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Aitor Karanka y el jugar bien

Una reflexión sobre la validez de estilos a la hora de jugar al fútbol

Foto: fichajes.net

En una conferencia celebrada en Chile hace ya seis años, Marcelo Bielsa sentaba cátedra acerca de lo imprevisible del fútbol: “Estamos acostumbrados a que determinadas causas generen efectos previstos. El fútbol es el primer deporte del mundo porque una misma causa puede ofrecer diferentes efectos. La mayoría de las cosas que suceden no son como las imaginamos. Hay mucho de casual. Sin embargo, los que pronostican y aciertan son considerados sabios. En cualquier caso, son atrevidos, no sabios. El que vaticina tiene la misma posibilidad de acertar que de no acertar”.

Y es que cuesta aceptarlo, pero la naturaleza caótica del juego hace que en el fútbol no siempre gane el mejor a corto plazo. En gran parte porque, a diferencia del ajedrez, interviene el error humano en la ejecución. El jugador de ajedrez podrá equivocarse en la toma de decisiones, pero si su estrategia implica mover el caballo, éste moverá en ele necesariamente. Si la pieza se le escurre, si estornuda, si no mueve en ele, volverá a mover. En fútbol no. Un resbalón, un despiste en un control o un pase sin tensión dilapidan la mejor estrategia, algo que –sumado a la exposición al error arbitral– lo convierte en un deporte indescifrable.

“El Real Madrid me transformó en ganador. Hay gente que dice ‘prefiero jugar bien’. Esa gente nunca gana”

  -Aitor Karanka en FourFourTwo

En una entrevista para la revista inglesa FourFourTwo, Aitor Karanka ha rescatado –en palabras recogidas por el gran Álvaro de Grado– el eterno debate entre ganar y jugar bien: “El Real Madrid me transformó en ganador. Hay gente que dice ‘prefiero jugar bien’. Esa gente nunca gana”. El mensaje es difuso y poco preciso, lo que lo hace polémico y fácilmente atacable, pero tiene un fondo muy coherente para un entrenador que trabaja para que su equipo encuentre la perfección y la prolongue en el tiempo.

Foto: mfc.co.uk

Foto: mfc.co.uk

Si tomamos el fútbol como un juego democrático en el que caben todos los estilos y filosofías que permite el reglamento, excluyendo esa arrogancia que pretende imponer como supremo un modelo u otro basándose en una superioridad moral difícil de entender, hay que partir de la distinción entre jugar bien y jugar bonito o jugar feo. Jugar bien no tiene que ver con el estilo elegido, sino con el nivel de ejecución del estilo elegido. Tiene que ver con la cantidad y calidad de ocasiones recibidas y generadas; aquello que decía Juanma Lillo de tener equipos de probabilidad y no de posibilidad, que acaben marcando por pura insistencia y no por necesidad de aprovechar ocasiones aisladas. Y jugar bonito o jugar feo queda al amparo de los gustos del espectador, que puede disfrutar de un ataque organizado coral como el del Barça de Guardiola, de un repliegue sin fisuras del Atlético de Simeone o de las transiciones del Madrid de Mourinho o el Dortmund de Klopp. O de todos a la vez. Igual que puede preferir el salado a lo dulce, el realismo a lo abstracto o el calor al frío.

La perfección de un estilo acaba potenciando al resto. Todo ataque necesita grandes entramados defensivos enfrente para crecer, de la misma forma que toda defensa necesita de los mejores ataques. Lo dijo Kasparov cuando le preguntaban sobre la conveniencia o no de introducir la máquina en el ajedrez como rival para medir al hombre: “Resolver problemas nuevos es lo que nos permite evolucionar como individuos y como sociedad. Lo contrario es estancarse y retroceder”.

Karanka es consciente de que si su equipo va líder en Championship es porque juega verdaderamente bien al fútbol, pero el día que juegue mal querrá ganar.

Karanka se refería, evidentemente, a un partido puntual, pues sabe de sobra que es precisamente cuando se encuentra una línea de buen juego cuando los resultados llegan. Haciendo bien las cosas, pueden salir mal. Y viceversa. Pero en un proyecto a medio plazo el que juega bien acaba obteniendo mejores resultados que el que juega mal –insisto, nada que ver con jugar feo–. Karanka es consciente de que si su equipo va líder en Championship es porque juega verdaderamente bien al fútbol, pero el día que el Middlesbrough juegue mal querrá ganar, aunque solo sea para neutralizar esos días que pierda jugando bien.

Jugar bien no debe ser el medio para ganar sino un fin en sí mismo. Ya se encargará la mano invisible del fútbol en repartir justicia de esa forma mágica que desespera y fascina a partes iguales.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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