de futbolistas consagrados en pro no ya de moldear ese núcleo duro –Iniesta, Xavi, Messi…– sino de crearlo. Su fútbol es tan exclusivo que el jugador que fue educado para desarrollarlo parte con una ventaja sideral sobre el que no.

Vimos a Bojan acabar quitándole el puesto a Ibrahimovic en el tramo decisivo de la Liga en 2010, a Cuenca o Tello engranar con aquel Barça como si fueran veteranos, y hemos visto empequeñecer a jugadores como Iniesta o Pedro así como el Barça se ha ido alejando de esa forma de jugar. Fenómenos como Villa, Ibra –o ahora Götze– no cumplieron las expectativas generadas víctimas de la idealización mediática –se ignora el contexto futbolístico en el que destacan, como si el talento del futbolista no fuera sensible al estilo y a los compañeros que le rodean– que se hace de ellos. Y como decía Nietzsche, “todo idealismo frente a la necesidad es un engaño”.

No es perfecto este Bayern, pero remontadas de este tipo implican autoafirmación y dejan las bajas, los problemas internos o sustos como el 3-1 de do Dragão en cicatrices que siguen curtiendo a un equipo cada vez más adulto. Es increíble que con la igualdad existente en el fútbol actual, sabiendo de lo frágil que es cada partido en Europa, resultados concretos puedan poner en duda una línea de trabajo tan competente desarrollada en un proyecto tan maravilloso. Algo que no deja de recordar aquella habilidad que explicaba Juanma Lillo que tiene un sector del periodismo, capaz de hacer pasar a un imbécil por Premio Nobel y a un Premio Nobel por un imbécil.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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1 Comentario en Guardiola ya no necesita ganar para tener razón

  1. Muy interesante tu artículo, pero creo que Pep Guardiola siempre va a estar condenado a sufrir en el equipo que este. Su éxito en el FC Barcelona hace que todo equipo que cuente con sus servicios quiere conseguir lo mismo, todo lo que no sea ganar TODO servirá para menospreciar su labor. Es el gran handicap que tiene alcanzar la cima del éxito.

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