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Oporto: ¿Un modelo sostenible?

Opinión sobre el planteamiento económico y deportivo del club portugués

En 2004, el Oporto se convirtió en campeón de Europa. Fue todo un hito entonces. Pero más si lo miramos hoy, en perspectiva. Desde 1995, cuando el Ajax de la era pre-Bosman levantó su cuarta “orejona”, ningún equipo fuera de las cuatro grandes ligas logró tal éxito. Desde entonces, el Oporto fue un modelo de gestión para muchos pero, ¿es ese modelo sostenible en el fútbol actual?

Foto: Eurosport.it

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Tomemos un DeLorean prestado y volvamos atrás en el tiempo hasta ese lejano 2004 cuando España no pasaba de grupos en la Eurocopa y el sueño de los Galácticos empezaba a esfumarse a medida que el Barcelona de Ronaldinho calentaba motores. En ese año, el Oporto fue campeón de Europa en una final contra el Mónaco. Nada que ver con el glamour de las Champions de hoy. Entonces no era normal tener a un equipo como los “Dragones” o como los monegascos en la final pero sí que había precedentes de sorpresas como el Valencia, el Leverkusen, el Leeds, el PSV o el Dinamo de Kiev, como mínimo, en semis.

Era el resultado de otro fútbol, donde la jerarquía no estaba tan consolidada como hoy. Había grandes clubes con mucho dinero que no lograban estar a la altura de las expectativas. Hoy ese escenario no existe. El dinero dicta casi todo y la élite se mantiene como un club exclusivo. Para competir, después de 2004, con esa realidad, el Oporto se convirtió en un modelo de gestión admirado en todo el mundo. Eran los reyes del mercado. Pinto da Costa, su incombustible presidente, siempre sacaba de la chistera el negocio del verano. El Oporto vendía como nadie y lograba siempre fichar a un desconocido que, en un año o dos, sería la estrella del mercado. Con esos millones que el equipo ingresaba, podía garantizar la hegemonía nacional —fueron siete títulos en once años desde entonces— y con ellos el acceso directo a los millones de la Champions. Incluso cuando las cosas iban mal y el equipo caía a la Europa League, el Oporto salía ganador, conquistando el torneo y revalorizando sus activos para otra venta millonaria como pasó con Falcao en 2011.

Foto: UEFA

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Ese modelo originalmente consistía en comprar barato y vender caro

Muchos de los primeros en salir eran canteranos como Ricardo Carvalho o fichajes baratísimos como Deco, Pepe, Paulo Ferreira, Raúl Meireles o Bruno Alves. También se convirtieron en los maestros del mercado sudamericano, una tendencia que empezó con Anderson y terminó con Danilo y Jackson Martínez. Ese modelo tenía su precio, no obstante. Los salarios se dispararon, el pasivo también y los ciclos de los fútbolistas pasaron a ser cada vez más cortos. A cambio, el club ganó en prestigio, dinero y proyección internacional lo que antes tenía en apoyo local. En los días de las tarjetas VISA, parecía un buen negocio. El club percibió cerca de 800 millones en ventas, un récord a escala europea desde 2004. Pero su pasivo también fue subiendo. Hoy está en los 270 millones de euros y con ello llega una serie de préstamos a corto plazo con elevados intereses para los gastos del cotidiano, que son un problema de cara al futuro. Un año sin Champions, un año sin una gran venta y las finanzas del club se pueden desplomar.

Un camino peligroso que fue convirtiéndose en una estrecha línea cuando se abandonó la política inicial para empezar a fichar cada vez más caro, recortando los márgenes de lucro. El último año, sin ir mas lejos, el club gastó más de 40 millones en fichajes. Todo para mantener una competitividad en Europa que no volvió a traer recompensa.

El Oporto, catalogado como un equipo vendedor, ha percibido un total de 800 millones por ventas en el mercado de fichajes. 

El modelo del Oporto fue un ejemplo durante muchos años y varios clubes buscaron imitarles. El Benfica ha equilibrado la lucha interna, ganando las últimas ligas y disputando dos finales de Europa League, emulando los mismos principios de fichar en mercados olvidados para vender a precio elevado. Lo hace, como el Oporto, gracias a la ayuda de fondos de inversión y poderosos agentes. Ambos clubes trabajan con regularidad con el imperio de Jorge Mendes y con fondos como Doyen.

Gracias a los préstamos de Doyen y las ventas parciales de pases de jugadores, han podido financiarse en los años de crisis pero el final anunciado de los fondos en el mercado es un duro golpe que abrió la puerta a una nueva realidad, puesta en práctica este año con los préstamos de jugadores de equipos que buscan rodar a sus jugadores y revalorizarlos para un posible traspaso, como pasó este año con Óliver Torres y Casemiro.

