Novedades

Pellegrini y el nivel de incompetencia

El entrenador chileno volvió a naufragar ante el Barça

Emanuel Lasker, campeón del mundo de ajedrez de principios del siglo pasado, acostumbraba en sus partidas a fumar unos hábanos apestosos que desesperaban a sus rivales. Para poder jugar ante el fenómeno letón Aron Nimzowich, Lasker había firmado de antemano no fumar durante el duelo.

lasker2En plena partida y demorando demasiado su turno de movimiento, el campeón alemán echó mano al bolsillo de su chaqueta, sacó uno de esos puros y cuando hizo ademán de encenderlo, Nimzowich llamó escandalizado a los árbitros para que detuvieran a Lasker, que prometió no fumarlo. La partida continuó y Lasker, pese a no encenderlo, mantuvo el habano apagado en la boca. Nimzowich detuvo de nuevo la partida denunciando que había roto su promesa. Los jueces respondieron que el campeón no estaba fumando, a lo que Nimzowich respondió: “Cierto, pero está tratando de fumar, y todos sabemos que Lasker considera la amenaza más fuerte que la ejecución”.

Cuando al Manchester City le cayó en suerte el Barcelona en la pasada Champions, Pellegrini venía de 2 empates y 10 derrotas en sus últimos 12 partidos ante los culés, que se encuadraban en los casi cinco años de fútbol celestial de aquel equipo de Guardiola y Tito. Él sabía que el de Martino no era el mismo Barça, que ese fútbol asociativo, preciso y solidario de un tiempo atrás se había vulgarizado al punto de que solo la calidad de sus estrellas –que jugaban a lo que recordaban de Pep– y su competitividad extraordinaria sostenían un club huérfano de liderazgo.

Pero como los habanos de Lasker, la simple figura de los Iniesta, Messi o Xavi, aun empequeñecidos por el –nulo– modelo de juego, bloqueaba mentalmente al técnico chileno, al que le bastó la baja de Agüero para cargarse de razones, traicionarse a sí mismo (“no se puede jugar como equipo pequeño”, “intentamos imponer nuestra idea, basada en el protagonismo con balón”, “la adaptación al rival no es prioridad en mis equipos”) y dibujar un eficaz repliegue bajo en su propio estadio que dejó al Barça en cero ocasiones hasta que un error puntual de Demichelis (penalti y expulsión después de que Messi le ganara la espalda) destrozó la eliminatoria.

Esa mezcla de pánico a los azulgranas y desconfianza en su equipo –con el Málaga en Copa le había planteado una eliminatoria mucho más brava el año anterior y no estuvo lejos de superarla– la contagió a sus jugadores en la que debía ser la revancha de 2014 y la superación de esa barrera psicológica que supone la Champions para ese proyecto del jeque Sulaiman Al-Fahim, que siete años después no acaba de amortizarse. El chileno presentó un 4-2-4 con dos puntas que se desentendían de defender cuando el Barça superaba su línea de presión y dos extremos habilidosos de perfil poco sacrificado (Nasri y Silva), algo cuanto menos arriesgado cuando tus laterales tienen que enfrentar a Messi y Neymar.

Manuel Pellegrini cambió por completo su estrategia respecto al año anterior y se presentó ante el Barcelona con un once ofensivo y poco sacrificado

La alineación de los cuatro hombres de arriba desechaba la repetición de la encerrona del año anterior, y la medular formada por Milner y Fernando y el rival al que enfrentaban descartaban la búsqueda de fases de posesión largas, por lo que todo conducía a un pressing poderoso alentado por su público. Nada de eso. El City colocó su primera línea a mucha altura pero su presión no dejaba de ser posicional, su defensa no se atrevía a ganar metros para ser compacto y el resultado era un equipo largo con mucho espacio entre líneas que permitía al Barça instalarse sin grandes alardes en campo contrario.

Con esta puesta en escena, el equipo local sacó a relucir todas sus miserias, que se acentuarían tras el fallo de Kompany –que volvía a dejar una foto para esconder en un partido de máximo prestigio– que daría lugar al primer gol de Suárez. La presión del Barça podía con un City incapaz en la elaboración y el resultado fueron dos mano a mano (Suárez y Neymar) y un sinfín de llegadas al área que debieron dejar un resultado escandaloso.

Foto: mundodeportivo.com

Foto: mundodeportivo.com

El segundo gol, sin embargo, iba a llegar mientras los citizens defendían en estático. Un Messi colosal –que debiera jugar sin dorsal porque no hay número que represente todas las demarcaciones que ocupa– campó a sus anchas, siempre con un único rival persiguiéndole según la zona del campo –cuando el argentino bajaba a buscar el balón a su propio campo era enternecedor ver a Clichy cómo se flagelaba persiguiéndole sabedor de que sería regateado y no tendría nadie detrás que le socorriera– que no tenía más ayudas escalonadas que las casuales.

