Novedades

El reino de Marcelo Bielsa y la medida de todas las cosas

Opinión

Se sabe de sobra que a Guardiola jamás le dolió encomiar el trabajo de sus colegas de profesión, pero de Marcelo Bielsa dijo que es el mejor entrenador del mundo y eso solo lo puedes decir de uno. A ojos de cualquier profano y contemplando el palmarés de cada uno parece hasta obsceno que el entonces técnico del Barça no pusiera por delante a leyendas como Ferguson –entonces todavía en activo–, Mourinho, Van Gaal, Ancelotti o él mismo. Pero la valoración era sincera, porque Guardiola echa piropos pero no regala prestigio. Menos a un tipo al que no le une un arraigado vínculo de amistad, sino de una admiración que es mutua.

Foto: uefa.com

Bielsa tiene algo que le aparta de las reglas del juego a las que está sometida por la sociedad la figura del entrenador y que le hace diferente a todos los demás: quiere triunfar pero no le importa dónde. ¿Qué es triunfar? ¿Cómo medir la labor de un técnico? Ninguna forma más justa que comparando la situación del equipo que se encuentra al llegar con el legado que deja en la institución al salir. El técnico argentino mantiene aquella máxima de John Kessel que decía: “Cambie sus estrategias y sus tácticas pero nunca sus principios”, y los principios profesionales de Bielsa resultan ser los mismos que los personales –interpreta el fútbol como la vida misma–, que tienen que ver con viejos valores como la honestidad, lo justo, la honradez o la palabra dada, tan alejados del negocio que es el fútbol de élite en la actualidad. El suyo es un fútbol de autor trabajado a partir de la asimilación de automatismos entrenados a base de tediosos ejercicios repetitivos pero que tienen su fruto sobre el césped.

Esta manera de entender el entrenamiento en tiempos donde se impone la periodización táctica, conceptos como el marcaje al hombre en todas las zonas del campo –lo que exige un desgaste físico brutal– o el profundo estudio del rival –no le importa perder el tiempo que haga falta en visionar vídeos con sus futbolistas una y otra vez– pilla de nuevas a unos jugadores que deben adaptarse a esa forma de trabajar. Sumado esto al afán de Bielsa por lograr que sus conjuntos sean protagonistas en el juego a partir de la posesión –una tarea más compleja que las propias del fútbol más reactivo dado que exige más riesgo, penaliza con sangre cada error y necesita de calidad técnica con balón, creatividad e inspiración para desarrollarse con éxito– nos encontramos ante proyectos que requieren de un periodo de tiempo para desarrollarse –más cuando dichos conjuntos vienen de trabajar estilos antagónicos– que tanto cuesta conceder a los grandes clubes, esclavos unas veces de una hinchada impaciente, otras de la propia ignorancia de sus dirigentes y siempre de una prensa que juzga estrictamente a partir de los resultados sin dar margen de error a ese periodo de aprendizaje y engranaje colectivo primero y sin atender a los merecimientos de cada equipo –cantidad y calidad de ocasiones creadas– después.

Foto: om.net

Foto: om.net

En la rueda de prensa previa al partido ante el Lille, la prensa francesa puso en tela de juicio el juego del Olympique Marsella en su derrota (1-0) ante el Mónaco del fin de semana anterior y Bielsa, tras demostrar con datos que esa crítica solo estaba fundamentada en el resultado, argumentó su respuesta recuperando pinceladas de un discurso monumental que dio en Bilbao en la rueda de prensa previa a su último partido como técnico del Athletic. La conferencia en su integridad es una cátedra de fútbol para los entrenadores, una bofetada sobre la que reflexionar para el periodismo y una lección de vida para los oyentes. El contexto del momento nos suena a todos: En una temporada convulsa tras la polémica marcha de Javi Martínez a Munich y la negativa de Urrutia a dejar marchar a un Llorente que acabó bordeando el ostracismo, el Athletic había seguido generando juego pero su poder en ambas áreas se resintió y eso se vio reflejado en los resultados. Ante la crítica feroz al juego del equipo por parte de un sector de la prensa local que solo se basaba en los malos resultados, Bielsa se explayó:

