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Una vida sin Leo Messi

Lo que hace el FC Barcelona sin su mayor estrella

Es posible que Messi no haya visto esta película. No parece el argentino muy de cine de autor. Y esta cinta de Isabel Coixet lo es. Ahora, en cualquier caso, tendrá tiempo. Ocho semanas concretamente para conocer cómo es su vida sin él. Cómo es su Barça sin la pieza angular sobre la que orbita el particular universo azulgrana.  

Todos esperan un drama, menos Luis Enrique. El técnico asturiano espera conseguir precisamente eso que Coixet logra en su película. Convertir la peor noticia posible en un canto a la vida, en un alegato en pos del equipo, en un motivo para crecerse. Todo eso a ojos de Messi, que lo mirará en la distancia, desde la tribuna o en el sofá de su casa, mientras caen las hojas del calendario y él hace una vida que no es la suya.

El reto es mayúsculo y se ha agravado con la caída de Iniesta o de secundarios de lujo como Rafinha. A salvo Neymar, Messi solo podría reconocerse en el brasileño cuando desde la butaca vea que su equipo se acelera, que encara el arco y se va derecho a por los rivales. Con el perfil cambiado y desde el angulo inverso cada arrancada de Neymar, por momentos desde la media punta y no tan escorado a la izquierda, nos permitirá ver una evolución que no cesa, un viaje al futuro para cuando la vida sea definitivamente sin Messi.

Neymar parece el encargado de ser el líder en el frente del ataque con la ausencia de Leo Messi por lesión.

No será, en cualquier caso, la primera vez. El historial de lesiones de Leo es dilatado aunque últimamente había reducido de manera drástica sus ausencias. Si será, en cambio, la mayor ausencia del Messi total, del jugador omnipresente en el sistema del Barça, no ya del finalizador o del activador de la jugada, sino del organizador del juego azulgrana. Ni siquiera el Messi que se lesiona en Sevilla, en el Benito Villamarín en noviembre de 2013 y que está siete semanas alejado de los terrenos de juego podría compararse con el actual. Esa fue su última gran ausencia y el Barça pasó el trance con nota: 7 victorias en 9 encuentros; líderes en Liga y clasificado para Champions y Copa  a su regreso.

Foto: www.weloba.es

Foto: www.weloba.es

Con ese recuerdo en la memoria y ante el nuevo contexto marcado por las bajas, Luis Enrique entendió que no podía empezar la vida sin Messi como si nada hubiera pasado. El cuerpo le pedía mantener el foco en la derecha, seguir concentrando jugadores en esa zona del campo, mantener las cadenas de pase fabricadas por Alves, Rakitic y Messi que liberaban los espacios en la izquierda, para que el ataque encontrara vía libre por allí. Pero eso solo hubiera sido posible con el Alves de la temporada pasada y con Rafinha, quien a pierna cambiada hubiera interpretado como pocos la imposible tarea de fotocopiar a un genio.

El perfil izquierdo ha ganado importancia con la ausencia de Leo Messi, que condicionaba al rival por el costado diestro.

Con Munir y sin Messi, la vida es otra. Lo que el argentino pudo ver en los primeros minutos de su ausencia es que el Barça viraba hacia la izquierda. Esas cadenas de pase llevaban ahora la firma de Iniesta-Alba-Neymar para arremolinar rivales en esa zona, para amasar el juego en los pies de los que mejor la esconden y para liberar la banda contraria. Por allí deberían aparecer centelleantes Munir o Sergi Roberto, quien ha interpretado su nuevo rol de manera excepcional, para romper por velocidad y descaro. Pero estos, al igual que el resto del Barça acabaron ahogados, primero por la presión del Bayer, y más tarde por la ruptura de esa cadena de pases que la lesión de Iniesta desencadenó.

