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Neymar, no dejen desaparecer a los malabaristas

Gracias a los dioses por su fútbol

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Foto: indianexpress.com

Gracias por quebrar la monotonía con una pintura tan plástica y provocadora que nos recuerda los orígenes tribales de lo que hoy llamamos fútbol. El juego del pueblo puede haber sido educado en los mejores colegios británicos y pasado por un periodo de socialización extremo hasta el punto de ser hoy más mecánico que nunca pero sus orígenes más salvajes jamás se olvidan. En particular cuando surge un jugador dispuesto a llevarnos en un viaje del tiempo hasta esos orígenes. Hoy en día hay muy pocos futbolistas que se atrevan a ello. Son rara avis en un mundo donde todos tienen que pensar para el todo. Sí, el fútbol es un juego de once contra once y el equipo termina siendo más importante que el individuo. De acuerdo. Pero eso no significa que en noventa largos minutos, el artista individual no pueda aparecer para darnos una alegría. Cuántos habremos salido de partidos bostezando, amenazando con guardarlos en el cajón del eterno olvido hasta que llega ese momento que nos hará decir, de por vida, con orgullo, “Yo estuve ahí”. Eso no te lo da casi nunca el colectivo. Eso te da el artista individual. Ese tipo de recuerdos te los dan locos como Neymar.

Esto no es un debate, no es una discusión abierta porque parte del principio que el fútbol no tiene dueños y que cualquier visión es válida y meritoria. Sobre todo, individual. No hay que adoctrinar a nadie en un sentido ortodoxo del bien y del mal, no hay que defender a ultranza un gesto ni condenarlo porque hay espacio para todos. El que quiera distribuir un concepto de “cierto” y “equivocado” va mejor encaminado a fundar una iglesia que debatiendo sobre fútbol.

Neymar levantó polémica con su lambretta en los últimos minutos de la final de Copa del Rey en el Camp Nou

Le llovieron críticas de todos los ángulos. Rivales, compañeros, periodistas, aficionados y hasta algunos muertos si pudiesen levantarse de sus tumbas. Se le criticó por “humillar” un rival en un momento inapropiado. Como si de repente el fútbol fuera la ópera y no una fiesta de la calle y su música un lento y respetuoso vals, en lugar de un demoledor paso de samba.

Neymar se río, como solo él y aquellos que sienten el fútbol en las venas de un modo tribal, saben. Les recordó con la mirada que esto lo ha hecho siempre y siempre lo hará. Y doy gracias por ello. Su gesto fue de una maravilla técnica que hubiese dejado al mismísimo Mario Filho sin palabras que escribir, a Ary Barroso sin voz. Su timing, irrelevante. No hay timing para la magia, para la belleza. Al hacerlo no humilló a nadie. Humillar, en fútbol, es un término sin sentido. El juego siempre ha sido una batalla campal entre iguales, once contra once. Donde unos priman en la técnica, otros en la fuerza o la inteligencia de análisis. Hay espacio sobre el césped para todos. Neymar retó a sus rivales, cara a cara, sin miedo en el cuerpo, un malabarismo de funambulista puro. Jamás humillar puede ser el termino aplicable a quién va de cara. Si lo queréis utilizar para entradas por la espalda, escupitajos y golpes secos en el aire, lo podemos discutir, en esto no hay sentido. Luego se habló del timing pero quien lo hace se olvida que un partido es partido del principio al final, un gol vale lo mismo —o más— al minuto uno, que en el descuento y eso vale igual para una cabalgada del genio Messi, un cabezazo implacable de Ronaldo y una lambretta de Neymar. O por lo menos, debería.

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Foto: latino.foxnews.com

Cuando me preguntaban, hace años, por Maradona y Pelé yo siempre contestaba, ¿por qué Pelé y por qué no Garrincha? Mané hacia cotidiano lo que Neymar hace de vez en cuando. Se iba de los rivales y volvía atrás para empezar de nuevo. Les sacaba de quicio a ellos y sacaba sonrisas a los aficionados. No fue ni el primero ni el último. Desde los días de Calomino en el puerto de la Boca a Neymar hay un largo historial de gambeteadores que no entienden de humillaciones, solo de fútbol. Su fútbol. Garrincha, en su primer entrenamiento, ‘humilló’, como se llama hoy, al mítico Nilton Santos, el mejor lateral de su tiempo. Nilton le amenazó con pegarle pero luego se fue a su entrenador y le dijo “Este, siempre en mi equipo”. Años más tarde dijo como se reía al ver Garrincha pasar por encima de sus rivales con el balón en el aire. En Brasil, a un jugador así se le llamaba “brinca na areia” para que nadie se olvide de que hay siempre que volver a los orígenes. Al que puede hacer estos gestos y no lo hace, se le critica por frívolo. Nosotros también lo hacemos. Siempre que reclamamos el Brasil del ‘jogo bonito’ son jugadas así  —tan habituales en los campos brasileños hasta los noventa y popularizadas por esos anuncios de Nike— que estamos reclamando. Luego si la hacen, se les crítica. No os quejéis después de que cada vez haya menos Denilsons, Romarios, Zicos y compañía si queremos automatizarlos como hicimos con el fútbol callejero europeo. Tulio Maravilha, un mito del Brasileirão, una vez no marcó un gol por hacer una lambretta a su marcador dos veces. La grada no se enfadó. Para ellos pagar el billete incluye tanto ver goles, como ser testigo de momentos así que luego los niños replicaban en sus calles durante la semana. La esencia pura del fútbol.

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Foto: revistadistopia.com

En el fondo, ningún niño se pasa las mañanas buscando imitar a Xavi o Pirlo. Son los regates imposibles de Neymar, los golpes marciales de Ibrahimovic o las carreras tan mágicas y distintas como las de Messi y Ronaldo que ocupan sus sueños. Matad a los artesanos, tragad a los Garrinchas de la tierra y os quedará algo en el balón. Pero notareis la diferencia en su peso. La diferencia de un fútbol inimitable que se va por cuestionar lo políticamente correcto y socialmente aceptable que nos gobierna a todos, hasta en las canchas de la vida.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

3 Comments en Neymar, no dejen desaparecer a los malabaristas

  1. Alberto Jamín // junio 2, 2015 en 9:00 am // Responder

    Coincido totalmente con la opinión de Miguel Pereira

  2. No. Nadie prohibe ni censura ese tipo de regates en un partido,si no en qué momento lo hagas.Neymar eligió mal el momento para hacerlo,con un 3-1 con el partido ganado?.Totalmente innecesario. Lo primero es el respeto al rival.

  3. johnmsheriff // junio 3, 2015 en 5:09 am // Responder

    A todos nos gusta el fútbol. A todos nos gusta el espectáculo. Pero cuando el rival ya se ha entregado es de poco respeto querer humillar. Neymar no es Messi. Messi es mejor futbolista pero también mejor deportista que Neymar. Supongo que lo de provocar tirando besitos y demás exquisiteces “futbolísticas” también hay que admirarlas. Pues no, señor redactor, se puede ser gran futbolista y mejor deportista, como Messi. Y luego se puede ser Neymar.

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