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Un vertedero para el talento

Jugadores como Balotelli viven de unas rentas apenas existentes

Le preguntaban a Mourinho en una entrevista en The Telegraph que qué era lo más importante en un futbolista y, con la confianza propia del que se sabe capaz de influir en todo lo que está a su alcance, señaló precisamente aquello que no lo está: el talento bruto.

Foto: mirror.co.uk

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Balotelli ha regresado al Milan tras un verano mendigando un lugar de trabajo digno que su trayectoria no merece. Con la cabeza gacha, ha tenido que girar el discurso con el que se autodefinía como segundo mejor jugador del mundo –“Sólo Messi es mejor que yo”– hacía uno más postizo y necesario que versa sobre el hablar poco y currar mucho. Sobran los casos de jugadores que vivieron durante toda su carrera de una gran temporada o de un gran torneo, pero Balotelli ni siquiera ha necesitado eso. Las expectativas creadas, su aparente potencial, algún amago de grandeza (semis de la Euro 2012), algún otro de seriedad (primavera de 2013) y el reality que por momentos fue su vida privada cristalizaron en un cócktel sin sustento futbolístico real pero que creó una inercia que le ha dado para prolongarse en el candelero mediático hasta los 25.

Mario arrasó en las inferiores del Inter y casi sin darse cuenta estaba jugando en Serie A con tipos que practicamente le doblaban la edad. No hubo transición, ni cultura del esfuerzo ni tiempo de asimilar la realidad. A Balotelli le habían dicho tantas veces que era dios que terminó por creérselo, y dios ya es suficiente autoridad como para tener que someterse a otras, se llamaran Mancini, Mourinho o Rodgers. El filósofo Fernando Savater decía en una entrevista concedida a El País: “Autoridad viene de augeo: ayudar a hacer crecer. Todos crecemos como la hiedra, apoyándonos en algo que nos ofrece resistencia. La autoridad ofrece resistencia pero hace crecer. Si no has tenido resistencia no creces recto, sino reptando”. Y ahí sigue Balotelli, reptando mientras se aprovecha de entrenadores –cuyo ego les impide reconocer que es una causa perdida– que siguen apostando por él y secretarías técnicas que se dejan influir por ese enemigo de la planificación que es la extraña mezcla de optimismo y nostalgia. Esa que llevó al Madrid a pagar 65M€ por Kaká en 2009 cuando en verdad quería al de 2007, la que hizo que el Chelsea pagara 60M€ por Torres en 2011 cuando buscaba al de 2009, la que hizo a Del Bosque convocar a Casillas para el último Mundial o esa que ha hecho que el Milan recupere al propio Balotelli, con el recuerdo fresco aún de aquel rescate en la segunda vuelta de 2012/13 que los metió en Champions.

Una mezcla de optimismo y nostalgia llevó al Madrid a fichar a Kaká, al Chelsea a Torres, al Milan a Balotelli o a Del Bosque a convocar a Casillas al Mundial de 2014.

En las antípodas de Balotelli emerge el central del Leverkusen, Jonathan Tah. A sus 19 años, este corpulento alemán es todo lo contrario a lo que fue a su edad el delantero italiano. Él se sabe una apuesta de Roger Schmidt y está dispuesto a entregarse por su causa. El atípico modelo de juego del técnico alemán (pressing asfixiante a todo el campo, velocidad tras robo, vértigo,..) exige a su defensa comportamientos arriesgados poco comunes en otros libretos y Tah los asume con una humildad que emociona. El ímpetu y la inexperiencia le han hecho cometer errores que han costado algún susto a su equipo, pero ninguno le ha hecho empequeñecer durante el partido ni perder una pizca de esa convicción que le hace intentar anticipar siempre que puede, no dar un paso atrás en ese objetivo de defender hacia adelante y mantener la concentración para iniciar la carrera lo antes posible cuando se cuelan balones a su espalda. Ni es un prodigio ni se le comparará con Baresi, pero quiere absorber todo de los que saben y eso le acercará a su techo. Justo la carencia que alejó a Balotelli del suyo, por más alto que fuera.

Mourinho matizaba su apunte sobre el talento haciéndose preguntas: “¿Puede trabajarse el talento del jugador X para que comprenda las necesidades del equipo? ¿Es un chico inteligente, con paciencia suficiente para aguantar el tiempo que supone ayudarle a ser mejor? ¿Es rebelde? ¿Es egoísta? ¿Será muy difícil convencerle de que el equipo es más importante que él?”. Demasiadas aristas tiene el talento. Con razón seguramente haya una virtud que haya llevado a la élite a más futbolistas que el talento: la predisposición a ser seducido por el entrenador. Al final es lo que decía Red Auerbach, quien no cree en nadie sabe que él mismo no es de confianza.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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