El argentino era una máquina autosuficiente de generar juego y de esas nació un segundo gol que es una sucesión de fallos en cadena que comienza Fernandinho basculando en exceso para apoyar el 2 vs 2 en banda derecha, generando un espacio que ataca Rakitic perfilándose para el disparo. Milner renuncia a salir a tapar por no dejar a Messi, Kompany (que sabe que Rakitic le pega de vicio) sale a la desesperada anticipando tarde y mal, y el balón le llega a Messi que imanta a todos los rivales, liberando a su vez a Jordi Alba que pone el balón en el sitio exacto para que Suárez se la juegue a un Demichelis que estaba atento al balón pero no al hombre que lo podía meter dentro de la portería.

El empuje del inicio de la segunda parte y lo fabuloso que es el fútbol le sigue dando opciones a un equipo que aspiraba a cinco títulos en agosto y ha llegado a febrero con dos machadas en el horizonte –levantarle 5 puntos al Chelsea en Premier y un 1-2 en el Camp Nou al Barcelona en Champions– como única tabla de salvación para una temporada que prometía sobremanera.

Foto: talk sport

Foto: talk sport

Pellegrini adolece de carisma y eso penaliza extremadamente a la hora de hacer que tu discurso cale en un vestuario de estrellas que solo aspiran a volver a ganar. Su personaje es plano y aburrido, y las gestas de su currículum –porque, además de lo logrado en Argentina, sobra comparar qué equipo cogió y qué equipo dejó en Villarreal y Málaga para comprobar que son auténticas heroicidades– echan en falta alguna final de renombre que poder contar a tipos como Kaká, Xabi, Cristiano, Silva o Agüero que están aburridos de grandes momentos.

El chileno es técnico de una sola idea, pero lo seductora de ésta y la demostración de su capacidad para llevarla a cabo es lo que ha sustituido a esa falta de duende en pro de convencer y conseguir el compromiso de jugadores de perfil medio en equipos incipientes como Villarreal o Málaga. Pellegrini es entrenador de Ligas (subcampeón con el Villarreal, 4º con el Málaga, récord de puntos con el Madrid hasta que llegó Mourinho, título con el Manchester City) porque sus equipos suelen elevar su idea a niveles muy potentes y logran imponer su fútbol ante rivales inferiores (por la calidad de sus plantillas, la mayoría).

Las competiciones con eliminatorias dejan en evidencia el déficit competitivo y la falta de carisma del entrenador chileno

El problema llega cuando tiene que enfrentar a rivales de potencial igual o superior porque el chileno, que no es un fuera de serie ni en los planteamientos tácticos ni en la dirección de campo, intenta implantar su idea –la eliminatoria ante el Barça en 2014 es la violenta excepción– ante un rival que sí se adapta, que sí estudia al rival. Las Ligas no exigen taxativamente estas victorias frente a los grandes –perdió los dos partidos ante el Chelsea y ganó la Premier, perdió los dos ante el Barça de Guardiola y pudo ganar la Liga en la última jornada–, pero las competiciones de K.O. le desnudan y dejan en evidencia un déficit competitivo que le define.

En su tercera temporada en un grande no hay excusas. Tiene la plantilla que quiere, son ya 20 meses con el mismo bloque, ha cubierto como ha querido las dos grandes carencias en plantilla respecto a la temporada pasada –el puesto de mediocentro con Fernando y el de central con Mangala, además de haber firmado a Bony en invierno– y el equipo ya no juega bien ni cuando Agüero se sale del mapa que es casi siempre. Dice el Principio de Peter que todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Que con el tiempo, todo empleado acaba desempeñando un trabajo para el que no es competente. Quizá sea un balance temprano, pero Pellegrini, que tocó techo en ese cargo de hacer flirtear con la grandeza a equipos que ni la soñaron, igual ha encontrado definitivamente este nivel de incompetencia en los gigantes europeos.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

Latest posts by Alberto Egea (see all)

2 Comments en Pellegrini y el nivel de incompetencia

  1. Bastante de acuerdo con el artículo. Me da serias dudas la confección de la plantilla, no por nombres, porque se acerca a la excelencia en ese aspecto, sino por equilibrio.

  2. Coincido bastante y creo que tienes razón en gran parte. Por otro lado creo que la idea de Pellegrini podría cuajar en un grande si la figura del capitán lo compensa. A parte de ser equipos pequeños, capitanes como Weligton, Bruno Soriano aportan al equipo la competitividad que le falta al chileno.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.