Foto: Sports Yahoo

Foto: Sports Yahoo

El Oporto no saca demasiado beneficio financiero de estos negocios pero si logra mantenerse competitivo. Pero ese modelo depende de la voluntad de los grandes equipos y del papel clave de un agente súper influyente. El Valencia, el Sevilla o el Atlético de Madrid —todos con la ayuda de fondos o grandes agentes— buscan seguir el mismo rumbo pero saben que es un negocio peligroso si faltan los millones de Europa a finales de año. En otros países se tomaron otras vías distintas que son la prueba de que hay alternativas.

En la pasada temporada, el Oporto ha necesitado pedir jugadores en préstamo para rellenar una plantilla que necesita ser competitiva. 

En 2004, uno de los grandes favoritos a disputar la final era el Olympique de Lyon, señor incontestable del fútbol galo. Se quedó en cuartos, eliminado por el Oporto, y sufrió en sus propias carnes la exigencia financiera de mantener el ritmo de los grandes. Su apuesta fue distinta. Dejó de fichar en Sudamérica y se volcó con su cantera. Empieza a resurgir poco a poco demostrando que es posible medirse a clubes que han optado por otro camino, el de magnates millonarios como el PSG, el Mónaco o los grandes de Milán.

En Italia, país en eterna crisis deportiva, equipos como la Juventus buscaron mantenerse competitivos peinando fichajes de bajo coste al mismo tiempo que el imperio Pozzo en Udine, con su red de clubes y ojeadores por todo el mundo, lograron que los bianconeri fuesen una fuerza alternativa a tener en consideración en el fútbol europeo. Ninguno de estos modelos dista demasiado de la idea del Oporto pero tampoco lo llevan al extremo. Los lusos no han dejado de intentar buscar soluciones para su cantera —aunque hasta ahora sin demasiada fortuna salvo por Rubén Neves— y siguen encontrando perlas sudamericanas a bajo coste como pasó con James Rodriguez.

Foto: Deportes Media

Foto: Deportes Media

El problema del modelo de los dragones está en su total y absoluta dependencia de dos fuentes de ingreso obligadas, los millones de la Champions y la venta de un par de titulares cada verano. A cada año que pasa, eso se convierte en algo más complicado. La presión es inmensa no solo para vender sino para buscar el siguiente futbolista capaz de lograr esas cifras. Errores han sido cometidos por ese desespero como pasó con Iturbe, Quintero o Reyes, jugadores que al final no estuvieron a la altura de las expectativas. Caros, su incapacidad de demostrar su valía les han convertido en inversiones de riesgo. Una acumulación de casos así puede destrozar las bases del modelo, poniendo todavía más presión en un sistema demasiado frágil para sostenerse por sí solo. Hoy por hoy, con el presupuesto que maneja, el Oporto tienen que encajar anualmente en ventas y en dinero por Champions League unas cifras que rondan los 60-90 millones de euros. Hace cinco años ese valor no superaba los 40 millones.

Sin la ayuda de los fondos, el Oporto y los equipos que siguen su modelo del futuro van a depender cada vez más de los préstamos de clubes grandes y de los agentes. Ellos tienen la clave que permite a esos clubes mantenerse competitivos en una especie de segunda división europea. Es curioso. El modelo de los dragones, originalmente, tuvo como objetivo no dejar escapar el tren de la élite después del éxito de 2004 pero pasó justo el contrario. Los grandes equipos dieron un paso adelante y hoy son más poderosos y hegemónicos que nunca, convirtiendo la Champions en una quimera mayor para equipos como el portugués.

Para no perder ese tren, los clubes hipotecaron su sostenibilidad futura. Algunos incluso han caído en el pozo por no poder mantener el ritmo, casos del Deportivo, Valencia o el Leeds. Ahora son los grandes clubes y los hombres que manejan los negocios de verano quienes tienen la llave de la supervivencia de equipos como el Oporto que, al no funcionar como empresas al uso, no pueden optar (todavía) al mecenazgo de un millonario árabe o ruso. El Oporto —el club que ingresó más que nadie en Europa en ventas en la última década— logró ser durante años el rey del mercado para ser competitivo. Hoy necesita serlo para sobrevivir. No le queda otra opción hasta que surja un modelo más sostenible al que agarrarse. El ejemplo de los dragones tipifica bien como el fútbol europeo camina a dos velocidades, rumbo a un futuro incierto. Un futuro donde los ingresos son más fundamentales en vez de mantener la cabeza a flote.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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