La mueca no desapareció de la cara del argentino hasta que Luis Enrique volvió a sus orígenes. A ese 1-4-3-1-2 que probó en sus primeros días en la Ciudad Condal, todavía con Luis Suárez cumpliendo sanción. Pero ahora la piedra angular desde la mediapunta era Neymar, el jugador más desequilibrante del equipo como referente ofensivo y como playmaker del juego azulgrana. El brasileño cogió una responsabilidad para la que lleva tiempo haciendo un master. Desde la atalaya del 10 pidió el balón, desequilibró y buscó filtrar pases. La insistencia azulgrana terminó dando frutos, aunque fue Luis Suárez, efectivo siempre el uruguayo, quien terminaría sacando una sonrisa de alivio al crack argentino.

La segunda entrega de La vida sin Messi sería en el Sánchez Pizjuán. Exigente ‘premiere’ para el elenco de actores azulgranas encargados de hacer olvidar al crack argentino. Por momentos el clásico 1-4-3-3 flirteó con ese 1-4-3-1-2 que provocó la remontada europea. En todas esas fases la bandera azulgrana era el Messi brasileño. Neymar quería demostrar tanto, tenía (y tiene) tantas ganas de agarrar el rol de protagonista principal y único que su interpretación resultó acelerada. Al menos en la primera parte, donde las acciones ofensivas azulgranas terminaban siempre presas del exceso de revoluciones del brasileño.

Ahí se echaba en falta la pausa de Messi, el diálogo lento de pases que van abriendo zanjas en las defensas contrarias. Neymar, más vertical, se desenvolvió en Sevilla como un personaje de Tarantino. Directo y sin dobleces. En un intercambio de golpes al más puro estilo Reservoir Dogs, donde los tiros, en forma de ocasiones de gol sobrevolaban ambas áreas.

No fue hasta que Luis Enrique alteró el repertorio cuando todo se ordenó aunque no fuera suficiente para mejorar el resultado. Con Sergi Roberto de nuevo en el centro del campo, con Alves de vuelta al lateral y con Sandro relevando a Munir el Barça se reorganizó también en defensa. Porque la ausencia de Messi por modificar, modifica hasta la manera de defender. Sin él (y sin Iniesta) el equipo controla menos el juego y ataca menos en estático. Los espacios se multiplican, el equipo se hace más largo y eso es aprovechado por los rivales para explotar la fragilidad defensiva del medio campo.

Ahí surge el Busquets solitario, arrollado por las transiciones ofensivas de los contrarios. Por eso se hace tan necesario Mascherano a su lado, aunque eso suponga desplazar al de Badía al interior. El Jefecito, maestro de la anticipación, mejora tanto defendiendo lejos de su área como sufre cuando el equipo se repliega alrededor de Bravo. Cierto que su participación en el juego se reduce, pero ayuda a equilibrar defensivamente el equipo gracias a la extensión de terreno que cubre y libera a Sergio Busquets para centrarse en la presión.

En defensa la pareja de Piqué también se modifica y, lesionado Vermaelen, las opciones se reducen a Mathieu o Bartra. Hasta ahora la mayor velocidad del francés le ha asegurado un puesto en el once pero el eje defensivo parece la zona más inestable de los azulgranas. Mientras que en el flanco derecho la superioridad física de Sergi Roberto y, sobre todo, el entendimiento y comprensión de las necesidades del juego actual del Barça hacen del canterano el jugador ideal para el lateral. Aunque como interior ha cuajado buenas actuaciones, refrendando su excelente momento.

Ese es el galimatías al que se está enfrentando Luis Enrique durante estas semanas. Una vuelta de tuerca más que puede alejar a su Barça aún más del canónico 4-3-3 basado en la posesión del pelota para que ésta vaya y vuelva rápido, dando rienda suelta a las transiciones. Es el rompecabezas que desencadena perder al mejor actor del planeta. Una película por entregas cuyos primeros capítulos han dejado sensaciones agridulces: aplaudido el esfuerzo y el orgullo demostrado por los jugadores;   denostado por los críticos más feroces debido a la fragilidad defensiva y escasez de puntería. Resulte drama o comedia, Messi lo único que espera es que el equipo sin él sobreviva (al menos con las opciones intactas de premios) hasta su vuelta.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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