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Sobre Benítez, los jugadores y el 0-4

Los porqués de la debacle madridista en el Clásico

Foto: dr.dk

Está muy extendida esa comparación entre los entrenadores de deportes de equipo y los jugadores de ajedrez, pero entre ambos existe un matiz que hace mucha más justicia con los segundos que con los primeros: el error humano en la ejecución. Un alfil no puede equivocarse por sí mismo en un movimiento, un defensa sí. Un ajedrecista podrá plantear la partida perfecta y dependerá de sí mismo –con permiso del rival– para que se refleje en el tablero, mientras que un técnico puede diseñar la presión perfecta, la salida de balón perfecta o el repliegue perfecto, pero nunca estará libre de que uno de sus jugadores no cumpla con su cometido –por la razón que sea– en el desarrollo de la idea colectiva.

Es difícil saber qué partido planeó Benítez ante el Barça, pero está claro que lo que se vio sobre el campo no fue lo que el técnico madrileño había trabajado. El Madrid alternó fases de presión alta y agresiva con otras de repliegue pasivo, pero la capacidad del Barça para desactivar esa presión –encontraba superioridad numérica en todas las zonas montando un juego de posesión a modo de entrenamiento sin afán imperativo de progresar– y su calma para guardar la pelota con el equipo blanco defendiendo en campo propio hizo dudar a un Madrid que no creía en lo que estaba haciendo. El equipo de Luis Enrique acumulaba pases esperando el desquicio que llevara a la precipitación a un once titular copado de jugadores que necesitan el balón como el aire para sentirse futbolistas. La presión alta ante un equipo de tanta calidad asociativa como el Barça exige una coordinación, concentración e intensidad prolongada en el tiempo que los jugadores del Madrid no alcanzaron. El drama en el repliegue era similar. La falta de fe devino en un equipo con cuatro atacantes apáticos en labores defensivas y dos pivotes que nacieron más para ejecutar el fútbol con el que se les estaba ensañando el rival que para aguantar 90 minutos ajustando, equilibrando, desfondándose sin balón e intentando robar. Por detrás de ellos, una playa hasta Varane y Ramos que iban disfrutando por turnos Neymar, Suárez, Iniesta o Sergi Roberto. Cada vez que uno entraba en dicho coto, Ramos se precipitaba a anticipar más veces de las que tocaban (o salía a presiones insensatas de forma anárquica, como en la acción que desencadena el gol del 0-4), vendiendo su espalda y dejando desnudo a un Varane que se contagió del desastre colectivo.

La falta de fe devino en un equipo con cuatro atacantes apáticos en labores defensivas y dos pivotes que nacieron más para ejecutar el fútbol con el que se les estaba ensañando el rival que para aguantar 90 minutos ajustando, equilibrando, desfondándose sin balón e intentando robar.

El Madrid dejó postales impropias de un equipo grande. Por buena que fuera la presión culé –dicha presión orientaba el ataque de los blancos hacia donde le interesaba robar, forzaba que Keylor o los centrales acabaran rifando balones o, como en el desencadenante del gol de Neymar, abocaba a Modric a realizar conducciones desesperadas–, era inexplicable que los seis jugadores blancos que se instalaban por delante del balón se escondieran detrás de las líneas de presión culé, sin tirar líneas de pase, sin escalonamientos que facilitaran la progresión y exponiendo al equipo ante una posible pérdida, como la que dio lugar al 0-2.

Acción previa a la pérdida de balón de Modric que provoca el 0-2. | Foto: BeIN Sports

Acción previa a la pérdida de balón de Modric que provoca el 0-2. | Foto: BeIN Sports

No creer en ese plan que el equipo no pudo, no quiso o no supo desplegar, llevó a improvisar, a romper el guión y esto al caos. Todo mientras el Barça enseñaba la bandera de campeón de Europa enfundado en esa ilusión heredada de Guardiola de entender los grandes escenarios como lienzos en blanco donde pintar las mejores obras.

Mala pinta tiene el horizonte para Benítez. La estocada es profunda y el único antibiótico para que cicatrice es una hipotética revancha que de momento no tiene fecha marcada antes del 3 de abril. Los resultados no fueron bálsamo para el runrún en torno al técnico antes de la primera derrota ante el Sevilla y no lo serán después por buenos que estos sean. Benítez sabía en el manicomio que se metía y que ni su forma de entender el fútbol –priorización de equipo sobre jugadores, independencia absoluta a la hora de trabajar, cero intromisiones en su parcela, ningún jugador con privilegios…– ni su coherente manera de trabajar encajaban en la realidad de un club con una estructura jerárquica prehistórica. Pero era el sueño de su vida y se adaptó. Aceptó jugar a ser quién no es y quizá acabe por no reconocerse. Le tocó recular cuando no reconoció explícitamente a Cristiano como el mejor para calmar el gallinero mediático y le tocó dar una palmada en la espalda a Ramos cuando tras unas inofensivas declaraciones el de Camas le dio el primer aviso, le recordó quién mandaba en ese vestuario y le recomendó que se preocupara por sus fallos tácticos que bastante tenía.