“Beenhakker dijo: ‘los empresarios que se adueñan del fútbol creen que los aficionados son asimilables a los 30.000 operarios que tienen trabajando. Y un aficionado no es un operario. Un operario trabaja, un aficionado siente’. No se debe tratar al aficionado con los códigos de un operario, pero como el mundo del fútbol –como el resto del mundo– es de los empresarios, los empresarios nos tratan solo en función de la productividad de la que somos capaces de proporcionar. El gerente le dice al capataz que éste tiene que tornear equis cantidad de piezas, pero se le murió la mamá ayer, pero eso no importa. No importan las justificaciones, importa la cantidad de piezas. En el fútbol impera la misma lógica, que es una lógica muy peligrosa. Si usted no premia un proceso que obtuvo menos de lo que mereció no hay mucho riesgo, pero si premia un proceso que lo que consiguió lo hizo de manera inmerecida sí hay mucho riesgo. ¿Entiende la diferencia? ¿Qué hace el mundo contemporáneo? No importa, ¿vos tenés un Mercedes-Benz? Vos vas a estar arriba. Yo dije lo ganó en la lotería, pero en mi barrio también había prostitutas o levantadores de juego que tenían un BMV. Yo puse el ejemplo más leve porque es el ejemplo más representativo. La cosa no importa porque el que ganó la lotería no hizo nada malo, pero no merece lo que tiene. Para mí el mensaje en un escenario de semejante repercusión como es el fútbol debería ser: premiemos lo que se obtiene merecidamente y con recursos lícitos. Defender no es un recurso ilícito, especular no es un recurso ilícito, ahora si usted dice –que es otra de las cosas que valora la prensa–: ‘No atacó nunca, 100% de efectividad, el otro equipo tuvo la pelota todo el partido y erró diez goles: ganó el más pragmático’. ¡No! Esa lógica le permitió ganar ese partido pero no puede ser una lógica aplicable. ¿Entonces para ganar hay que hacer que el otro rival tenga la pelota, te patee veinte veces al arco, que vos no ataques nunca, etc.? El equipo que gana a través de esperar el error contrario, porque una cosa es esperar el error contrario y otra es provocar el error contrario, no está más autorizado al éxito, está menos autorizado pues es menos probable que suceda. Por eso, mire, no se preocupe si no se premia un proceso que obtuvo menos de lo que se merecía; eso no debería generarnos preocupación porque la injusticia es muy común. Pero cuando se premia como bueno algo que no es bueno, que es casual, eso sí es muy dañino para todos porque enseña a todos los que observan que un atajo te lleva al objetivo, y un atajo normalmente no te lleva al objetivo. Yo siempre les hablo a los jugadores del ángulo de 90 grados, lo decía Menotti: ‘El que cruza el jardín evitando el ángulo de 90 grados pisa la flor y llega más rápido; el que recorre el ángulo de 90 grados tarda más pero no daña las flores’. Ya sé que esto es filosofía barata dicha por un argentino que tiene la oportunidad de expresarse, pero yo creo en ese tipo de cosas. Yo creo en que hay que valorar lo merecido, y que hay que soslayar, o al menos no endiosar aquello que no se obtuvo merecidamente”.

Rueda de prensa de Bielsa previa al Rayo-Athletic de la Jornada 38 de 2012/13

30 de mayo 2013

Bielsa, como Guardiola o Van Gaal, se declara fundamentalista de la posesión como medio –no como fin– para obtener esos merecimientos cuya forma más justa para medirlos considera la cantidad de llegadas al arco rival, pero deja claro que esa solo es la opción que él escoge, tan válida como cualquier otra: “La manera principal de evaluar esos merecimientos es atendiendo a la cantidad de llegadas, porque si un equipo no domina con balón pero llega, hay que admitirle. Por eso vio que hay gente que jerarquiza la posesión y gente que la desprecia, porque lo importante no son los porcentajes de posesión, lo importante es la cantidad de llegadas que usted obtiene”.

Evaluar el juego a partir del resultado y no de los merecimientos quizá sea la mejor estrategia para vender un discurso –el resultado predispone a dar la razón al vencedor–, pero limita el análisis real sobre lo ocurrido, estanca la evolución del equipo, y acaba sucediendo aquello que decía Richard Bach que se produce cuando justificas tus limitaciones: que te quedas con ellas. Cuando el Chelsea de Di Matteo conquistó la Champions en 2012, parte del sector más tolerante de la opinión pública –el que entiende el fútbol como una amalgama de estilos y filosofías, todas igual de legítimas– tomó equivocadamente a este equipo que había apartado de la gloria al Barça de Guardiola y al Bayern de Heynckes, como paradigma de equipo ultradefensivo a imitar por aquellos que quisieran tener alguna posibilidad ante el fútbol divino de aquellos dos equipazos. Equivocadamente, porque un equipo que recibe 36 disparos y 18 córners en semifinales y 26 y 20 en la final ni defiende bien, ni merece ni puede ser ejemplo de nada en lo futbolístico.

Foto: taringa.net

Foto: taringa.net

Aquella Champions no entendió de méritos, pero sí de justicia deportiva. Había recogido toda la suerte que durante más de un lustro le habían negado al Chelsea un gol fantasma de Luis García en 2005, una tanda de penaltis fatídica en las semis de 2007, el resbalón de Terry en Moscú en 2008, o Víctor Valdés y un arbitraje para olvidar en 2009, demostrando que en fútbol la suerte –la mala y la buena– solo tiene cabida en el corto plazo y que la Champions, caprichosa ella, premia los proyectos el año que le da la gana, que no tiene porque ser aquel en el que más se mereció. Porque, como dijo una vez el gran Manuel Jabois, es una ruleta rusa de gatillo oxidado. Esa ruleta en la que Mourinho metió tres balas en forma de semifinales para que el disparo sorprendiera a la cuarta, regalo bendito para aquel que, en su afán de ningunear el trabajo del portugués, justifica la consecución de este título como prueba de la superioridad de Ancelotti como técnico.

