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La razón cultural del drástico cambio en el fútbol alemán

Las consecuencias de la multiculturalidad o cómo ir del choque al toque

Alemania duda. Pese a haber conseguido el pasado verano su cuarto Mundial, sobre la cabeza de Joachim Löw pesa la losa de la desalemanización del equipo. El mismo problema afrontan los clubes alemanes, despojados de ese misticismo noventero que convertía sus campos en auténticas trincheras. Este cambio, con sus pros y sus contras, se iniciaría de forma indirecta y desde los despachos.

Trainingslager Nationalmannschaft

No es extraño ver que buena parte de los integrantes de la selección alemana no canta el himno. Jugadores de aquí y allí que se reúnen bajo las cuatro estrellas de la Mannschaft a raíz de un episodio que los sectores más críticos identifican como una crisis de identidad. Alemania como tal es un país relativamente joven. Su tremenda fragmentación en diversos principados y ducados a lo largo de la Edad Media planteó todo un reto a la burocracia del siglo XIX, cuando quisieron crear la Confederación Germánica para unificar todos estos territorios bajo la excusa de crear una Gran Alemania y unir lugares de habla alemana. Para decidir quién era alemán, y a diferencia de los países de tradición romana, se recurría a la ascendencia. Algo que en la segunda mitad del siglo XX podía provocar que un turco que llevara viviendo 30 años en Alemania era menos alemán que un habitante de Transilvania cuyos antepasados medievales pertenecían a algún territorio del Sacro Imperio Romano.

Solo se podía acceder a la nacionalidad mediante la constatación de la existencia de algún antepasado (hombre) alemán. No es de extrañar que la llegada en masa de mano de obra extranjera a partir de los años 60 creara una ‘minoría’ de tres millones y medio de turcos en zonas industriales como Renania del Norte-Westfalia, por citar el ejemplo más conocido. La pequeña Estambul y otras minorías, carentes de representación política, eran constantemente marginadas hasta que en el año 2000, el gobierno de Gerhard Schröder aprueba la nacionalización por arraigo para todos aquellos que lleven más de ocho años en tierras teutonas.

Foto: Getty

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Trasladado al fútbol jugadores como Gerald Asamoah, Odonkor, Tasci, Özil, Gündogan, Cacau, Trochowski, Jerôme Boateng, Mario Gómez, Mustafi o Bellarabi han podido jugar con la selección alemana gracias a esta ley, que no es la primera que está bajo la lupa cuando analizamos esta transformación del ADN teutón .

Cinco años antes, en 1995, aparecía una ley que iba a transformar para siempre el fútbol europeo: la Ley Bosman. 20 años después, la Bundesliga cuenta con un 47% de jugadores extranjeros -sin contar a los nacionalizados-, cifra similar a la de 2006. En medio de una selección alemana con miedo al fracaso estrepitoso en su propio Mundial, Matthias Sammer hablaba de que el alto porcentaje de extranjeros conllevaba una generación perdida para el fútbol alemán. Equipos como el Nürnberg tenían un 75% de extranjeros en plantilla por aquel entonces. Uno de los pocos que confiaba en el proyecto de cantera alemán era Joachim Löw.

La alta diferencia de precio a pagar entre un jugador alemán y uno extranjero de nivel similar llevaba (y lleva) a los equipos de media tabla de la Bundesliga a recurrir al talento extranjero.

Si bien es cierto que Alemania ha seguido produciendo jugadores de calidad, poco queda de la escuela alemana noventera, principal crítica de los más conservadores. Objetivamente, tanto los clubes de la Bundesliga como la Nationalelf ha experimentado un cambio, con sus pros y sus contras. De esos equipos de 1’90 y barro como escenario ideal de los que hablaba Borja Barba se ha evolucionado hacia unos proyectos que dominan a través de transiciones ejecutadas por jóvenes talentos. El cambio de escenario es radical: menos hostil para los extranjeros y -opinión personal- más atractivo para el espectador.

Foto: Bundesliga.de

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Muchos apuntan a la llegada de Guardiola como caldo de cultivo para el fútbol de posición, pero lo cierto es que los Schmidt, Schaaf o Klopp siguen encarnando las figuras predominantes en la liga mientras que Löw sí que ha hecho algún amago de imitar al noi de Santpedor, despejado a partir de cuartos de final en el pasado Mundial. Tampoco la españolización del Bayern parece tener la culpa de este cambio de modelo, anterior y ajeno a la llegada de un solo entrenador. El fútbol alemán se rinde al talento turco, pero también cultiva talento propio. Y qué talento. Hace casi una década se compararon diversos modelos y se optó por buscar un perfil más técnico y no una cantera de atletas, lo cual también facilita la aparición de los canteranos en la élite.

Una tendencia global que, en el caso alemán, encontró su primera piedra en la regulación de los inmigrantes y su premio el pasado 13 de julio. No diga desalemanización, diga modernización. Una modernización que, como diría Blon, ha llevado a Alemania del puro choque hasta el puro toque.

Nahuel Miranda

Uruguayo de nacimiento, español de adopción. Ávido de historias. Aspirante a periodista, politólogo y lo que venga. Ávido de historias por contar. Alemania y Uruguay como temas fetiche, el fútbol como fuente de pasión.
Twitter: @nmdear

1 Comentario en La razón cultural del drástico cambio en el fútbol alemán

  1. Muy buen articulo realmente muy bueno.

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