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El fútbol de mi infancia

Un recuerdo al fútbol que veíamos todos de niños

El fútbol. Siempre el fútbol. El fútbol como vertebrador de nuestros recuerdos, como parte de nuestra memoria más emocional, como gran retardador de la madurez. El fútbol. El último rincón de nuestra infancia.

Recuerdo el fútbol de mi niñez, cuando el verano era más largo y siempre faltaba un último cromo. Rememoro aquellas ligas de Tenerife, las Copas de Schuster y Futre, el penalti de Djukic. Paladeo las sensaciones de excitación y agradable cosquilleo que me provocaban los goles del programa de José María García; cuando aquellas gargantas infinitas de los distintos corresponsales, nos dejaban colgados varios segundos, esperando con ansia por si ese “gooooooooooooooooooooooooooooool” que nunca terminaba de pronunciarse, se había marcado en el Calderón.

Qué euforia cuando era nuestro, cuando nuestras esperanzas y la realidad se alineaban para hacernos felices durante unos minutos. El Atleti había marcado y el mundo era un lugar más lógico. Por lo menos durante un rato. Lo justo para levantarme de la alfombra desde la que vivía los avatares de la Liga, correr hacia el sillón de mi abuelo y, pleno de infantil euforia, anunciarle la feliz noticia: “abuelo, vamos ganando”. Mi abuelo, siempre realista, lejos de compartir mi pasión, me corregía con cariño: “tú no estás jugando, Juan Esteban. El fútbol es un negocio”. Yo torcía el gesto, me indignaba con semejante reflexión y siempre contestaba lo mismo, aferrado a la frágil esperanza de que mi abuelo por fin lo entendiese: “¡claro que he marcado. Juega el Atleti!”. Y me volvía a mi alfombra, bajo la gran mesa del despacho. Mi palco particular. Mientras tanto, el Logroñés había fallado un penalti y el Celta dominaba cada vez más al Albacete. El fútbol de los 90.

Foto: Club Deportivo Tenerife || Fernando Redondo (Tenerife) se entrenta a Diego Armando Maradona (Sevilla)

Foto: Club Deportivo Tenerife || Fernando Redondo (Tenerife) se entrenta a Diego Armando Maradona (Sevilla)

Comprábamos el “Don Balón” y allí estaban todos. Allí estaba Romario, atornillando para siempre a Alkorta. Paulo Futre, ´10´ a la espalda, melena al viento, regateando entre el barro mientras Luis, siempre Luis, miraba por encima de los cristales de unas enormes gafas. En Tenerife se bailaba al son de un tango ejecutado por Valdano, Cappa, Redondo o Dertycia y un joven técnico llamado Víctor Fernández conseguía Copa y Recopa para el Zaragoza. Sus nombres y fotos desfilaban cada semana ante los ansiosos ojos de todos nosotros, niños a caballo entre los 80 y los 90.

TATO ABADIANadie nos había contado que la infancia se acababa, ni que el Depor podía no pelear la Liga. Para nosotros, Arsenio, Bebeto o Mauro Silva, siempre habían estado ahí, como nuestros padres y abuelos. Y creíamos que siempre lo estarían. No conocíamos la sensación de pérdida. Supongo que madurar es eso. Entender que un día Futre ya no iba a estar en el álbum. Empezar a comprender que quizá era verdad lo del fútbol-negocio. No tener a nadie a quien cantarle los goles. Bajar a Segunda. Un proceso de maduración personal inseparable de la maduración futbolística.

Desaparecieron las “ooooooos” colgadas del aire. También la vieja radio. El negocio ya no es algo que tenga que ver con el fútbol sino que el fútbol ha pasado a ser una pequeña parte de un negocio mucho mayor. El Logroñés ya no mete goles. Y no existe la Recopa. No existen filtros para olvidar. Y mi abuelo ya no vive.

Pero las primaveras se suceden y todavía nos emocionan los goles. De una manera distinta pero ahí siguen, contribuyendo a que, semana a semana, viajemos a ese rincón bajo la alfombra, con la esperanza de que aquel niño siga allí. Esperando los goles del Atleti.

¡¡ Gooooooooooooooooooool en…!!

Juan Esteban Rodríguez

Profesor UCM. Consejero editorial de Al Poste. Autor de El genio de Bayrampasa, Leyendas de la Premier y Maltrato de la Hª de España. Tertuliano en Punto Pelota.

@JuanesPREMIER

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