Obviando, faltaría más, que uno se encontró un equipo que llevaba seis años sin disputar unos cuartos de Champions –algo que ahora es costumbre asumida–, que estaba fuera del primer bombo de esta competición y que salía a disputar los partidos frente al que seguramente sea mejor equipo de la historia –ese monstruo al que no tiene que enfrentar Ancelotti, la otra gran diferencia– sin fe y con la triste misión de no salir apabullado; y que el otro, cuya gestión del equipo está siendo absolutamente fantástica, pilló un conjunto temido en Europa, desacomplejado frente a ese mayúsculo rival al que Mourinho ya había neutralizado –el Barça no ganó ninguno de los últimos cinco clásicos con el portugués como técnico blanco– y acostumbrado a llegar a abril vivo en todas las competiciones.

Foto: emol.com

Foto: emol.com

Así de simple es el negocio de venderlo todo a partir de resultados: ni siquiera hace falta ver los partidos para llevarlo a cabo, sobra con mirar la clasificación. Como si no fuera un ejercicio más sano, higiénico y enriquecedor enaltecer desde el proyecto, el juego y la evolución de sus equipos todo lo conseguido por estos dos pedazo de técnicos que tiene la suerte de haber disfrutado el Madrid. Guardiola lo definió como nadie: “Ganar títulos te regala tiempo para construir el futuro, pero la satisfacción verdadera se consigue cuando sientes que el equipo es tuyo y juega como tú quieres”. Y tanto Mourinho como Ancelotti consiguieron que el Madrid se pareciera fielmente a ellos. No hay éxito mayor.

Bielsa logró cambiar por completo a los equipos que cogió, para conseguir éxitos que poco tiempo antes de su llegada parecían inverosímiles

Bielsa logró esto allá donde fue. En Newell’s, selección chilena y Athletic dejó una herencia impagable en forma de potenciación y estructuración de cantera –con esa demostración de responsabilidad que le define: “Es muy fácil promocionar jugadores al primer equipo y engordar tu lista de debutantes; lo difícil es ponerlos y que no fracasen. Ahí sí estas creando jugadores de Primera división”–, definición de estilo de juego –en Chile marcó una senda que hoy sigue su fanático admirador Jorge Sampaoli, mientras que en Bilbao educó el paladar de una hinchada que tenía el fútbol más directo grabado a fuego en su ADN– e instauración de ese gen competitivo que dota de identidad ganadora a las instituciones. Grandeza, al fin y al cabo.

Salió campeón en Argentina con Newell’s y Velez y consiguió la primera medalla de oro olímpica para la albiceleste en Atenas, pero como romántico que es, siempre le esperó en sus obras cumbre ese destino fatal propio de la tragedia que es el que terminará por levantar su leyenda. La tanda de penaltis ante Sao Paulo en la final de la Libertadores de 1992, ese bloqueo mental producto de esa presión –casi más social que deportiva– que es ser jugador argentino en una Copa del Mundo –cuando la clasificación de Argentina para ese Mundial de Corea había sido uno de los paseos militares más intimidatorios que se recuerdan–, otros malditos penaltis ante Brasil en la final de la Copa América 2004 o la doble derrota en las finales del año en que el Athletic fue el equipo de Europa entera son la parte cruda de ese fundamentalismo, los que refuerzan de la forma más cruel su creencia más arraigada. Aquello de que el Santo Grial es el viaje y no el destino y que la historia se escribe en este trayecto. ¿Es de verdad un loco? Lo dijo Chesterton: La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

Latest posts by Alberto Egea (see all)

5 Comments en El reino de Marcelo Bielsa y la medida de todas las cosas

  1. Que me comiences hablando de los grandes valores de Marcelo Bielsa y acabes vendiéndome la moto de José Mourinho, precisamente, un entrenador con unos valores futbolísticos discutibles, dice mucho del autor de este “artículo”. Es como si mañana empiezo hablando sobre mis grandes dotes culinarias y termino yendo a comer al Kebab de abajo de mi casa

  2. Yo creo que tu comentario te evidencia más a ti. La teoría de los buenos y los malos. Mourinho, Guardiola y Bielsa son tres genios del fútbol y, te caigan bien o mal, tienen más cosas en común de las que te parece.

  3. Excelente columna! Disfruté mucho leyendola. Muchas felicidades!

  4. Para los que amamos a Bielsa por traernos a Bilbao lo que nuestros padres parecían haberse resignado a volver a ver, este artículo es enorme. GRANDE LOCO!

  5. Que está diciendo que ganar con un fútbol defensivo no tiene mérito??

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.