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Thierry Henry, el fútbol hecho arte

Moviolagol

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Perseguían sus grandes e inalcanzables zancadas. Parecía correr sobre arena, como si algo mullido y suave amortiguase sus pisadas y catapultase su esbelto andamiaje. Y es que Thierry Henry, cuando jugaba al fútbol, era eso: elegancia.

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Su carrera futbolística, al menos en sus años de mayor esplendor, se ha desarrollado en tres capitales barnizadas por el glamour. Acaba de colgar las botas en Nueva York, una ciudad hecha a su medida. Antes había alcanzado la gloria en Barcelona y, sobre todo, en Londres. Allí descansa una estatua en su honor. Junto al Emirates Stadium un Henry de bronce celebra de rodillas los 237 goles que marcó con la camiseta de los gunners, un registro récord en el Arsenal. Su padre futbolístico, Arsène Wenger, es el culpable de las 376 veces que se puso la elástica londinense: “Es un jugador excepcional, de los que escriben la historia del fútbol y no sólo la del Arsenal”.

Henry nació en los suburbios de París, en un barrio con una importante presencia de inmigrantes. Allí habían echado raíces sus padres, naturales de Guadalupe y Martinica. Tití, como lo llamaba su padre, no tardó en destacar jugando al fútbol y comenzó un periplo por diferentes clubes empujado por las ambiciones de su progenitor. Con trece años recaló en la Academia de Clairefontaine a pesar de que sus malas calificaciones escolares estuvieron a punto de cerrarle las puertas de la misma. Pero el talento pudo más que la alergia a los libros y Henry terminaría llamando la atención del Monaco. Allí conoció a Wenger, quien le hizo debutar con 17 años en la Ligue 1. Henry dio rienda suelta a sus fechorías pegado a la banda izquierda durante cinco campañas. Con sólo 21 años, siendo prácticamente un desconocido a nivel mundial, ganó la Copa del Mundo de 1998, llegando a ser el máximo goleador de su equipo con tres tantos.

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La Juventus de Turín sacó del bolsillo 17 millones de euros para ficharlo, pero la inversión no fue rentable. Thierry no terminó de adaptarse al fútbol italiano y media temporada después el Arsenal se lo llevó a Londres. Allí volvían a cruzarse los caminos de Wenger y Henry, pero todo cambiaría.

Cambió, sobre todo, porque el técnico decidió variar el rol del jugador dentro del terreno de juego. Henry emigró de la banda al puesto de delantero centro, como compañero de Dennis Bergkamp. Arsène tuvo fe, sobre todo tras los ocho primeros partidos en los que Henry no marcó un solo gol. Pero los tantos terminarían llegando: veintiséis en la primera campaña. A partir de ahí los números del francés fueron impresionantes. Fue la pieza más importante de un equipo que se llevaría dos ligas y tres FA Cup. Por el camino Henry también sumaría a su palmarés una Eurocopa y una Copa Confederaciones con la camiseta de los bleus. El delantero abandonaría la selección gala siendo su máximo goleador histórico, desbancando de tal honor a Michel Platini.

Las cabalgadas de Henry y sus legendarias roscas al segundo palo lo convertirían en el héroe de Highbury. En 2005 se convirtió en el máximo goleador del Arsenal de todos los tiempos y en mayo de 2006, con un triplete ante el Wigan Athletic, firmó el último gol del vetusto estadio londinense. Pero ese mismo año empezaron a crecer los rumores de una hipotética salida del club. Henry renovó por cuatro temporadas más con el Arsenal, pero una campaña repleta de lesiones le empujó a trasladarse a Barcelona. Henry decidió dejar de ser el Dios de los gunners para ser uno más en el elenco blaugrana que por entonces entrenaba Frank Rijkaard. Diecinueve goles en su primera temporada en el Camp Nou no fueron suficientes para diluir la sensación de que no era el jugador top que había tenido a la Liga inglesa rendida a sus pies.

NY Red Bulls,2-Montreal Impact,1-Henry

La llegada de Guardiola acentuó más aún la necesidad de someterse a la sombra de Messi y reencontrarse con su vieja amiga, la línea de banda. Henry aceptó el papel de artista de reparto y el fútbol le compensó con dos Ligas, una Copa del Rey, una Supercopa de España, una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y un Mundialito de Clubes. Y con todo lo ganable reluciendo en su palmarés, con la sensación de que ya había salpicado suficiente elegancia en Catalunya, Thierry Henry se fue con sus maletas de Louis Vuitton a la Gran Manzana. Cuatro años en los Red Bull de Nueva York le han dejado a Henry despedirse del fútbol sin la presión que tenía en Europa, pero manteniendo la estela de celebridad futbolística que se había ganado tras catorce años en la élite del viejo continente.

“El Arsenal es mi club y, cuando me fui, parte de mí murió. Lloré y yo no suelo llorar, ni siquiera cuando era niño”, confesó en una ocasión a L’Equipe. Su romance con el Arsenal se pudo permitir un revolcón de despedida en la temporada 20011/12, cuando un parón en la liga estadounidense propició una cesión de dos meses al club inglés. El experimento estuvo condenado al éxito. En su estreno salió como suplente ante el Leeds United y anotó el único gol del partido. El 11 de febrero de 2012 anotaría su último tanto con la camiseta del Arsenal. Lo hizo, una vez más, de forma épica, sellando la victoria ante el Sunderland en el último minuto.

La carrera de Henry tuvo su punto final el pasado 29 de noviembre, cuando los Red Bull de Nueva York sucumbieron ante los Revolution de Nueva Inglaterra, lo que los dejaba fuera de la lucha por el título. El mundo del fútbol se rinde ahora a Henry, quien a sus 37 años ha oficializado su retirada y ha anunciado que se traslada a Londres para ser comentarista de Sky Sports. Podrá estar cerca de su estatua, aunque hay quien pide que al otro lado del Canal de La Mancha, en suelo francés, se instale otra reproducción del ariete. Es el caso de Willy Sagnol, actual entrenador del Girondins de Burdeos: “Henry está al nivel de Just Fontaine, Michel Platini y Zinedine Zidane. Se merece una estatua”. Arte para loar el arte.

Dibujo: David Gallart / @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra / @AnerGondra

Redacción Kaiser

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