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La oportunidad que Almería siempre esperó

La historia del ascenso del equipo andaluz a Primera División

Corría el minuto 46 de partido. Negredo colocaba con mimo la pelota en el punto de penalti. Enfrente, Íker Casillas. Once metros separaban a ambos. El ariete miró fijamente a su ex compañero durante unos segundos que parecían no acabar jamás. El pitido del árbitro dio inicio a una carrera potente, decidida. El de Vallecas golpeó con seguridad, suave, a su derecha. El portero se tiraba hacia el lado opuesto, rendido, contrariado. Era el 2-0 definitivo. La UD Almería tocaba techo derrotando al Real Madrid. El Estadio de los Juegos Mediterráneos encarnaba a una ciudad que jamás había vibrado así con su equipo. El camino hasta llegar ahí fue largo. El premio, inmejorable.

Once inicial

En el fútbol, muy pocas cosas suceden por casualidad. La suerte es un factor que puede aparecer en momentos puntuales, pero que se ve aplastado por la evidencia que supone el paso del tiempo. En 2007, una provincia entera volvió a sentirse grande gracias a un equipo que le permitió revivir lo que hacía décadas que no presenciaba. 26 años después, Almería probaba las mieles de la Primera División. Lo que los pupilos de Emery hicieron aquella temporada no fue casualidad. Ni mucho menos fue suerte. Fue la prueba de que, solo a veces, el dinero, incansable en su búsqueda, deja pequeños recovecos sin olfatear que aprovechan los más humildes para fichar lo que los poderosos no han advertido.

“La UD Almería pasó de Segunda B a Primera en cinco años. Los movimientos en la élite debían medirse al milímetro”.

El verano de 2007 suponía el regreso a la élite de una ciudad que llevaba décadas resignada contemplando cómo sus clubes iban apareciendo y desapareciendo como si la subjetividad no tuviese lugar en el fútbol. Equipos que, con trabajo y esfuerzo, arrebataban el corazón a los almerienses para luego esfumarse sin dejar más rastro que el de una afición huérfana obligada a empezar de cero con un nuevo club que se refundaba. La UD Almería puso fin a todo eso y, en cuestión de cinco años, se elevó de Segunda B a Primera. Los movimientos en la élite debían medirse al milímetro. Con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, el club andaluz comenzaba su nueva etapa.

Diego Alves, Pulido, Felipe Melo o Negredo se acurrucaban bajo el amparo de la Alcazaba almeriense para convertirse en los referentes de aquel nuevo proyecto. Juanito o Juanma Ortiz, pese a no llegar con la vitola de estrellas, se convirtieron en complementos perfectos para lo que ya había. La columna vertebral, con jugadores como Carlos García, Mané, Bruno, Soriano, Crusat o Kalu Uche, estaba establecida desde hacía meses. Sin olvidar a José Ortiz, capitán y cortafuegos cuando las cosas se ponían mal. Emery en el banquillo daría el sabor a aquel equipo que acabaría maravillando esa temporada. El técnico vasco supo formar un bloque aguerrido capaz de cuajar un fútbol alegre y efectivo.

Emery

La exhibición en Riazor en el debut solo fue un preludio de lo que los rojiblancos vivirían aquella temporada. Un 0-3 en el que lo nuevo se fusionó a la perfección con lo que ya había. Los autores de los goles reflejaron esta sintonía idílica. Negredo, Soriano y Crusat se convertían en héroes bajo una ovación cerrada del público gallego, que reconocía los méritos de su rival. La temporada avanzaba y los andaluces no pisaban los puestos de descenso. Lejos de eso, llegaron a coquetear con Europa.

“En el Mediterráneo no consiguieron ganar ni Real Madrid, ni FC Barcelona, ni Atlético de Madrid, ni Villarreal”.

Diego Alves se convirtió en una de las sensaciones del fútbol español. Llegó como un desconocido y en cuestión de meses se convirtió en uno de los mejores porteros de la Liga. Tremendamente ágil y seguro, el brasileño fue responsable, en más de una ocasión, de que los suyos consiguieran la victoria. El guardameta acumuló seis partidos consecutivos sin encajar gol. Un hito que hablaba tan bien de la zaga rojiblanca como de la figura que la custodiaba bajo palos.

Otro papel destacado fue el de Felipe Melo. El centrocampista llegó al Mediterráneo procedente del Racing como un jugador problemático con el que poco había que hacer. Emery le recuperó y el futbolista respondió con siete goles y una absoluta exhibición de poderío físico y calidad en esa medular. Arriba, Negredo se convertía en el auténtico referente del equipo. Sus 13 tantos, sumados a los 19 que conseguiría un año después, muchos de ellos de muy bella factura, hicieron que su nombre llegara a sonar para acudir a la selección, llamada que no se produciría hasta que fichó por el Sevilla. El vallecano fue la muestra de lo que la dirección deportiva de la UD Almería había encontrado aquella temporada: jugadores jóvenes, semidesconocidos, con hambre y con mucha calidad.

Foto: UEFA

Foto: UEFA

El Real Madrid no fue el único grande en hincar la rodilla frente a los rojiblancos. Barcelona, Atlético de Madrid o Villarreal tampoco ganaron en el Mediterráneo, mientras que el Valencia y el Sevilla se vieron sorprendidos en casa por los de Emery, que se impusieron por 0-1 y 1-4 respectivamente. La del Sánchez-Pizjuán fue una exhibición que aún hoy se recuerda en la pequeña ciudad costera del este de Andalucía.

Ciudad que vio cómo su equipo finalizó aquella temporada en octavo lugar y con 52 puntos, convirtiéndose en el segundo mejor debutante de la historia de la Liga. La espera había merecido la pena. El fútbol siempre concede oportunidades. A Almería le llegó tras 26 años y no la ha dejado escapar. Desde entonces, el club se ha asentado en la élite formando parte del panorama de la Primera División en seis de las últimas ocho temporadas.

No es casualidad. Ni mucho menos es suerte. Es fruto del sobrehumano esfuerzo que entidad y aficionados almerienses realizan cada curso. Un equipo que, pese a residir en una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes, no está solo. Junto a él hay toda una provincia arropando cada movimiento. Envolviendo cada partido. Participando en cada remate. Almería solo necesitaba una oportunidad para demostrar que podía volver a competir en la élite, y no piensa dejarla escapar tan fácilmente.

César Vargas Cámara

El periodismo que me gusta está plasmado aquí. Solo hay una cosa que prefiera antes que el mar Mediterráneo: el estadio que lleva su nombre.
Twitter: @_CesarVargas

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