Benítez sabía en el manicomio que se metía y que ni su forma de entender el fútbol ni su coherente manera de trabajar encajaban en la realidad de un club con una estructura jerárquica prehistórica.

Hace cuatro años le preguntaban a Arrigo Sacchi cómo hizo para domar los egos de su Milan y la respuesta la tenía clarísima:Silvio Berlusconi siempre puso su confianza en mí, sobre todo al principio, cuando llegaron las primeras derrotas. La junta siempre me apoyó. Siempre. En mis inicios, después de una derrota en casa ante la Fiorentina en la temporada 1987/88, Marco Van Basten me criticó muy severamente. Pero la junta confió en mí y dijo que hiciera lo que creyera conveniente, que siguiera el camino que creyera correcto. En el siguiente partido, en Cesena, mandé a Van Basten al banquillo y me pidió que le explicara mi decisión. Le dije: ‘Bueno, Marco, ya que eres tan bueno tácticamente, puedes sentarte a mi lado en el banco y señalarme todos mis errores durante el partido’. Hacer esto solo era posible porque todo el mundo en el Milan confiaba en mí”. En Madrid, esta afrenta a las directrices que manda el entorno supondría sacar las antorchas a la calle, demonizar al personaje y lincharlo como dios manda mientras el vestuario aceleraba el protocolo de salida.

No habrá mejor entrenador que Ancelotti para el Madrid: habilidad en el manejo de sistemas y capacidad de seducción sobre los jugadores para que se atrevan a probar demarcaciones distintas a las originarias en pro de hacer caber el máximo número de jugadores de calidad técnica; un discurso moderado, espaldas anchas para aceptar lo que le dan, lo que le quitan y lo que le piden, gusto por un juego vistoso y espectacular, política casi nula de rotaciones, y carácter permisivo y protector con las estrellas. Un máster de más de quince años dirigiendo equipos caprichosos con presidentes intervencionistas. Lo que se escape de este perfil tiene su destino escrito en la idiosincrasia del club.

Alberto Egea

Una volea de Rafter. Una asistencia de Jason Williams. Una celebración del 'Pipo' Inzaghi. Un ataque de Pantani. Y 'John Milner' de Loquillo.
Twitter: @esttoper

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3 Comments en Sobre Benítez, los jugadores y el 0-4

  1. Simplemente impresionante…….

  2. Muy de acuerdo con el artículo, ilustra perfectamente lo acontecido en el Bernabeú.

    Un tema para debatir, lo de la “política casi nula de rotaciones” creo que jugó más en su contra que a favor. Bien es cierto que, la temporada pasada tuvo una grave lesión de Modric, jugador insustituible con la plantilla de ese momento.

    Este año creo que, a Benítez, se le pide, desde la directiva, medios y afición, que haga el mismo trabajo que Ancelotti pero aportando algo más de valor añadido en partidos importantes, cómo el del sábado y que gestione mejor los minutos. Este año el puesto de Modric sí que está bien suplido, aunque la plantilla tenga otras carencias.

  3. Discrepo de gran parte del artículo. Cuando el RM presionó el Barsa no desbordó con facilidad. De hecho en las 10 primeros minutos llegan dos o tres ocasiones por recuperación en zona alta. El barsa se pasea en repliegues sin actitud alguna, andando, sin agresividad ni ganas de recuperar la pelota. 37 toques en el primer gol a un equipo nivel RM es muy significativo y no es solo mérito del que la toca, sino del que no la quiere recuperar. La pasividad y actitud de los jugadores en fase de presión, especialmente de los de arriba nada tiene que ver con la de los jugadores del Barcelona. De hecho en esa imagen, roba el balón Luis Suarez tras carrera de 20 metros.
    Ancelloti es un entrenador que permite que mande el presidente y así no hay futuro posible. Casillas de titular y Navas en el banquillo es el ejemplo de que así no se pueden ganar títulos ni construir un futuro.
    Benitez se hundió en el Chealsea, Inter y fue mediocre en un Nápoles que sin el está mucho más arriba, es otro. Ese es curriculum reciente de quien nunca debió venir.
    No es capaz de involucrar a jugadores que se pasan medio partido deambulando por el campo, sin garra, sin actitud de pelear y sin intención de recuperar la pelota. PSG, Sevilla y Barsa le han sacado los colores. Solo queda el camino del cambio porque no es un partido, no es un 0-4, la trayectoria y juego de este RM es lamentable desde pretemporada. Rubí ha cambiado el levante en 1 mes, y si hablamos de Klopp en Liverpool, mejor no comentarlo porque a los madridistas no entra depresión.

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