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El gol de Tamudo que silenció el Camp Nou

Moviolagol | Goles para la historia

Por más que uno se esmere en cuidar su jardín, es difícil que el césped crezca como es debido si el vecino construye un rascacielos que te condene a vivir perpetuamente a su sombra. Algo así es lo que le sucede al Espanyol, que escribe los renglones de su historia saboreando las migajas futbolísticas que el Barcelona deja en la capital catalana. Pero hay veces, hay días, en los que un rayo de luz consigue colarse y permite que la jaula de los periquitos explote con docenas de coloridas flores que le dan alegría a la vida y hacen que merezca la pena tanto tiempo de trabajo en la oscuridad.

MOVIOLAGOL TAMUDO

El derbi barcelonés no es un partido más de la temporada, al menos en el bando blanquiazul. Dos días al año tienen la oportunidad de pisotear el inmaculado jardín blaugrana y sacar pecho por las Ramblas. El 9 de junio de 2007 el Espanyol rendía visita al Barcelona en la penúltima jornada de Liga. El partido tenía su morbo: el equipo por entonces entrenado por Frank Rijkaard se jugaba la Liga con el Real Madrid. La victoria en el derbi, unido a un posible tropiezo de los merengues contra el Real Zaragoza, le podía dejar el título en bandeja. Pero aquel día el Camp Nou se llevaría un disgusto de los gordos, de los que dejan huella.

El partido empezó de cara para los espanyolistas, que crearon las primeras ocasiones de gol. Iván de la Peña, esculpido en La Masía, hizo con el balón lo que quiso en el campo del Barcelona y se sacó del zurrón en el que guardaba sus tesoros un pase que dejaba a Raúl Tamudo cara a cara con Víctor Valdés. La definición del ariete estuvo a la altura de las circunstancias: el balón se estrelló en las redes blaugranas e igualaba el récord de goles en Liga de un jugador del Espanyol, que desde hacía veinticuatro años lo tenía Rafael Marañón.

Las alarmas se encendieron en el equipo local. Desde el momento en que Raúl se besaba el escudo del Espanyol, en las gradas empezó a germinar la sensación de que la Liga se podía escapar definitivamente. Pero antes del descanso apareció un Messi que, con el 19 a la espalda, todavía opositaba a aprendiz de Maradona. Un centro desde la derecha se envenenó al tocar en la zaga del Espanyol y el rosarino sacó su mano a pasear para marcar con ella. Kameni, que le tocó meterse en el pellejo de Peter Shilton por las malas, no se lo podía creer. Los jugadores del Espanyol acorralaron al árbitro asistente en la banda, pero no hubo nada que hacer. La maquinaria del Barcelona se creció, consciente de que el Real Madrid también pasaba apuros en La Romareda. Fue de nuevo Messi el que desde el vértice del área pequeña cruzó un balón que Kameni no pudo atajar. Una vez más, como en la mayoría de temporadas, los puntos del derbi barcelonés se quedaban engordando la cuenta del rico. A Joan Laporta la sonrisa no le cabía en la cara y chocaba los cinco con todos los que le rodeaban en el palco. Pero el fútbol no sería fútbol si no ofreciese siempre la oportunidad de alcanzar la gloria, aunque sea en el minuto noventa.

A Joan Laporta la sonrisa no le cabía en la cara y chocaba los cinco con todos los que le rodeaban en el palco. Pero el fútbol no sería fútbol si no ofreciese siempre la oportunidad de alcanzar la gloria, aunque sea en el minuto noventa.

Justo cuando los transistores anunciaban a la grada que Van Nistelrooy marcaba el gol del empate para el Real Madrid en Zaragoza, Tamudo cazó otro balón en el corazón del área y superó a Valdés con un disparo raso que se coló en la portería. Tal fue el silencio que se hizo en el estadio que los aficionados de la última fila del Camp Nou pudieron escuchar los labios del capitán espanyolista besando la camiseta. Era su gol 112 en Liga, una cifra récord en su club. El Espanyol llevaba 25 años sin ganar en el feudo blaugrana y no lo conseguiría hasta dos años después con dos goles de De la Peña. Pero aquel empate, aquella tarde en la que Raúl Tamudo pisó el césped del vecino hasta dejarlo como un cenagal, aquel gol que dejaba al Barcelona sin opciones de ganar la Liga, tenía sabor de victoria.

Tres años y medio después, cuando ya defendía la camiseta de la Real Sociedad, Tamudo recordaba que los pulsos entre pericos y culés tenían siempre un ingrediente extra: “Por mucha superioridad que hubiese de unos jugadores sobre el papel, a la hora de la verdad, entre el Espanyol y el Barcelona no había tanta diferencia. Son partidos muy especiales durante la semana y también durante el propio encuentro, porque la ciudad se paraliza para verlo”. Empujado a recordar el ‘Tamudazo’, el catalán se rebela contra los que sólo son capaces de ver el daño que hizo a su rival: “Yo no le he quitado la Liga a nadie. Yo hice mi trabajo y supongo que el trabajo de ellos no fue el suficiente para ganar la Liga”. En cualquier caso, para la historia quedó su gol en el minuto noventa. El día que en Barcelona sólo se presumía de las flores con pétalos blanquiazules.

Dibujo: David Gallart / @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra / @AnerGondra

Redacción Kaiser

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2 Comments en El gol de Tamudo que silenció el Camp Nou

  1. Me falta Oleguer rompiendo el fuera de juego, pero extraordinario de cualquier manera

  2. Puro Real Madrid // diciembre 6, 2014 en 11:27 am // Responder

    Enorme el tamudazo! Como me reí

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